Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Amor por la Libertad
Selección de ContraPeso.info
1 junio 2001
Sección: LIBERTAD GENERAL, LIBERTAD POLITICA, Sección: AmaYi
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Sin duda hay muchas razones por las que amamos la libertad. Maquiavelo hace comentarios sobre las causas de ese amor y lo hace a su estilo, con una claridad absoluta y hasta descarnada. No hay abstracciones ni vaguedades en las ideas de este autor. Sus consideraciones sobre las causas de nuestro enorme aprecio por la libertad se dan sin tapujos. Tanto que en sus razonamientos se adelanta más de 250 años a Adam Smith.

Posiblemente sea este “descubrimiento” dentro de un libro escasamente leído en la actualidad, uno de los más valiosos hallazgos de Ama-Yi®. Maquiavelo (1469-1527), teórico de la política, es autor de El Príncipe y del libro consultado para esta carta, Los Discursos sobre los Primeros Diez Libros de Tito Livio, en los que trabajó simultáneamente.Amó la escritura y escribió maravillosamente, considerando siempre a la república como el mejor de todos los mundos.

El libro consultado para esta carta es el de Machiavelli, Niccol (1970). THE DISCOURSES. (Bernard Crick). [Harmondsworth, Eng.]. Penguin Books. 0140400141, Book 2, 2, Concerning the Kind of People the Romans had to fight, and how obstinately they defended their Freedom, pp 274-281.

Nada hizo más difícil la conquista de los romanos de los pueblos centrales y de los alrededores de Italia, dice el autor, que el amor que esos pueblos tenían por la libertad.

La defendieron con obstinación y sucumbieron solo ante la enorme virtud ciudadana de los romanos. Son numerosos los casos que muestran los grandes peligros a los que se expusieron esos pueblos por no perder o por recuperar esa libertad.

Es fácil ver cómo es que esos pueblos amaron tanto el auto gobierno, este vivere libero, el vivir en libertad. La libertad crea riqueza. Es que la experiencia muestra que las ciudades, dice Maquiavelo, nunca han incrementado sus dominios ni su riqueza a menos que ellas fuesen independientes y libres.

Entender la razón de esto es también sencillo, porque no es el bienestar de los ciudadanos lo que hace a las ciudades grandes, sino el bienestar de la comunidad.

Está más allá de toda duda que sólo en las repúblicas se considera y atiende el bien común y todo lo que se promueve se realiza. Y aunque en algún momento pierda algo un ciudadano privado, hay muchos más que se benefician de la atención del bien común a pesar de quienes hacen un sacrificio.

Lo contrario sucede en los casos del gobierno de un príncipe tirano, porque gobierna obedeciendo su interés, lo que daña a la ciudad.

Por consecuencia, cuando la tiranía reemplaza al auto gobierno el menor de los males que esta tiranía trae es que detiene el progreso y el crecimiento de la riqueza. Lo más frecuente es que decline y empobrezca.

Y si el destino marca que emerja un tirano virtuoso y civil, energético y admirable en la guerra, ninguna ventaja llevará a los ciudadanos, sólo a él mismo. Él no otorgará honores a los ciudadanos que aterroriza porque no quiere tener causa alguna de sospecha en ellos.

Ni hará que las ciudades conquistadas se rindan a su ciudad, porque lo que interesa es dividir a cada ciudad y a cada distrito para que lo reconozcan a él como monarca. Sólo él cosecha los beneficios de los esfuerzos, no sus ciudadanos.

No es sorpresa que los pueblos de la antigüedad detestaron a los tiranos, ni que amaran tanto a la libertad. Ni es sorpresa alguna el enorme sentimiento de venganza hacia quienes han destruido libertades.

Si uno se pregunta las razones por las que  los pueblos de la antigüedad amaron a la libertad más que los pueblos de la actualidad, las causas de esto son las mismas que hacen a los hombres de hoy menos audaces y esforzados.

La diferencia está en la educación de entonces y de su tiempo (siglo XVI). Es la misma diferencia entre la religión de hoy y las religiones de antes.

Nuestra religión, dice el autor, nos ha enseñado la verdad y el verdadero camino de la vida, llevándonos a dar menos importancia a honor terrenal. Quienes antes veían al honor como el más alto bien, obviamente mostraban más ferocidad en sus acciones que nosotros.

Nuestra religión ha glorificado a los hombres humildes y contemplativos, más que a los hombres de acción. El desprecio de las cosas mundanas y la abnegación nos han llevado a abandonar la fuerza física, la magnanimidad y todo eso que conduce a la audacia.

Y si nuestra religión nos pide fuerza es para soportar el sufrimiento, no para realizar hazañas.

Este patrón de vida parece que ha hecho débil al mundo y lo ha hecho fácil presa de los malvados, que lo dominan con éxito y seguridad, ya que saben bien de esa naturaleza de los hombres que buscan el paraíso soportando vejaciones sin deseos de vengarlas.

Este tipo de educación es la causa por la que hoy vemos menos repúblicas que antes y la razón por la que la libertad no es tan apreciada como en la antigüedad. Y, sin embargo, es creíble que sea más la causa de la desaparición de esas repúblicas el poderío y la grandiosidad romanas, aunque después de la desintegración del Imperio Romano las ciudades conquistadas no pudieron retornar a ser repúblicas salvo unos pocos casos aislados.

Como ha sido dicho antes, las ciudades que son libres en todo aspecto tienen grandes ganancias. Donde se encuentran poblaciones que florecen ello se debe a la libertad en la que los matrimonios se realizan y a ser más deseadas por los hombres.

Esto sucede donde cada hombre está dispuesto a tener hijos, ya que él cree que puede criarlos y siente que su patrimonio no le va a ser despojado. Sabe que sus hijos nacerán libres y no esclavos y que si son virtuosos y civiles pueden llegar a ser gobernantes.

Se observa que donde hay libertad la riqueza se multiplica y abunda, tanto entre los campesinos como entre los comerciantes y artesanos. Todo el mundo está ansioso de adquirir esas cosas y de ser propietario, siempre que tenga la seguridad de que disfrutará de esas posesiones.

Al final Maquiavelo hace reflexiones que muestran la semilla de ideas económicas posteriores, menciona a la competencia y sus efectos. En un escaso texto toca la esencia de la competencia.

Afirma el autor que en competencia uno con otro los hombres buscan su propia ventaja y la del público, de manera que en ambos respectos se hacen grandes progresos. Lo contrario sucede  donde existe la tiranía y la esclavitud, que  cuanto más grandes sean menor será el bienestar.

Establece por tanto una relación entre libertad y bienestar de la población.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Amor por la Libertad”
  1. Guerras Religiosas, | Contrapeso




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