Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Matrimonio Igualitario
Leonardo Girondella Mora
11 agosto 2016
Sección: Sección: Asuntos, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


La controversia sobre los matrimonios de personas del mismo sexo genera una gran cantidad de opiniones —y quiero enfocarme a una de ellas. la de un columnista que favorece a ese tipo de matrimonios.

Analizaré parte por parte su breve justificación.

Comienza por negar —y creo que con toda razón— el principio que establece que la voz del pueblo es la voz de Dios.

«Con mucha frecuencia la voz del pueblo es la voz del diablo; de un demonio colérico, erizado, que no sabe de razones y que se guía sólo por arrebatos súbitos».

La referencia general es la de la opinión pública como un criterio que no puede usarse para prohibir al matrimonio homosexual —lo que, del otro lado, haría indebido usar a la opinión publica para justificarlo.

Esta aclaración, que es muy razonable, va en contra, por ejemplo, de una de las razones usadas por Vargas Llosa en su columna «El Matrimonio Gay».

Por esta razón, el autor citado menciona las acciones iniciadas por varias iglesias para reunir firmas que se opongan a la aprobación de «la iniciativa del Presidente Peña Nieto en relación con el matrimonio igualitario».

Ellos están en pleno derecho para hacer eso, pero

«[…] las ideas religiosas no pueden estar sobre los principios de la justicia, y es un criterio de justicia el que sirve de base a aquella iniciativa presidencial».

Y llega a su conclusión:

«No es la voz de Dios lo que se manifiesta en la oposición al matrimonio igualitario; es la voz del prejuicio, de la incomprensión, de la falta de humanidad. Por encima de esa voz debe estar la de la razón…».

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Con lo anterior he expuesto la posición del columnista sobre el tema —y extraigo ahora su razonamiento en estas causas:

• Es un matrimonio justo por ser igualitario.

Esta justificación es extraordinariamente débil al proponer en general que la igualación es el criterio de la justicia —algo que hace suponer que el columnista confunde a la igualdad con la igualación.

La justicia da a cada quien lo que merece considerando a todos iguales, que es lo que hace que los alumnos reciban calificaciones diferentes —y se cometería un absurdo si por justicia se igualaran todas las calificaciones.

El igualar las condiciones de todos para casarse es indudablemente un acto de igualación, pero no de justicia —con un peligro adicional de igualar condiciones para otras cosas: sería injusto que no todos tuvieran un título de doctor en medicina, o que no todos cantaran en La Scala.

Creo que la confusión entre igualdad e igualación es más común de lo que puede pensarse a primera vista y este es un caso de ella —abriendo la oportunidad de razonar en sentido inverso: igualar las condiciones para casarse es injusto para quienes sí cumplen con esas condiciones.

• Es un matrimonio apoyado por la razón y la compasión.

Esta es una combinación de argumentos fríos y calientes —la reflexión carente de sentimientos y la fuerza de las emociones.

Si el columnista destaca al principio la voluntad popular mayoritaria o no, parecería congruente que también desechara a argumentos sentimentales en su favor —un punto menor del que no me ocupo más.

En cuanto a ser una posición que es apoyada por la razón, el columnista no ofrece argumento alguno más allá del ser justo por ser igualitario —seguramente por brevedad de espacio.

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En resumen, la opinión dada por el columnista en favor del matrimonio de personas del mismo sexo se concentra en ser algo justo porque es algo igualitario —se han retirado las condiciones de matrimonio que antes necesitaban a una mujer y a un hombre, con propósitos de procreación.

Si ya no hay requisitos de una mujer y un hombre con propósitos de procreación para formar un matrimonio/familia vitalicios, entonces el retiro de condiciones permitiría defender como justos a todo arreglo de convivencia adicional posible —por ejemplo, la posibilidad de varios cónyuges.

En resumen, la argumentación ofrecida por el columnista contiene un punto razonable, pero el resto es sumamente frágil

Addendum

La columna citada es la de «Catón», La Voz del Pueblo, 18 de junio de 2016, Grupo Reforma.

Nota del Editor

La columna de Girondella me recuerda el problema de Semántica que se plantea en los cuentos de Alicia, de Lewis Carroll.

Lo que Humpty Dumpty dice en el célebre diálogo es que él se adjudica el poder dar a cada palabra el significado que él desea —lo que puede resultar molesto pero debe ser admitido si quien cambia el significado mantiene ese significado constante.

En el caso que ocupa la columna, hay otra posibilidad, la palabra ‘matrimonio’ es sujeta a un cambio de significado y se presenta entonces la situación en la que esa palabra es comprendida de diferente manera por las personas.

El asunto no pasaría de ser simplemente un asunto semántico, si no fuera que se trata del cambio de significado de un cimiento de la construcción de la sociedad.

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