Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Soberbia en Una Sala
Eduardo García Gaspar
8 abril 2013
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Sucede en las salas de espera de los médicos. También con los dentistas.

También donde sea que uno tenga que esperar algo sin nada con qué pasar el tiempo.

En los consultorios, uno puede ponerse al día de la cultura popular, leyendo revistas que jamás compraría uno.

Hay otras posibilidades, como conectarse a los oídos un iPod y dejar que el mundo se acabe a ritmo de rap.

No sólo lo anterior. Hay otra alternativa que es fascinante y rara. Pocas veces se usa en esos lugares.

Es ponerse a pensar. Es lo que se llama hacer filosofía. Pensar en la vida.

Sacar conclusiones de nuestras experiencias. Supongamos que usted y yo estamos en la sala de espera de un dentista. Será una espera larga y nada tenemos que hacer. ¿Por qué no proponer un tema y hablar de él?

La ventaja es que en esas salas se debe hablar en voz baja y eso limitará comentarios ásperos de cualquiera de las partes.

Suponga, más aún, que el tema que seleccionamos es el una pregunta, ¿cuál es la falta más grande que puede tener un ser humano? En términos cristianos, el pecado mayor posible. El mayor de todos los vicios, por debajo del cual están todos los restantes.

Me imagino que siendo usted y yo personas razonables, lo primero que hagamos sea el hacer una lista de fallas, vicios, inmoralidades, pecados, como usted les quiera llamar. Será una lista sustanciosa, larga.

Ahora viene otro paso, el de ponerlos en orden de menor a mayor. Tomará tiempo, pero será divertido. No es un asunto de estar totalmente de acuerdo en el lugar exacto de cada falla.

Podremos formar grupos de vicios menores, medios y mayores. A estas alturas ya no nos importa tanto que el dentista se haya tardado tanto tiempo. Es más, llegaremos a pensar en lo bueno que sería que se tomara otros cuarenta minutos antes de recibirnos.

Seguimos con nuestra tarea. Como ya tenemos un grupo de vicios mayores, ponemos toda nuestra atención en él. Hablamos sobre ellos buscado el mayor de todos.

Hablamos sobre ellos y volvemos a hacer grupos por jerarquía. Digamos un grupo de mayores y menores vicios entre esos que ya consideramos mayores.

Poco a poco iremos llegando a un acuerdo conjunto sobre el mayor de los pecados humanos. Haciendo esto, poco a poco, usted y yo nos daremos cuenta de una cosa que irá apareciendo cada vez más obvia.

Eso obvio es que de algunos vicios se derivan otros, que por ejemplo, el beber en exceso o comer demasiado, pueden agruparse en el vicio de la gula. O que dentro de la vanidad están cosas como el materialismo, la presunción y otros.

Cosas como estas nos muestran que hay vicios que son causa de otros, y que quizá esos vicios se deben a otros aún mayores.

Trabajando así, hay una buena posibilidad de que lleguemos a una conclusión mutua: el mayor de los vicios o pecados es la soberbia.

No necesitamos definirla. Todos sabemos lo que significa. Tenemos sinónimos que la describen: arrogancia, engreimiento, jactancia, presunción, altivez.

Es el creerse uno mismo lo mejor que existe, muy superior al resto. Pensando así es que pueden explicarse el resto de los vicios y pecados: siendo uno superior lo sabe todo y desdeña al resto, por eso lo que uno dice y hace es lo mejor por definición.

Y así es que se justifican todos los vicios y faltas. Nada de lo que hace el soberbio puede ser malo según él.

No está mal, nada mal, nuestra conclusión. Podemos buscar corroboración externa, otras personas que piensen lo mismo. La tenemos.

El Cristianismo piensa igual, el mayor de los pecados es la soberbia. Es lo que impide amar a Dios, al resto de las personas. Lo que genera egoísmo e impide caridad. En fin, nuestra conclusión tiene sentido.

Como el dentista aún tarda, cosa que le agradecemos, seguimos con el tema. Podemos ampliarlo a, por ejemplo, las consecuencias de la soberbia. Ya vimos algunas, como la falta de amor y de sentimientos hacia otros.

Pero quizá lleguemos a otra conclusión que suele pasar desapercibida.

La soberbia tiene otro efecto no muy conocido: ella atonta, ella embrutece al que la padece.

Pensando que es lo mejor y más grande, el soberbio comienza a no entender la realidad, a no verla, a creer que la puede dominar. Esto es lo que atonta al soberbio, el pensar que lo que él diga se volverá realidad, que lo que él ordene podrá hacerse. Lo siento no se puede y además…

En este momento, la enfermera nos anuncia que podemos pasar al consultorio y tener una lección en humildad cuando el dentista introduzca esos instrumentos en nuestra boca.

Post Scriptum

Hay más ideas al respecto en ContraPeso.info: Virtudes y Vicios.

Casi siempre que uso ideas del Cristianismo o del Catolicismo tengo el temor de que lectores no creyentes sentirán una especie de desdeño hacia la tesis de la columna. Como un rechazo al resto de lo que digo. Mi esperanza es que ellos tengan la tolerancia de considerar el total de la columna y no sólo ese elemento religioso.

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