razonamiento

La doctrina del justo medio, o el error de pensar en pares extremos. La frecuente equivocación en Filosofía de pensar en dúos y no en tríadas cuando se examinan acciones humanas. Más el caso de la tolerancia y este mismo error.

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Introducción

Una persona se encuentra en la miseria y necesita ayuda. Otra persona, con recursos razonables, decide ayudarle. ¿Seleccionará entre avaricia y generosidad?

Si entiende así su decisión, cometerá un error de decisión de Filosofía. Las decisiones morales suelen venir no como la selección entre extremos, sino más bien como la selección de opciones entre extremos indeseables.


Es la doctrina del justo medio, y una explicación de ella fue encontrada en Budziszewski, J., Written on the Heart: The Case for Natural Law. InterVarsity Press, pp. 28-30.


Un punto de partida

El tema es el de la doctrina del justo medio, de la sana posición media, la propuesta por Aristóteles. Budziszewski comienza a explicarla con un ejemplo extremo, el de la función de las pestañas.

Están ellas destinadas a impedir la entrada del sudor en los ojos, lo que es bueno, pero no determina un punto. ¿Qué tantas pestañas se necesitan?

Tener ninguna es malo, pero tener demasiadas también. Podría ser que ellas fuesen obstáculos a la vista. Pocas y muchas pestañas son extremos negativos.

Un ejemplo infantil, pero que ilustra algo en lo que muchos no piensan. Cometen un error, el de pensar en pares extremos. Creer que las virtudes y los vicios vienen de dos en dos, con un extremo malo y el otro bueno.

Los dos extremos

Por ejemplo, sigue el autor, suele pensarse en pares como los siguientes:

  • Cobardía ↔ Valor
  • Avaricia ↔ Generosidad

La creencia es común: si se considera negativa a la avaricia se da por supuesto que su opuesto es deseable y se alaba a la generosidad. Juzgando negativa a la cobardía se concluye que es positivo su opuesto, el valor.

Y así se alaba a quienes son extremos en su generosidad o en su valor.

Por lo tanto…

Puede pensarse en la persona cascarrabias y gruñona y hacer creer que el extremo opuesto es el deseable, el de la persona amable y amistosa, que a todos cae bien.

O el caso de quien es aislado, aburrido y poco social, para acordar que el otro extremo es el mejor, el de quien habla con todos y nunca está solo.

Head of Aristotle. Vienna, Museum of Art History, Collection of Classical Antiquities.“Head of Aristotle. Vienna, Museum of Art History, Collection of Classical Antiquities.” by Sergey Sosnovskiy is licensed under CC BY-SA 2.0

El error de los extremos, la doctrina del justo medio

Entender a las virtudes como pares con un extremo malo y el otro bueno es un error. No es tan simple como eso

Pero no son pares. No vienen de dos en dos. Vienen en triadas con un punto medio encomiable y dos extremos indeseables.

Ya no es un asunto de dos extremos entre los que debe elegirse, lo que es un error. Ya es algo más complejo, que requiere razonar. El autor señala, por ejemplo:

Cobardía ← Valor → Temeridad
Avaricia ← Generosidad → Prodigalidad

Los extremos de la triada son por lo general indeseables, extremos con excesos negativos. Sin duda la cobardía es reprobable, pero también lo es la temeridad que es un exceso en el valor, algo imprudente.

Igualmente sería reprobable la codicia que el regalar las propiedades personales sin medir las consecuencias, un exceso de generosidad.

Entre el cascarrabias y el empalagoso, existe un término medio deseable. Entre el bufón y el patán existen un medio deseable.

La gran idea de Aristóteles, explicada por el autor, es apuntar primero el error de pensar en pares extremos entre los que debe seleccionarse uno. La decisión no es así de simple.

La segunda parte de la idea es apuntar que suelen existir dos extremos, ambos reprobables, y que entre ellos dos hay una posición virtuosa que debe determinar la persona. La doctrina del justo medio.

El curioso caso de la tolerancia

Lo anterior puede pensarse como obvio, dice Budziszewski, pero es muchas veces ignorado.

Un ejemplo del mismo error de pensar en pares es un caso actual: la cruzada de nuestros días en favor de lo políticamente correcto y que reclama que la gente sea tolerante.

No es una virtud que haya sido discutida por Aristóteles, pero a la que puede aplicarse la Doctrina del Medio.

La tolerancia como virtud es nueva en la discusión política. De la manera en la que ella se discute, dice el autor, se tiene la impresión de que el logro de la tolerancia es igual a deshacerse del vicio de la mente estrecha represiva.

El diagrama planteado es dual, igual al de creer que si un extremo es indeseable, el otro extremo es el bueno. De nuevo, el error de pensar en extremos, uno bueno y otro malo.

Tolerancia ↔ Intolerancia

Es la misma equivocación de los pares examinado antes y se corrige entendiendo el tema como una triada:

Estrechez mental ← Tolerancia → Indulgencia Irracional

Los dos extremos son indeseables. La estrechez mental represiva resulta tan reprobable como su opuesto, una indulgencia que lo acepta todo sin pensar.

La virtud está en algún lugar medio entre posiciones extremas que son negativas.

El tema, puede verse, ha sido refinado por Budziszewski al explicar esta doctrina. Quienes plantean que al no ser tolerante por definición se es intolerante cometen el error de olvidar el punto medio virtuoso y deseable.

Doctrina del justo medio

La solución está en la aplicación de esa Doctrina del Justo Medio, es decir, evitar el error de pensar en los dos extremos único. Sin embargo, usarla correctamente no es fácil.

Muchos principiantes cometen errores. Budziszewski señala seis de ellos:

Error Uno

Creer que si la virtud moral es un medio en un aspecto también será un medio en todo. La virtud puede ser un medio en un aspecto, pero extremo en otro.

Por ejemplo, un extremo erróneo es dudar de lo verdadero y el otro es aceptar lo falso. En medio está la creencia en la verdad y solo en ella.

Pero la creencia en la verdad es extrema respecto a cómo uno cree en ella, pues no hay un exceso en el creer en demasiada verdad. Sería absurdo considerar virtuoso el creer en media verdad.

Error Dos

Creer que uno debe lograr el medio de algo pero pensando que este algo es virtud.

Aristóteles no cree que puede tenerse demasiada generosidad, por ejemplo, y que ella está en una posición intermedia entre la voluntad de dar demasiadas o muy pocas propiedades personales.

El valor está entre la cobardía y la temeridad y no es posible decir que se tiene demasiado valor.

Error Tres

Creer que el punto medio es eso, el medio exacto entre ambos extremos. Esto no es geometría y por tanto, no se trata de un exacto medio.

Se trata de un punto en medio de los dos extremos, cuya localización exacta es determinada por la sabiduría práctica y puede variar de acuerdo con quien actúa y las circunstancias en las que se encuentra.

Este error y su corrección muestra que las decisiones libres no son simples. Si la decisión es planteada por la selección de uno entre dos extremos, la decisión se vuelve caso automática.

Entre avaricia y generosidad se selecciona a la generosidad y asunto resuelto. Pero no es así de simple: debe optarse por alguna posición media entre avaricia y prodigalidad en un caso concreto y específico. Se necesita usar la razón.

Error Cuatro

Suponer que el medio varía de acuerdo con la persona que actúa y sus circunstancias, haciendo de esto un asunto relativista en la que no hay reglas universales.

No, la posición del relativista es decir que no hay normas objetivas que puedan servir de guía para encontrar ese punto medio. No se es relativista por el simple hecho de decir que se necesita información para aplicar un principio racional a un caso concreto.

De nuevo, se plantea el uso de la razón. El ser humano debe pensar en cada caso que vive y decidir entre esos dos extremos indeseables.

Error Cinco

Afirmar que la doctrina del punto medio es un razonamiento circular. Se argumentaría que la virtud está determinada por el medio y que el medio es determinado por lo que haría la sabiduría práctica, pero ya que la sabiduría práctica es una virtud, se regresa al punto inicial.

La definición de razón práctica no es la de una virtud moral, sino intelectual, lo que no significa que encontrar el punto medio sea un razonamiento circular.

Error Seis

Criticar a la doctrina del justo medio como demasiado vaga para ser de utilidad.

Es claro que tiene un uso práctico, el de corregir el error de los dos extremos para recordar que en realidad se trata de triadas con dos extremos indeseables y un medio que requiere de buen juicio para ser encontrado.

En resumen

No es una idea vaga y por eso inútil. Lejos de eso, el corregir la idea de la simple selección entre dos extremos tiene consecuencias prácticas importantes y el plantear la determinación de un justo medio adecuado a las circunstancias necesita de la razón.

Por lo pronto, en lo más simple, la idea del punto medio entre dos opciones evita, por ejemplo, la equivocación clásico y común de quien acusa de intolerante a quien intenta ver críticamente a la tolerancia.


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Y solo unas pocas cosas más…

Debe verse:

Falacia de la disyuntiva falsa

Otras ideas:



[Actualización última: 2020-09]

J. Budziszewski explica la Ley Natural

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Notas extras sobre la doctrina del justo medio: el error de los extremos: el caso de la educación «tolerante»

Por Eduardo García Gaspar 

Uno de los más grandes peligros de la educación que se da en escuelas públicas y privadas es la propagación de ideas políticamente correctas en ese momento.

Una instancia muy clara de esto es la exaltación de la idea de tolerancia. No es que esa noción sea mala, sino que se enseña incorrectamente, cometiendo el error de pensar en extremos.

O mejor dicho, se enseña de una manera políticamente correcta: sin analizarla en su significado y consecuencias, para colocarla como un dogma que debe ser creído al pie de la letra.

Se enseña dentro de una falacia, la de la disyuntiva falsa. Si usted no es tolerante, usted es un intolerante. Y no hay punto medio, ni posibilidad de razonar. Esto es ignorar la doctrina del justo medio.

Tolerancia religiosa

Tome usted, por ejemplo, una aplicación de la tolerancia. La de que las personas religiosas son por definición intolerantes. No exagero.

En varias columnas de opinión se supone esa idea. Si cualquiera se atreve a opinar en contra de, por ejemplo, el aborto, en automático se le acusa de religioso intolerante.

El tema merece un examen más pausado y frío.

Creo que antes que nada deben ponerse sobre la mesa las premisas que se usan para opinar que lo mejor que puede suceder es quitarnos de encima las creencias religiosas como condición para ser realmente tolerantes.

Concluir eso parte de varias premisas falsas que a todos conviene examinar.

Primera premisa: la tolerancia lo resuelve todo

Ella es lo mejor que nos puede pasar. No necesariamente.

La tolerancia, por definición, implica la existencia de cosas con las que no estamos de acuerdo y frente a las que no hacemos nada para evitarlas.

Es decir, implica un juicio de actuar o no y por eso, de pensar en las consecuencias de nuestras acciones.

En un extremo de tolerancia, usted tendría que haber permanecido pasivo frente a las matanzas en el régimen nazi. Obviamente no es igual la pasividad frente a ese genocidio que frente a la existencia de un templo de otra religión en su barrio.

En un caso conviene la acción en contra de lo que se piensa indebido, pero en el otro no. Esta premisa ignora el justo medio al poner atención en los dos extremos.

Segunda premisa: toda religión es intolerante

No necesariamente. No todas las religiones quieren imponerse sobre el resto por la fuerza. Muchas de ellas, sin embargo, realizan labores de convencimiento, que son en general llamadas misiones de evangelización.

Tratar de convencer a otros no puede ser intolerancia, es una acción humana continua y que realiza también el que trata de persuadirnos sobre las bondades de la tolerancia.

La dualidad única que solo considera a la tolerancia-intolerancia es falsa. Existen justos medios entre ellas dos.

Tercera premisa: todo precepto religioso es intolerante

No necesariamente. Muchos preceptos religiosos son aplicados sin siquiera cuestionarlos. Por ejemplo, en los Diez Mandamientos se prohibe asesinar a otro ser humano.

No creo que nadie piense que esto es una imposición religiosa del Cristianismo, ni que sea un síntoma de intolerancia.

Si alguien cree que todo principio religioso es una imposición intolerante, se enfrentaría al problema de tener que aceptar el robo como algo legal ya que el robo está prohibido en los Diez Mandamientos. Sería un absurdo.

Cuarta premisa: todas las cosas son iguales

Todas las cosas valen lo mismo y que merecen el mismo respeto. No necesariamente. La tolerancia argumenta que ella es superior a la intolerancia, es decir, niega lo que ella predica.

Sí hay cosas que son mejores que otras. Si se tolera la pornografía porque no hacerlo alteraría la libertad de expresión, eso no significa que la pornografía valga lo mismo que El Quijote, ni que un libro de Aristóteles.

Es decir, la tolerancia tiene un disfraz de neutralidad y objetividad, pero no lo es. Ella hace juicios de valor que le convienen, pero pide a otros que suspendan los juicios que no le convienen.

Peor aún, obstaculiza el uso de la razón para diferenciar entre lo que en verdad no debe ser tolerado y lo que sí. Rechaza la existencia de la doctrina del punto medio que niega la dualidad de los extremos

En resumen

Mi punto al examinar estas consideraciones es mostrar la debilidad de un concepto que merece mejor tratamiento. La tolerancia sí puede ser examinada, criticada y afinada para convertirla en algo bueno.

No en un concepto impuesto bajo la creencia de que es incuestionable y debe ser aceptado por todos sin limitaciones ni condiciones. Dios no dio el poder de la razón. No usarlo es contrario a nuestra naturaleza.

Más una aclaración necesaria

Creo que merece anotarse una idea adicional que sirve para tener una mucho mejor definición de tolerancia. La tolerancia tiene dos elementos pocas veces reconocidos:

  • Enfrentar una situación con la que no se está de acuerdo y que contradice creencias propias.
  • Soportar esa situación sin tomar acción contra ella, es decir, dejar que exista.

La clave de la tolerancia bien entendida es, por tanto, una decisión de actuar o no actuar en contra de esa situación a la que se considera opuesta a creencias.

Tolerar, en otras palabras, no es permanecer pasivo, sino tomar una decisión de acción o no acción. Y el criterio seguido para tomar esa decisión es uno de prudencia, que es el elemento perdido por causa de la corrección política.