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Totalitarismo: su Esencia
Leonardo Girondella Mora
29 septiembre 2014
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


El autoritarismo es la forma acostumbrada de gobierno, la más común en toda la separador.001historia —en la que resaltan algunas excepciones, como la democracia griega y la república romana, más todo eso que representa a la Carta Magna.

En lo que sigue intento explorar el significado de una versión extrema del autoritarismo, muy propia del siglo 20 y que continúa en el inicio del 21: el totalitarismo —intentando una definición del totalitarismo a partir de sus elementos centrales.

• Un sistema autoritario es un arreglo político que tiene un centro de poder único, en el que se centralizan las decisiones políticas y económicas del país —donde existen pocas libertades personales.

Es un arreglo opuesto al de la democracia y tiene variaciones múltiples y sutiles, como por ejemplo despóticas, como el presidencialismo autoritario —donde el poder ejecutivo domina a los otros y puede actuar más allá de sus atribuciones constitucionales.

O bien, podría ser una monarquía absoluta o ilustrada, como también casos de dictaduras y “hombres fuertes” en el poder —quienes están por encima de la ley y limitan severamente las libertades.

• El totalitarismo, siendo la variante extrema del autoritarismo, cumple con todo lo anterior, pero va mucho más allá —incluyendo el poder sobre todo aspecto de la vida de la persona.

No solamente se carece de libertades políticas y económicas, sino que también se carece del resto de las libertades: educación, conciencia, religión, moral, todo lo imaginable.

Desde el centro del poder se emiten órdenes que deben cumplirse por la fuerza y que regulan vida social y personal —por lo que no sorprende que en el totalitarismo los gobiernos tengan poderosos sistema de espionaje y policía secreta.

• El otro rasgo que diferencia al totalitarismo, además del inmediato anterior, es la existencia de una doctrina o teoría que da un fundamento que justifica el poder de su gobierno —eso que hace que las acciones gubernamentales sean calificadas de buenas y positivas, sin importar cuales sean.

Esto es lo que permite ver a la esencia del totalitarismo: la ausencia de todo tipo de limitación o control del poder central, el que puede hacer lo que sea —y sobre eso regula toda la actividad humana, no importa que nada tenga ella que ver con el gobierno.

El totalitarismo está bien representado en regímenes como el de la extinta URSS y otros similares —en los que una doctrina justifica el control total sobre todo aspecto de la conducta de las personas. Corea del Norte es otro claro ejemplo.

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Voy ahora e intentar explicar la motivación central del totalitarismo.

Comienzo por apuntar que al autoritarismo lo alimenta eso que se llama hambre de poder y a lo que sucumbe la persona que la padece —la que logra su ambición centrando en sí misma poder sobre los demás.

Hay en esta persona un placer intenso en dar órdenes por el simple hecho de ver que se obedecen.

En el caso del totalitarismo se tiene una motivación distinta y que tiene tintes mesiánicos: la persona tiene ambiciones y sueños sobre el tipo de sociedad que debe tenerse y lo intenta por la fuerza.

Hay dosis de utopía e idealismo en esa mente salvadora que pretende cambiar a la persona.

El totalitarismo va más allá del poder por el poder y que es propio de una dictadura o de una monarquía absoluta.

En el totalitarismo existe una ambición soñadora, la implantación de un régimen que se piensa es ideal y al que deben acomodarse todas las personas, no importa por qué medio. Lenin es un ejemplo clásico, igual que Mao Tse Tung.

En Cuba, por ejemplo, F. Castro muestra esa ansia de poder ilimitado, pero lo hace con la justificación de un ideal propio y personal, el de implantar por cualquier medio lo que él entiende como socialismo —al que considera como el estado ideal de la sociedad y al que debe adaptarse por la fuerza el ciudadano.

Finalmente señalo que sería erróneo pensar en el totalitarismo como una instancia lejana y poco probable, de la que poco hay que preocuparse. Lejos de eso, la posibilidad totalitaria está siempre presente —nunca deja de ser una probabilidad lo suficientemente baja como para ser ignorada.

Esa probabilidad, en realidad ha aumentado en los momentos actuales, cuando el relativismo moral y cultural ha provocado un desordenamiento político en el que todo es posible y justificable —y nada importa más allá que la voluntad del poder.

Nota del Editor

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