Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pérdida De Valentía
Eduardo García Gaspar
20 mayo 2015
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una imagen duradera. Un suceso memorable. androjo

Algo de la educación formal que es difícil olvidar.

Quizá en nuestros días ni siquiera se mencione, lo que sería una lástima porque el joven perdería un ejemplo valioso.

Me refiero al juicio de Sócrates.

Piense usted en los elementos de juicio. Sócrates en prisión, acusado de difundir malas ideas entre los jóvenes. Se le condena a muerte. Deberá beber un vaso con veneno. Tiene la oportunidad de huir, pero no lo hace. Acepta la condena, pero no los cargos.

Es injusto que se le condene por hacer preguntas, por cuestionar las creencias de las personas, incluso por hacerlo con sarcasmo. En nuestros tiempos eso sería un ataque la libertad de expresión. Del otro lado, no rehuir el castigo seria rechazar la aplicación de la ley. Todo es una cuestión de justicia.

Si la postura de Sócrates frente a su juicio y condena no es popular en nuestros tiempos, tal vez eso se deba a que en estos tiempos la idea de un héroe resulta un tanto extraña.

¿Morir por causa de la defensa de nuestras ideas, especialmente cuando se tiene la posibilidad de huir? Me temo que muchos lo verían como un loco que debería haber elegido lo opuesto.

No digo que el caso de Sócrates y similares no produzcan cierta admiración en nuestros tiempos; pero lo que pienso es que ya no se produce un cierto un nivel de identificación con el personaje. Pocos serían los que reaccionarían diciendo que estarían dispuestos a hacer lo mismo si se encontraran en las mismas circunstancias.

¿Morir por causa de la defensa de nuestras ideas? Quizás no pase de ser una noticia que causa indignación momentánea, como la decapitación de cristianos por parte del Estado Islámico. El tema bien vale una segunda opinión.

Me refiero a entrar dentro de la mente de quien acepte morir antes que abandonar sus propias creencias, como Sócrates. Es decir, hacer propia la posibilidad de encontrarse en esa situación y suponer que uno podría llegar a ese extremo.

Es obvio que en esa mente se valora la vida. Se quiere seguir estando vivo, pero no a cualquier precio. Se quiere seguir estando vivo, pero viviendo de acuerdo con lo que uno piensa es mejor. Y si acaso se tuviera que abandonar eso que es mejor, sería preferible morir.

La posibilidad es extrema. Una posibilidad que, me parece, en nuestros tiempos resulta extraña. Esa posibilidad necesariamente parte de un supuesto: existe algo después de esta vida. Llámele como quiera, pero existe. Tal vez sea que el alma es inmortal. Tal vez sea que ella recibirá una recompensa posterior.

Hay algo de espiritual, de sagrado, en esa decisión. Algo que hace pensar que la muerte, después de todo, no es algo tan temible como se piensa. La convicción debe ser absoluta: la muerte es el comienzo de algo supremo.

Lo que pienso es que esas ideas son un tanto ajenas a la mentalidad actual, que es más materialista menos espiritual, más mundana menos sagrada. No me imagino a ningún post modernista aceptando la idea de morir por causa de sus ideas. Y es que cuando para la persona lo único que existe es lo material, morir es dejar lo único que se tiene.

La idea de esta columna fue detonada por un suceso hace ya varios años.

Al enterarse por primera vez un alumno que un filósofo hace muchos siglos había aceptado la muerte antes que renunciar a sus ideas, fue incapaz de entender esa decisión. Para él, lo lógico hubiera sido hacer lo necesario para seguir estando vivo.

Tal vez sea este uno de los problemas de nuestros días. El haber puesto del lado la idea de que es muy cierto que existan razones que en sí mismas son causa suficiente como para preferir el dejar de vivir antes que abandonarlas. Es la idea del héroe a la que hemos dejado atrás. Y eso es una lástima.

No digo que quisiera yo que en el momento de la verdad todos estemos dispuestos a morir antes que renunciar a nuestras ideas; seguramente muy pocos llegarían a ese extremo. Lo que sospecho es que en estos tiempos no llegaría siquiera a pensarse en que llegado el momento posiblemente uno aceptaría no vivir si eso significara abandonar nuestras creencias.

¿La razón? Debe haber varias, pero tal vez la más obvia es el abandono que la idea de que existe lo espiritual, lo sagrado. Cuando se enseña al alumno que el amor es la exploración del cuerpo propio y ajeno, eso deja poco espacio para entender lo que está más allá de la epidermis y de los sentidos.

Tal vez se trate de la pérdida del sentido de valor, de valentía. Creo que no puede haber mayor cobarde que el que piensa que solo lo material existe.

[Un buen libro sobre el filósofo es el de Paul Johnson, Socrates: a Man for Our Times]

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