Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Predecir la Predicción
Eduardo García Gaspar
3 enero 2013
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Pasaron los apuros. Se desvanecieron los temores. Los miedos cayeron.

Sí, tengo la sospecha de que el mundo no se ha acabado.

A menos que estemos en una realidad virtual, seguimos vivos.

Por supuesto, las predicciones, tomadas en serio en algunas partes, fracasaron.

Resulta paradójico, por tanto, poder hacer una predicción que nunca ha fallado: las predicciones del fin del mundo no serán realidad.

Todas, hasta esta fecha, han fallado, lo que no obsta para que mantengan su encanto y glamour.

Pero, pocos han puesto atención en otra de las predicciones que surgieron.

Esencialmente es la de una nueva era cósmica. Se nos dice que se vive un momento único en nuestra galaxia, alguna especie de sincronía de astros y planetas que se colocan de tal manera que se produce un cambio en nuestro mundo.

Es algo como un suceso en el espacio sideral que nos cambiará a los humanos.

Me recuerda un poco eso de la era de acuario, cuando era joven. Por medio de la magia cósmica cambiaremos, nos abrazaremos, nos amaremos y viviremos en un nuevo ciclo de paz y armonía.

Se afectarán nuestros interiores, desecharemos lo anterior, entraremos en algo nuevo y sincronizado con algo espacial. Las energías se alinean, el amor surgirá. Y, no podía faltar, habrá tolerancia frente a la diversidad.

En esta nueva época o era, el ciclo maya que comienza, fue mal interpretado. No significaba el fin del mundo como se dijo en medios exagerados, sino el comienzo de un cambio humano que llevará a la unidad universal.

Allí, todos aprenderemos de todos y nadie asegurará tener la razón de su lado. La naturaleza nos iluminará y compartiremos todo con todos. Ya no habrá guerras, ni horrores.

Aquí es posible hacer otra predicción, ese mundo ideal tampoco llegará. Se lo aseguro. Seguiremos con los mismos males y vicios, aunque también habrá bienes y virtudes.

Progresaremos de algún modo, retrocederemos de otros. Seguiré yendo al dentista y me seguirán contagiando gripas. Los gobiernos seguirán cometiendo tonterías. Ninguna alineación astrológica cambiará esas cosas.

Se me dice que estas ansias de un nuevo ciclo pertenecen a lo que se llama New Age. Es esa mezcla de creencias cuasi religiosas que hablan de un mundo ideal sustentado en energías poco definidas y conceptos demasiado vagos.

Podemos predecir que esas predicciones seguirán en ocasiones propicias futuras, cuando haya alguna otra situación cósmica especial.

Tienen sus cosas un tanto ilógicas, como el decir que en ese nuevo ciclo nadie reclamará tener la razón, excepto por supuesto eso que dicen tener razón al decir que nadie la tendrá.

Pero independientemente de su vaguedad, de su falta de lógica, de su carencia de realismo, este tipo de aspiración a la mejora de la humanidad tiene su parte dignan de examinar.

Muestra sin duda una naturaleza humana que contiene una porción religiosa, la fe en algo externo y bueno, que nos ayuda a ser mejores. Tiene buenas dosis de dogmatismo y de religión, a su estilo, pero las tiene. Y esto llama la atención.

Ilustra lo difícil, si no imposible, que es erradicar las partes religiosas de nuestra naturaleza. Por mucho que se estimule al laicismo y se implante la secularización, no hay manera de borrar esa parte humana.

Surgirá en manifestaciones distintas, de mil formas diferentes, así sea la de regresar al conteo maya de los movimientos cósmicos. Siempre con aspiraciones de mejoría y esa gran nostalgia que tiene la idea de utopías en los orígenes del tiempo.

Es, en buena parte, un regreso a sentimientos de tiempos remotos, cuando sucesos visibles eran explicados con mitos, héroes y estrellas. Los tiempos de magia y explicaciones fantásticas, como las del Olimpo griego.

Nuestras mentes en la actualidad, como en tiempos remotos, siguen abiertas a explicaciones que van más allá de lo que la ciencia puede explicar. Esto es lo que me parece digno de notar y que enfurecerá a todo ateo.

La creencia en el inicio de un nuevo ciclo humano, basada en esa idea de los mayas de un ciclo largo de 5,125 años, muestra la multiplicidad de opciones religiosas que se han creado en nuestros tiempos.

Hay muchas otras, centenas de ellas. Y lo curioso es que, creo, la mayoría de las personas selecciona entre ellas, pocas seleccionan la de creer en nada.

Post Scriptum

No puedo dejar de mencionar la idea cristiana sobre la imperfección de nuestro mundo y de nuestra naturaleza. Para esta visión ningún suceso físico sideral nos cambiará. Lo único que puede hacernos mejor viene desde dentro de nosotros y es una decisión personal de seguir a Jesucristo. No hay recetas mágicas en esta visión cristiana.

Y en cuanto a las predicciones del fin del mundo, ella nos dice que efectivamente lo habrá y que nunca lo podremos predecir. Lo que nos pide es estar listos siempre.

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