Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
M. Rowe y el Trabajo Manual
Selección de ContraPeso.info
20 septiembre 2012
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en: , ,


ContraPeso.info presenta una idea de Jordan Ballor. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

La idea central del escrito es exaltar el trabajo humano en todas sus formas, especialmente el trabajo manual que, en nuestros tiempos, suele desdeñarse ante la educación superior.

Clint Eastwood fue noticia con su ya famosa actuación junto a una silla vacía en la Convención Nacional Republicana en Tampa a principios de este mes, y Scarlett Johansson pronunció un apasionado llamamiento a los procedimientos Demócratas en Charlotte.

Pero fue una celebridad de la televisión la que hizo la contribución más sustancial de la industria del entretenimiento a esta temporada electoral.

Mike Rowe, el conductor de “Dirty Jobs” y narrador de “The Deadliest Catch” del Discovery Channel, escribió una carta abierta a la campaña de Romney destacando lo que él llama un cambio generacional “en la forma en que los estadounidenses ven el trabajo duro y la mano de obra calificada”.

Su trabajo en “Dirty Jobs”, donde él es un “aprendiz perpetuo”, ha permitido a Rowe ver nuestras actitudes nacionales hacia el trabajo en el lugar mismo del trabajo. Dice,

“Criadores de cerdos, electricistas, fontaneros, pintores, fabricantes de mermelada, herreros, fabricantes de cerveza, mineros, carpinteros, pescadores de cangrejos, perforadores de petróleo … Todos me dicen lo mismo una y otra vez, una y otra vez.

“Nuestro país se ha desconectado emocionalmente de una parte esencial de nuestra fuerza laboral. Ya no nos impresiona la electricidad barata, las carreteras pavimentadas, ni el agua corriente. Damos por sentada nuestra infraestructura y a la gente que la construye”.

En una carta similar, dirigida al presidente Obama en 2008, Rowe escribió que,

“las filas de soldadores, carpinteros, fontaneros y plomeros han estado disminuyendo desde hace años, y ahora, nos enfrentamos a la realidad extraña del aumento del desempleo y la escasez de trabajadores calificados”.

Esta es la llamada “brecha de habilidades”, donde los empleos que requieren ciertas habilidades o conocimientos técnicos permanecen sin cubrirse, incluso frente a un gran número de trabajadores de otra manera disponibles. El informe de empleo publicado el pasado viernes [7 septiembre] es sólo el último de una larga línea de los indicadores que anuncian que la recuperación de la Gran Recesión es ambigua en el mejor de los casos.

La Oficina de Estadísticas Laborales, en EEUU, encontró que el ligero descenso en la tasa de desempleo de la nación (del 8.3 al 8.1%) se debió en gran parte a la cantidad de personas que simplemente han dejado de buscar trabajo en medio de perspectivas sombrías.

Estos eran en gran parte, como Chris Isidore reportó en los informes de CNNMoney, jóvenes entre 16 y 24 años. Más de 400,000 jóvenes dejaron de buscar trabajo, lo que significa que “el porcentaje de jóvenes que se cuentan en la fuerza laboral cayó a su nivel más bajo desde 1955″.

Estas cifras apuntan a la crisis más grande que enfrentamos en EEUU, una actitud cultural hacia el trabajo que en otra parte Rowe ha llamado “disfuncional”.

Este cambio se refleja en las actitudes hacia el trabajo de los más jóvenes, a menudo generadas por un sistema educativo que promueve una visión singular de la educación superior a expensas de la formación profesional y técnica.

“Siempre he pensado que [había] algo nefasto en la promesa de tres millones de trabajos ‘con la pala lista’ hecha a una sociedad que ya no anima a la gente a tomar una pala”, dice Rowe.

Hay número de causas de este complejo fenómeno, pero por lo menos parte del problema del trabajo tiene que ver con lo que creemos que el trabajo es en realidad.

Si todo el trabajo termina siendo un sueldo, un mal necesario, una monotonía que sólo vale la pena en la medida en que nos permite encontrar significado en otros lugares, entonces es fácil ver por qué sufren nuestras actitudes hacia la labor manual y el trabajo duro.

Lo que tenemos que recuperar, y las advertencias Mike Rowe dan fe de esto, es una visión del trabajo que se celebra no sólo como un mal necesario, sino un bien indispensable. El trabajo es, de hecho, la forma básica de la mayordomía que Dios ha dado a los seres humanos para servir a los demás y cultivar el orden creado.

No es esta una tarea fácil que pueda ser marcada en una lista y darla por realizada, sino que es una responsabilidad muy significativa impuesta sobre todos y cada uno de los seres humanos.

Como observan Gerard Berghoef y DeKoster Lester,

“Las formas de trabajo son innumerables, pero la más típica es el trabajo manual. La Biblia hace referencia al que siembra, a la fabricación de tiendas de campaña y de objetos de barro, al labrar los campos y al cuidado de la viña. El trabajo manual hace visible el plan en la mente, al igual que los hechos hacen visible el amor en el corazón”.

Y, en efecto, la imagen del trabajo que tenemos aquí no es sólo una simple dicotomía entre el trabajo manual que debe ser desdeñado y el trabajo mental que debe ser celebrado.

Todo trabajo tiene una dimensión espiritual, porque el hombre que trabaja en cualquier capacidad lo hace como un portador de la imagen de Dios.

“Mientras que la mente griega clásica tendía a despreciar el trabajo manual”, escriben Berghoef y DeKoster, “la Biblia sugiere que hay algo en él que da estructura al alma.”

Si derogamos el trabajo manual y el calificado, de esta manera, separamos lo que Dios ha puesto junto y creamos una cultura que desprecia el trabajo duro y a menudo sucio de cultivar al mundo en servicio de los demás.

El reto al que se enfrenta la iglesia y la sociedad más ampliamente entonces, es el apreciar la significación espiritual de todos los tipos de trabajos, para festejarlos, y exhortarnos a perseverar en nuestras labores en medio de las dificultades inevitables que afectan el trabajo en este mundo imperfecto.

La Biblia nos dice que cosechamos lo que sembramos, tanto individual como colectivamente. Si sembramos una cultura que desprecia el trabajo, entonces vamos a cosechar una sociedad disfuncional que enfrenta a clase contra clase, al trabajo contra la administración, a ricos contra pobres, a fuertes contra débiles.

Pero si sembramos una cultura que celebra todo tipo de trabajos como intrínsecamente valiosos, como formas válidas y dignas de alabanza de servir a los demás y así servir a Dios, cosecharemos una sociedad que promueve el florecimiento en su sentido más profundo y más significativo.

Nota del Editor

Hay más columnas del autor en ContraPeso.info: Jordan Ballor.

Siempre he tenido problemas con la palabra “mayordomía”, quizá por su escaso uso y potencial confusión de significado. Es claro que es la responsabilidad de un mayordomo, ese que tiene a su cargo la responsabilidad de administrar bienes ajenos y la obligación de rendir cuentas al dueño. Es, por tanto, una administración  con amplio grado de delegación de poder.

En algunas traducciones de “stewardship” sustituyen “mayordomía” con simplemente “administración”, con la ventaja de ser más comprensible pero menos rico. En un contexto cristiano, la idea es muy clara: Dios ha colocado en nuestras manos su Creación y nos ha hecho responsables de su manejo, de lo que presentaremos cuentas en el futuro.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras