Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Generalización Simplista
Eduardo García Gaspar
1 septiembre 2016
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Podría ser confusión, o ignorancia. Podría ser malicia, o terquedad.

Quizá incluso, pereza o comodidad. El caso es que en nuestros tiempos «abundan las opiniones y hay escasez de conocimiento», como dice un amigo.

Pocos terrenos ilustran eso como el de la Economía, en el que incluso los gobernantes sufren de una ignorancia supina. El de la Religión es otro de esos terrenos. En este campo, otro amigo tiene una opinión rotunda:

«Las religiones causan violencia justificada en nombre de Dios, por lo que al quitar a las religiones se tendría paz casi universal».

La afirmación es curiosa por combinar verdad y mentira en un razonamiento lógico. Esto es irresistible de examinar.

En la parte verdadera, es indudablemente cierto que la violencia ha tenido en muchas ocasiones la justificación de Dios, o por lo menos, eso han dicho quienes realizan los actos de violencia. En nuestros días esto es un asunto rutinario, pero no exclusivo de la actualidad.

Sin embargo, yendo un poco más a fondo, habrá que distinguir entre dos posibilidades muy diferentes.

Podemos tener actos de violencia humana en los que se usa el nombre de Dios como justificante, pero también podemos tener la segunda posibilidad, la de la violencia producto directo de la voluntad de Dios.

El punto es quizá complejo, pero conviene diferenciar.

Los humanos podemos cometer actos violentos convencidos de que esa es la voluntad de Dios, como realizar una matanza de infieles. La pregunta es inmediata. ¿Es eso una voluntad de Dios o una justificación torcida de un acto humano?

La posibilidad de que sea una equivocación humana es real. Una mala interpretación de la voluntad divina es plausible y presenta la duda obvia: ¿puede un Dios benevolente ordenar acciones de odio y no de amor en contra de otros?

La respuesta cristiana es negativa, pero eso no significa que deje de existir esa posibilidad de equivocación humana al interpretar la voluntad de Dios. Esto puede suceder en otras religiones que admitan posibilidades interpretativas diferentes.

En resumen, tenemos entonces (1) la posibilidad de error interpretativo contrario a la escritura religión misma y (2) la posibilidad de que la violencia sea causada por Dios mismo, permitiendo que ella exista o causándola directamente (una posibilidad realmente compleja).

Con lo anterior llegamos a una zona en la que podemos concluir que es falsa la afirmación de que quitándonos de encima las creencias religiosas gozaremos de paz. ¿No hay acaso otra razones de violencia distintas a las interpretaciones erróneas de la voluntad divina?

Cualquier examen, por primitivo que sea, muestra que hay otras causas de violencia: robo, envidia, malicia, temor, poder. Piense usted, por ejemplo, en la Primera Guerra Mundial y vea si ella fue el producto de creencias religiosas.

En otras palabras, se admite que sí puede haber guerras religiosas, pero que no todas las guerras son religiosas. Existe violencia justificada por motivos religiosos, pero son los únicos motivos.

De allí que se concluya que si desaparecieran las religiones totalmente, no desaparecería totalmente la violencia. Pero no termina aquí el examen del tema.

Por necesidad se abre otra posibilidad que podrá ser un tanto repulsiva para algunos.

¿Podría ser que la violencia aumentara en el caso de que las creencias religiosas desaparecieran?

Paul Johnson, el historiador inglés, responde que sí (Johnson, Paul, 1996. The Quest For God : A Personal Pilgrimage).

Lo que pienso que bien vale una segunda opinión es el apuntar la necesidad de usar la razón en este y en otros asuntos, en los que parece que dominan las afirmaciones extremas de generalizaciones simplistas.

Ver este tema, como muchos otros, con cierta dosis de refinamiento, permitirá encontrar matices. Como el de la posibilidad del mal uso intencional de la religión:

«La religión se utiliza para unir y al mismo tiempo dividir a la gente. Unir para los que van a luchar por la misma causa, y dividir para que los puntos de radicalización lleguen a puntos inimaginables» Lejos de la Divinidad

Y es que quienes sostienen esas generalizaciones simplistas inflexibles se comportan igual a aquellos a quienes critican de dogmáticos fundamentalistas.

Post Scriptum

Véase Guerras Religiosas.

Sobre el tema, encontré eso que me parece razonable:

«Para empezar es totalmente falso que la religión sea la mayor causante de conflictos. Esto es un análisis pueril y frívolo. El causante de las guerra es el orgullo del hombre y su codicia que le hace luchar por mantener a toda costa lo que tiene o arrebatar lo que su prójimo posee. Si un gobernante cae en la cuenta de que con la religión puede dominar a su pueblo o conquistar a otro vecino la utilizará como pretexto, pero, en el fondo, lo que subyace es su codicia. Pero no solo utilizará la religión sino también el territorio, el dinero, los recursos naturales, la población o cualquier otro bien que le permita detentar mayor poder. Por supuesto, esto no solo sucede a nivel de los jerarcas sino hasta con el pobre que pide en la puerta de una iglesia, que se matará por conservar el lugar donde limosnea».Blog El Último

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