libertades culturales
Pluma: símbolo de libertad cultural EGG 2001

La conducta humana y la religión. Un asunto de influencias entre ellas. La religión ofrece creencias y normas acerca del significado de la vida y eso guía y altera las acciones personales.

.

Introducción

La religión es un elemento constante en las personas —aunque sean los sentimientos religiosos manifestados de mil diversas maneras. Y ella provee ideas, creencias, dogmas, reglas y principios que explican el significado más profundo de la vida.

Es una hipótesis razonable el suponer que esa explicación del sentido de la existencia altere a las acciones personales —directa o indirectamente a casi la totalidad de las personas.

En lo que sigue hago una exploración de la constante religiosa en la sociedad y las personas que la forman.

El efecto de la religión en la conducta

Inicio con una separación del efecto de la religión en la persona —concretamente apunto dos grandes consecuencias:

1. Vida posterior a la muerte

La religión sirve a la persona en su vida posterior a la muerte —una idea aplicable sólo a quienes pertenecen a religiones que creen en la existencia de esa vida futura, lo que los cristianos llaman Cielo.

Si es cierto lo que esas religiones suponen, la vida actual podrá hacer ganar esa vida posterior eterna y feliz.

2. Vida actual

La religión sirve a la persona, en esta vida, como una fuente de ideas que dan sentido a su existencia —le explican su vida y le dan principios que sirven para guiar sus actos.

Después de todo, la conducta de la persona en esta vida será determinante, según la religión, para la vida que tenga después.

La influencia religiosa

Esa segunda consecuencia es la que me interesa y que puede resumirse en una propuesta simple y sencilla: las religiones tienen efecto en la conducta personal, es decir, sin religión las personas se comportarían de manera distinta.

Y esta influencia es especialmente notable dentro de regímenes de amplias libertades.

En sociedades y naciones, en las que existen muchas libertades, como las democracias liberales, las personas tienen frente a sí continuamente posibilidades de hacer gran cantidad de cosas —las religiones, sin embargo, apuntan en una dirección central:

Puedes hacerlo todo, pero no debes hacer todo.

Similitud religión-ley

Es la misma función de las leyes, las que señalan lo mismo: «hay acciones que puedes realizar pero que serán castigadas con penas».

Los preceptos religiosos y las leyes coinciden en una misma filosofía, que es la existencia de actos posibles, pero indebidos, que merecen castigos.

La diferencia entre leyes y preceptos religiosos está en la amplitud de su campo —siendo el de las creencias religiosas mucho mayor que el legal. Con otra diferencia, el tipo de castigo.

Las religiones no tienen poder para castigar violaciones a sus preceptos, pero las leyes sí al usar el poder punitivo del gobierno —el castigo religioso es solo la amenaza futura de una vida alejada de Dios.

La conducta de la persona religiosa

Es decir, la persona religiosa tiene una conducta afectada por leyes y también por creencias religiosas:

La persona religiosa actuará influida por las leyes que imponen castigos a actos ilegales —un incentivo que tenderá a disminuir la cantidad de esos actos y que funciona igual con personas no religiosas.

Quizá pueda argumentarse que la persona religiosa tendrá un incentivo mayor a obedecer la ley si su religión también prohibe la misma acción —como en el caso del asesinato, castigado por la ley, pero también por su religión.

La persona también actuará influida por sus creencias religiosas en los campos en los que la ley no aplica —por ejemplo, quizá, ayudando a personas enfermas, o dando clases en niños de escasos recursos. La ley no castiga el no realizar esas acciones, pero su religión las premia.

Conclusión

Esta es una consecuencia de las religiones en regímenes de amplias libertades.

La persona religiosa tenderá a limitar sus acciones en concordancia con la intensidad de sus creencias religiosas —entenderá que puede hacerse todo lo que no es ilegal sin castigo gubernamental, pero su religión le recordará que a pesar de eso, no todo debe hacerse.

Mi tesis ha sido demostrar que las religiones tienen influencia en la conducta de las personas dentro de una sociedad —y que esa influencia es positiva.

La religión añade un motivo más para respetar las leyes. No pienso que sea una influencia menor y eso abre posibilidades que deben verse también.

Lo anterior supone que las creencias religiosas coinciden al menos en lo básico con las prohibiciones legales, pero es posible que no exista tal coincidencia —más aún, que se tengan contradicciones entre las leyes y los mandatos religiosos. La posibilidad es real.

Existe en temas como el aborto y el matrimonio de personas del mismo sexo —que muchas religiones prohiben, pero que la ley autoriza.

Se presentan, entonces situaciones tensas en las que chocan creencias religiosas y leyes. Es inevitable que suceda en regímenes de libertad.

Las soluciones en cada caso variarán —solamente señalo para terminar la gran ventaja que se tiene con la independencia de pensamiento y la libertad religiosa.

Sin la libertad religiosa, la persona estaría atada a la voluntad gubernamental, sin argumentos para señalar su oposición a la ley


.

Y unas pocas cosas más…

Debe verse:

El cristianismo y la sociedad actual

Otras ideas:



[Actualización última: 2020-08]

Notas extras sobre el problema de religiones perturbadas y conductas deseables

Comienzo estas notas con una cita:

“…la fe religiosa promueve la violencia humana a un nivel asombroso. La religión inspira la violencia en al menos dos sentidos: (1) a menudo las personas matan a otros seres humanos porque creen que el Creador del Universo quiere que así lo hagan… (2) Un número cada vez mayor de personas se encuentran inclinadas hacia el conflicto religioso, simplemente porque su religión constituye el corazón de sus identidades morales”. Sindioses.org

Mucho del fondo de las críticas a la religión tiene una causa central —la confusión entre una religión y las patologías de su implantación.

La acusación estándar

Claramente existen creencias religiosas opuestas a todo concepto religioso, al igual que hay creencias religiosas que se han distorsionado en ocasiones —y ninguno de esos dos casos realmente tratado abiertamente.

La acusación estándar es que toda religión es patológica en algún sentido —que es lo que me propongo tratar en los puntos que siguen.

Religión perturbada

Es una posibilidad real encontrar religiones que en sus creencias y prácticas muestran una patología clara e innegable. Hay otra posibilidad real, la de religiones que siendo sanas en sus creencias, en ocasiones han aplicado éstas de manera equivocada.

En el caso de una religión perturbada desde su mismo origen están las que sostienen creencias que van en contra del valor de la persona y su propia vida, sean o no sus fieles.

Es el caso de religiones que creen en el sacrificio humano, en la existencia de humanos superiores e inferiores.

Otra posibilidad de religión perturbada es la que desprecia la vida humana creyendo en dioses que juegan con ella a su capricho.

La religión buena

Las religiones que pueden llamarse eso, religiones, tienen en común una creencia alta en la vida humana, la vida de todos —incluso de aquellos que no son sus fieles.

Sus creencias y principios, en este sentido, establecen una precondición del trato a los demás: todos valen igual, todos son respetables.

Dos posibilidades

Los incidentes de aviones estrellados contra edificios, autos-bomba explotados en iglesias, torturas y asesinatos a ministros de otra religión, insultos oficiales a otros creyentes, discriminación legal a fieles de una religión no oficial, castigos legales a los conversos y otros similares, muestran una de dos posibilidades.

Una es la posibilidad de una religión distorsionada desde su mismo origen, por causa de sus creencias contrarias a la persona humana —o bien, la posibilidad de que sus creencias hayan sido entendidas erróneamente y hayan sido aplicadas de esa manera tan perturbada.

Otra manera de distinguir entre la religión y sus posibles patologías es la legitimación de la violencia: cuando la religión misma valida a la violencia y la hace parte central de su credo, no puede ella realmente llamarse religión.

Es decir, puede entonces llamarse religión a la que reprueba la violencia —y por ende, valora la vida ajena de todos, incluyendo sus libertades.

Quizá por lo anterior pueda concluirse que una religión solo puede serlo cuando sus creencias incluyen y respetan la libertad religiosa de todos —manifestada realmente en la posibilidad de convertirse o renunciar a esa religión sin que haya consecuencias derivadas de actos violentos de otros.

Conclusión

Mi propia conclusión es que existen dos posibilidades reales de distorsiones religiosas:

1. La de la religión que es sus creencias de manera inequívoca deifique la violencia en contra de otros —especialmente los que considera infieles o no pertenecientes a ella.

2. La de la religión que sus creencias hayan sido interpretadas erróneamente como justificantes de violencia en contra de infieles.

Y, además, puede usarse un criterio para diferenciar casos de religiones perturbadas o de creencias distorsionadas —el respeto a la libertad de creencia, especialmente con respeto a quienes son de otras religiones.

Es demasiado temerario e inexacto el calificar a todas las religiones en todo momento como inspiradoras de violencia. La realidad es más compleja que eso —lo que espero haber demostrado razonablemente.