Falacias engaños
Trucos de la mente

Sesgo ideológico, su significado y tres críticas que muestran las fallas de una idea de Marx que es una buena, pero imperfecta, contribución. Demasiada simpleza en una idea que sirve para descalificar al opositor sin examen alguno.

Introducción

Es una idea de Schumpeter. En unas pocas páginas ofrece una introducción al tema del sesgo ideológico, su significado y críticas básicas.

El tema es importante por la costumbre arraigada de quienes usan el concepto de ideología como una herramienta que sirve para hacer desaparecer a sus oponentes intelectuales.

La idea fue encontrada en la obra de Schumpeter, Joseph A. History of Economic Analysis: With a New Introduction. Oxford University Press, USA, 1996. Pp. 35-37.

Ideología y el sesgo ideológico

Schumpeter, en la sección denominada «La Exposición Marxista del Sesgo Ideológico», inicia el tema apuntando que medio siglo antes de que que se diera pleno reconocimiento al fenómeno de la ideología, Marx y Engels lo descubrieron y usaron en su crítica de la economía «burguesa» de su época.

Este reconocimiento es expreso y meritorio.

La idea de Marx propone que las ideas humanas o los sistemas de ideas no son las principales causas de los sucesos históricos, sino que ellos forman una supestructura sobre aspectos más fundamentales.

Más aún, esos sistemas de ideas que contienen proposiciones sobre la realidad y las inferencias sobre ella, están contaminadas por las mismas razones que vician a las teorías de la persona sobre su propia conducta individual.

En otras palabras, existe un alejamiento de la verdad con respecto a lo que la gente piensa. La gente tiende a glorificar sus intereses y sus actos, especialmente los de la clase a la que pertenece. Este es el significado del sesgo ideológico según el marxismo.

Un ejemplo

El autor usa el ejemplo de los caballeros de la Edad, que se veían a si mismos como protectores de los débiles y de la religión, una visión que no corresponde con la que tendría quien observa esos sucesos en otros tiempos y posición.

Estos sistemas de ideas es lo que Marx llamó ideologías, sosteniendo que gran parte de la Economía de su tiempo estaba seriamente alterada por la ideología burguesa de las clases industriales y comerciales.

Buena contribución, pero…

Schumpeter califica a esta, como una gran contribución a nuestra visión de los procesos de la historia y de la ciencia social.

Pero la idea de la ideología es refinada por Schumpeter. La visión que de la realidad se tiene está alterada por la ideología, pero no destruida.

Puede aceptarse que se tiene esa visión alterada de la realidad, pero ello no significa que deje de confiarse totalmente en las ideas que tenemos. No puede decirse que algo es falso simplemente porque se dice que tiene vicios ideológicos.

Sesgo ideológico, sus errores

El autor señala tres fallas en esta idea de Marx.

1. El sesgo aplica a todos, sin excepción

Primero, Marx era muy entusiasta con los sesgos ideológicos de los sistemas de ideas con los que no concordaba y así negaba. Pero estaba ciego con respecto a los sesgos de sus propias ideas.

Sin embargo, el principio de interpretación que radica en el concepto de ideología es general, aplicable a todos.

No permite a nadie decir que solo él posee la verdad y que todo lo demás está afectado por la ideología. En este caso, las tesis marxistas, por lógica, no pueden estar exentas de ese principio general de afectación.

Si la afectación ideológica es cierta, nadie está exenta de ella. No puede haber excepciones. Acusar a otros de estar ideológicamente afectados implica por necesidad lógica que uno también lo está.

2. El sesgo es demasiado simple

Segundo, hay una reducción demasiado simple. El pensamiento marxista abrevia a las ideologías o sistemas de ideas a un solo aspecto: los intereses de clase. Y, más aún, los intereses de clase están reducidos a aspectos económicos solamente.

Es una doble reducción de la afectación ideológica, primero a intereses de clase, y luego a dimensiones económicas nada más.

Esta reducción no es parte de la idea general del sesgo ideológico, sino una teoría mucho muy dudosa.

Para Marx, la ideología del la sociedad capitalista es al final de cuentas una aclamación de la clase capitalista y su obsesión con el beneficio monetario.

Las ideologías que glorifiquen otras cosas, como el patriotismo, o los sentimientos religiosos, o la curiosidad intelectual, deben ser reducidas a los intereses económicos.

En realidad, la idea del sesgo ideológico, dice el autor, sostiene solo dos cosas.

Una, las ideologías son superestructuras construidas encima y por las realidades que están bajo ellas. Dos, esas ideologías ven a la realidad de manera sesgada.

Es otro asunto totalmente el creer que esas realidades pueden ser entendidas en términos económicos de clase y nada más.

Sin duda, el lugar social que ocupamos es un factor que tiene poder en la formación de nuestras opiniones, pero no es lógico concluir que nuestras mentes están alteradas sola y exclusivamente por una única variable, los elementos económicos de la posición en la que estamos.

Y tampoco en caso de que eso fuese posible, que nuestras mentes están únicamente afectadas por una muy bien definida clase social o grupo de interés.

3. El sesgo descalifica sin razón

Tercero, la idea de un sesgo ideológico ha causado equivocadamente, que con demasiada prisa se haga de lado a todo lo que se piensa que tiene ese sesgo, una práctica muy seguida por Marx y sobre todo sus seguidores.

Es una manera de invalidar las posiciones contrarias sin necesidad de examinarlas. Es como se se usara a la ideología como un arma de ataque a terceros y no como algo que indica la posibilidad de que se distorsione el entendimiento de la realidad en todos.

Es una gran tentación terminar de un plumazo con las propuestas con las que no se está de acuerdo, mediante el simple mecanismo de llamarlas ideologías. Es una táctica efectiva, tanto como el atacar a los motivos del rival. Pero nada de esto puede ser admitido. No es lógico.

Las razones por las que una persona dice algo no son prueba de que lo que dice es falso, o cierto. Puede sospecharse de lo que tiene una influencia ideológica, pero ello puede ser cierto.

Decir que algo posee un sesgo ideológico, necesitará tener una manera de probarlo, una forma de aislarlo y eliminarlo, para tener afirmaciones sin ese vicio, examinando lo que de ellas quede.

La «excepción» del privilegiado

Pero quienes argumentan el sesgo ideológico de los demás, tienen otra herramienta de defensa, como una escalera de incendio por la que quieren escapar a esas críticas.

Esta herramienta sostiene que el sesgo ideológico es la situación normal y estándar de la mayoría del género humano, pero que existen mentes aisladas, que desprendidas del mundo común disfrutan del privilegio de ser una excepción a la regla del sesgo ideológico.

Lo que dice esta defensa es que todos son afectados por la distorsión ideológica con excepción del moderno radical intelectual, dice el autor, que es el juez perfecto de todo lo humano, el que está parado sobre la roca de la verdad. Lo que al respecto puede decirse es que ese intelectual está convencido de su propia serie de prejuicios.

La herramienta basada en el intelectual que es la excepción es inadmisible si se acepta que el sesgo ideológico es omnipresente.

En resumen

Lo que Schumpeter ha hecho es de extrema utilidad. Ha mostrado refinamiento al examinar el sesgo ideológico según fue propuesto por Marx y apuntar los defectos de su popularidad simplificada.

Para muchos seguidores de Marx suele ser el argumento último y más efectivo de todos: acusar a alguien de estar contaminado de la ideología de su clase y no entender la realidad, es una forma estándar de su defensa.

Para los enemigos emocionales del marxismo, el simple mencionar las cuestiones ideológicas les causa inquietudes febriles.

Si es reconocida la falibilidad humana no queda otra opción que reconocer que padecemos de visiones distorsionadas y que ellas afectan a nuestras mentes.

¿Es una distorsión que nos impide conocer la verdad o acercarnos a ella? Claro que no, el hecho de admitir que existe es parte de la verdad.

Más sobre la definición del sesgo ideológico y sus consecuencias

Sesgo ideológico como argumento

Por Eduardo García Gaspar 

Fue interesante. Ya escuchado, pero interesante. Un caso más del uso de esa palabra mágica. Ideología.

La persona fue contundente. «Las creencias personales, sus valores y principios son ideológicos, obedecen a sus intereses de clase».

Con ello pretendió resolver una discusión acerca del socialismo y la imposibilidad de planear a la economía centralmente. Puso término a una conversación que prometía. Un caso curioso realmente, por una razón poco atendida.

La afirmación argumentativa

La persona aseguró que las creencias son producto de la ideología y la ideología es creada por los intereses de clase. El clásico sesgo ideológico argumentado por Marx.

Bien, pero si eso es cierto, entonces también las creencias de esa persona son ideología, ninguna otra cosa que los intereses de la clase a la que pertenece (cualquiera que ella sea).

Es frecuente escuchar ese tipo de afirmación. La escucha usted de manera abierta en universidades y escuelas, en columnas de opinión, incluso en conversaciones. Por falsa y equivocada que pueda estar la idea, su repetición la ha hecho aceptada.

Sesgo ideológico, el origen

Vayamos más al origen de la idea. Creo que todo comenzó con C. Marx y la distinción entre ciencia e ideología. La ciencia es lo real y verdadero, por eso su socialismo era científico, decía él. El resto es ideológico, es decir, falso, vacío, producido por los intereses de clase.

De allí que, según él, haya ideología burguesa. Creencias, valores, moral, que la forman y defienden por una razón: eso conviene a los burgueses capitalistas.

En otras palabras, según Marx, las cosas que usted cree, esas de las que está usted convencido, no son nada más que ideología destinada a defender los intereses de la clase a la que usted pertenece.

¿Por qué? Realmente no hay justificación. Simplemente esa idea cuadra muy bien con el resto de la teoría marxista y le permite calificarse a sí misma como científica.

La actualidad

Regresemos a nuestros días. Muchas de las ideas de Marx ya ni siquiera se consideran y han pasado a mejor vida.

Pero algunas de ellas han sido heredadas y adaptadas a las condiciones de hoy. La persona de la que hablé al principio es un caso.

Para las situaciones actuales, el argumento de la ideología funciona de manera muy flexible.

El sesgo ideológico y su argumentación

Digamos que usted escucha una opinión contraria a la suya y contra la que se vería obligado a presentar argumentos y razonamientos.

Para evitarse el trabajo de pensar, usted le responde a la otra: «Lo que dices está afectado por tu ideología de clase» y ya, usted ganó la discusión.

Así de simple, con la ventaja de que usted puede ganar la discusión que sea, por complicado que sea el punto. Podría incluso contradecir a las leyes físicas por ser ideológicas.

Una variante de este argumento de la ideología es el afirmar que la persona dice lo que dice porque eso conviene a sus intereses personales. Ya no son intereses de clase, sino individuales.

No hace mucho que escuché esta modalidad cuando una persona criticó a un banquero por sus declaraciones en el periódico. Dijo que lo que el banquero declaró se debía a que eso beneficiaba a su banco. Podría ser, pero también podría no ser.

La ventaja del uso de este argumento de la ideología es ya claro: vuelve a la persona una experta en cualquier tema dándole la solución eterna, la ideología y los intereses personales.

Podemos imaginar a Marx discutiendo con Sócrates y diciéndole que sus opiniones son ideológicas y que obedecen a sus intereses de clase.

Con eso se acabaría toda posibilidad de discutir y Marx habría ganado (me imagino que si eso llegara a suceder, Sócrates comenzaría a hacer preguntas y terminaría haciendo pedazos la idea de Marx).

Más consecuencias

La idea de la ideología y el sesgo ideológico como causa de creencias no termina su daño allí.

Posee otro riesgo aún mayor: hace suponer que cambiando a la sociedad, a sus estructuras e instituciones, las creencias personales cambiarían también como consecuencia. Un proceso fascinante.

Fascinante porque en realidad el proceso es al revés. Son las creencias y los valores y las ideas las que tienen consecuencias en las instituciones de la sociedad.

Usted no hizo primero a la democracia y luego la gente comenzó a valorar a la libertad. Fue que primero las personas tuvieron ideas de libertad y luego cambiaron a las instituciones, como con la Magna Carta.

De esta manera de pensar salieron propuestas como las del nazismo y del comunismo, más las actuales que piden reformas sociales con la idea de cambiar así la manera de pensar de la gente.

Un caso muy real de este padecimiento es la creencia en el socialismo altruista.

Hay gente convencida de que si se implanta el socialismo, las personas cambiarán como consecuencia inevitable y se volverán altruistas y compasivas. Usted ha escuchado esto y quizá no le haya hecho mucho caso.

En fin, todo lo que he querido hacer es desnudar el argumento de la ideología como una de las muchas falacias que empeoran nuestra vida.

Post Scriptum

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[La columna fue actualizada en 2019-10]