Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Conducta y Religión
Leonardo Girondella Mora
15 julio 2014
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La religión es un elemento constante en las personas —aunque sean los sentimientos separador.001religiosos manifestados de mil diversas maneras.

En lo que sigue hago una exploración de la constante religiosa en la sociedad y las personas que la forman.

Inicio con una separación del efecto de la religión en la persona —concretamente apunto dos grandes consecuencias:

• La religión sirve a la persona en su vida posterior a la muerte —una idea aplicable sólo a quienes pertenecen a religiones que creen en la existencia de esa vida futura, lo que los cristianos llaman Cielo.

• La religión sirve a la persona, en esta vida, como una fuente de ideas que dan sentido a su existencia —le explican su vida y le dan principios que sirven para guiar sus actos.

Esta segunda consecuencia es la que me interesa y que puede resumirse en una propuesta simple y sencilla: las religiones tienen efecto en la conducta personal, es decir, sin religión las personas se comportarían de manera distinta.

Y esta influencia es especialmente notable dentro de regímenes de amplias libertades.

En sociedades y naciones, en las que existen muchas libertades, como las democracias liberales, las personas tienen frente a sí continuamente posibilidades de hacer gran cantidad de cosas —las religiones, sin embargo, apuntan en una dirección central: “puedes hacerlo todo, pero no debes hacer todo”.

Es la misma función de las leyes, las que señalan lo mismo: “hay acciones que puedes realizar pero que serán castigadas con penas”.

Los preceptos religiosos y las leyes coinciden en una misma filosofía, que es la existencia de actos posibles, pero indebidos, que merecen castigos.

La diferencia entre leyes y preceptos religiosos está en la amplitud de su campo —siendo el de las creencias religiosas mucho mayor que el legal. Con otra diferencia, el tipo de castigo.

Las religiones no tienen poder para castigar violaciones a sus preceptos, pero las leyes sí al usar el poder punitivo del gobierno —el castigo religioso es sólo la amenaza futura de una vida alejada de Dios.

Es decir, la persona religiosa tiene una conducta afectada por leyes y por creencias religiosas:

• La persona religiosa actuará influida por las leyes que imponen castigos a actos ilegales —un incentivo que tenderá a disminuir la cantidad de esos actos y que funciona igual con personas no religiosas.

Quizá pueda argumentarse que la persona religiosa tendrá un incentivo mayor a obedecer la ley si su religión también prohibe la misma acción —como en el caso del asesinato, castigado por la ley, pero también por su religión.

• La persona también actuará influida por sus creencias religiosas en los campos en los que la ley no aplica —por ejemplo, quizá, ayudando a personas enfermas, o dando clases en niños de escasos recursos. La ley no castiga el no realizar esas acciones, pero su religión las premia.

Esta es una consecuencia de las religiones en regímenes de amplias libertades. La persona religiosa tenderá a limitar sus acciones en concordancia con la intensidad de sus creencias religiosas —entenderá que puede hacerse todo lo que no es ilegal sin castigo gubernamental, pero su religión le recordará que a pesar de eso, no todo debe hacerse.

Mi tesis ha sido demostrar que las religiones tienen influencia en la conducta de las personas dentro de una sociedad —y que esa influencia es positiva.

La religión añade un motivo más para respetar las leyes. No pienso que sea una influencia menor y eso abre posibilidades que deben verse también.

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Lo anterior supone que las creencias religiosas coinciden al menos en lo básico con las prohibiciones legales, pero es posible que no exista tal coincidencia —más aún, que se tengan contradicciones entre las leyes y los mandatos religiosos. La posibilidad es real.

Existe en temas como el aborto y el matrimonio de personas del mismo sexo —que muchas religiones prohiben, pero que la ley autoriza.

Se presentan, entonces situaciones tensas en las que chocan creencias religiosas y leyes. Es inevitable que suceda en regímenes de libertad.

Las soluciones en cada caso variarán —solamente señalo para terminar la gran ventaja que se tiene con la independencia de pensamiento y la libertad religiosa.

Sin la libertad religiosa, la persona estaría atada a la voluntad gubernamental, sin argumentos para señalar su oposición a la ley

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