Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Siglos de Propiedad Personal
Eduardo García Gaspar
30 mayo 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si la historia nos muestra algo, es que la propiedad privada está íntimamente ligada con la civilización. L. v. Mises

Es toda una institución. Lo ha sido por siglos, por milenios. androjo

Se le reconoce, primero, del lado negativo, por la prohibición que implica el no robar.

Si eso está prohibido, significa que hay propiedad. Que ella es legítima.

En su fondo, es un monopolio. Uno sobre la propiedad de un objeto, digamos, una casa, un auto.

Ya que la casa es propiedad de la persona A, eso significa que no la puede usar B (a menos que A lo autorice). El arreglo es interesante y tienen sus razones.

Podríamos, por ejemplo, tener un arreglo que estableciera que un auto cualquiera pudiera ser usado por el que lo necesitara en ese momento. Una vez usado, se dejaría para el siguiente. No estaría mal, excepto por detalles prácticos.

Por ejemplo, el cómo compaginar necesidades múltiples simultáneas. Si varias personas necesitan el auto ahora mismo, tendría que tenerse un criterio de elección.

O, aún más, el cómo garantizar que el auto recibe mantenimiento adecuado cuando éste puede ser trasladado a su siguiente usuario. Tampoco habría incentivos para cuidarlo.

¿La solución? La propiedad privada, es decir, el monopolio del dominio de los objetos. Las personas son dueñas de las cosas.

Se resuelve el problema del uso simultáneo, del cuidado y mantenimiento. No está mal. Pero hay algo adicional. La propiedad privada crea incentivos para su uso productivo.

Todo comienza con la idea de usar las propiedades para hacer cosas que son también propiedades. Por ejemplo, un terreno para cultivar trigo. Su propietario siembra ese terreno, lo cuida, cosecha y resulta ser propietario también del trigo producido.

No está mal porque se pensará en producir lo que otros necesitan y lo que otros necesitan es a lo que se dedicará buena parte de las propiedades. El giro es fascinante. El propietario legal del terreno usará esa propiedad para satisfacer necesidades de otros.

Los otros, entonces, resultan beneficiados de la propiedad ajena. Piense en esto: Heineken pone al servicio de usted sus plantas cerveceras y usted puede decir que prefiere a otros proveedores. El no propietario, paradójicamente, resulta ser el beneficiario de la propiedad de terceros.

Eso es para los bienes productivos, los que producen bienes que son usados para producir otros bienes y otros y otros, hasta que todo culmina en bienes que son usados o consumidos por las personas: una manzana, una cerveza, un auto, una casa, lo que a usted se le ocurra.

El sistema funciona bien, razonablemente bien. Tiene sus problemas, sus áreas grises, sus posibles fraudes y engaños, pero coloca a la propiedad como algo que resuelve el problema de cuidado de las cosas y, lo mejor, crea el incentivo para usarlas pensando en otros.

Queda un problema por resolver, el cómo justificar la propiedad inicial, por ejemplo el de una casa. La solución es relativamente clara: si la persona la construyó por si misma, eso la hace suya: su trabajo fue mezclado con los materiales de la casa (la idea de J. Locke).

Si usó a otras personas, el asunto se pone interesante. Digamos que contrató a un arquitecto, a albañiles y demás; que compró cemento, madera y otras cosas. Esto no altera el derecho a la propiedad de la casa si a los demás pagó por su colaboración. Esa colaboración fue otro de los recursos usados por él.

Los obtuvo gracias a la propiedad que otros tenían sobre ellos, como el dueño de la madera, de los tubos, del trabajo y demás. Esto tiene su fondo fascinante: gracias a las propiedades de otros, quien construyó la casa acabó como propietario de ella.

El funcionamiento de la propiedad privada es fascinante. Está en todas partes y sigue reglas de contratos la mayoría de las veces muy simples. Cuando usted compra en un supermercado, su “contrato” dice que usted selecciona lo que quiere al precio señalado y que paga en la caja al salir. Así de simple.

El contrato con una tarjeta de crédito, dice que el banco paga por usted lo que compra, con la condición de que mensualmente usted paga una cierta cantidad mínima, o el total. Las cosas se complican en otros casos, pero siguen el mismo principio y se basan en obligaciones y derechos mutuos.

Esto produce maravillas en la producción de bienes más abundantes y mejores para todos, especialmente para los consumidores finales. Piense en esto: incluso los propietarios más pequeños resultan tener a su disposición la propiedades de los más grandes.

La conclusión a la que puede llegarse, desde el otro lado, es bastante clara: alterar el sistema de propiedad individual tiene consecuencias serias.

Podrá producir descuido en el cuidado de las cosas. Reducirá el aprovechamiento de las cosas para producir más. Creará injusticia contra quienes producen y benefician a otros. Reducirá el estándar de vida de los consumidores.

Otra cosa que llama la atención: el sistema tiene milenios, lo que muestra su valor en el tiempo. Con, además, evidencias de que donde la libertad de poseer ha sido atacada, ello ha coincidido con regímenes despóticos y tiránicos.

La propiedad personal es la mejor defensa de la libertad personal, de la soberanía individual.

Post Scriptum

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