Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desatendiendo lo Poco Probable
Leonardo Girondella Mora
22 agosto 2013
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Los casos de desastres realmente mayores son un campo descuidado por todos o casi todos —los escenarios de terremotos, tsunamis, huracanes, fuera de lo esperado son posibilidades ciertas que suelen no recibir atención.

Voy al extremo de un huracán gigantesco que devaste varias islas en el Caribe, o de un tsumani provocado por la caída de un meteorito —situaciones posibles, pero de atención reducida.

En lo que sigue exploro la naturaleza de esa falta de atención —tomando ideas del libro de Becker, G. S., & Posner, R. A., Uncommon Sense: Economic Insights, from Marriage to Terrorism (2009, University Of Chicago Press) y a los que añado comentarios personales.

• Las probabilidades de ocurrencia de eventos catastróficos mayores es pequeña —no es inexistente, pero sí es reducida cuando se habla de posibilidades como la de un huracán de categoría máxima.

Son casos como el del ciclón Bhola en 1970, causando un estimado de 300,000 muertos en la India y lo que ahora es Bangladesh —un huracán de categoría 3. O el huracán Kenna de categoría 5, que dañó el oeste de México.

O terremotos, como el de Chile en 1960, de 9.5 de magnitud —no son frecuentes, ha habido sólo cinco superiores a 9.0 desde 1900.

• Esta probabilidad baja causa la escasa atención que reciben los sucesos catastróficos por parte de quienes tienen la mayor responsabilidad de atenderlos —el gobernante calcula que durante su periodo de gobierno es casi seguro que nada de esa magnitud suceda y no atiende su posibilidad.

Es un simple cálculo racional el que hace el gobernante: atender esa posibilidad pequeña desvía recursos que pueden usarse en otras cuestiones de mayor urgencia e importancia —y es cierto hasta cierto punto, pero aún así se desatiende la posibilidad.

Más inclusive, el gobernante puede razonar que su país no puede atender el suceso catastrófico y que si acaso sucede, contará con ayuda internacional —por consiguiente, la posibilidad es descartada totalmente de su lista de planes de gobierno.

• Adicionalmente, los gobiernos y su compleja estructura burocrática tienen dificultades para desarrollar, primero, el plan de acción en caso de desastre —segundo, dificultades también para realizarlo en el momento en el que llega a suceder.

Sin embargo, no se considera otra organización que pueda realizar esas labores —sólo el gobierno tiene capacidades de tamaños suficientes y el poder para atender esos sucesos. No es real esperar de los gobiernos una atención libre de defectos, pero al parecer no hay otro remedio mejor.

La cosa se complica, en este sentido gubernamental, porque un un escenario realmente catastrófico puede muy probablemente abarcar a dos países o más, cuyos gobierno tendrán que coordinarse entre sí para atender la situación.

• No sé si existen o no cálculos al respecto, pero es posible que los costos de preparativos para atender la posibilidad de un evento catastrófico mayor sean más elevados que el costo real de la catástrofe —lo que haría aconsejable tomar medidas que se dirijan a aminorar los daños posibles.

Por ejemplo, el no permitir construcciones en zonas de alto riesgo, como tierras bajas o muy cercanas a ríos —incluso la exigencia de estándares altos en la construcción, para soportar terremotos. También, los servicios de aviso anticipado serán de ayuda.

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Mi punto, al tratar este tema, es destacar que en la misma naturaleza de los eventos catastróficos severos está la desatención que ellos reciben —son tan poco probables que dejan de considerarse inevitables, cuando en realidad sí lo son. No hay incentivos para anticiparlos.

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