¿Qué es intervencionismo moral? La expropiación de la moral por parte del gobierno. La sustitución de las decisiones morales personales. La definición de lo bueno y de lo malo por parte de quien tiene el poder de usar la fuerza.

Un tipo de intervencionismo estatal

Es común escuchar acerca del intervencionismo económico —toda esa serie de acciones que los gobiernos realizan en la economía.

Cosas como regular exportaciones, limitar importaciones, fijar precios, manipular tasas de interés, emitir dinero y otras del mismo tipo.

Así como existe intervencionismo económico, también existe intervencionismo moral. Es toda esa serie de acciones que realizan los gobiernos y que en común tienen la meta de definir lo bueno y lo malo. Se adueñan de la moral y la ética.

Parte del intervencionismo moral es la guerra a las drogas. Una prohibición igual a la de alcohol, que usa la fuerza gubernamental para imponer una conducta que debía ser dejada libre a la persona.

Un caso de este tipo sucedió en New York, donde su Departamento de Salud e Higiene Mental ha creado una App para adolescentes. Puede ser bajada a sus teléfonos móviles y así tener a su disposición elementos de salud sexual.

Según el reporte de CNSNews (28 mayo 2013), la aplicación incluye consejos sobre control natal, abortos, clínicas y similares.

En ese estado de los EEUU por ley el adolescente puede usar todos esos servicios sin necesidad de que sus padres sean consultados. Es decir, el gobierno considera bueno que el adolescente menor de edad sea visto mayor de edad en asuntos de salud sexual.

Hay un enlace en la App a un video creado por el gobierno, en el que una chica adolescente. Samantha, manifiesta tener gustos homosexuales al mismo tiempo que tiene relaciones con su novio —y eso también es considerado bueno por el gobierno.

La institución recomendada para solucionar los problemas de la adolescente los resuelve una clínica gubernamental. Ella establece lo bueno y lo malo para las personas, como tomar anticonceptivos y ver como normales los sentimientos homosexuales.

En esa ciudad, la autoridad ha prohibido el uso de ciertas grasas a los restaurantes y regulado ciertos tamaños de refrescos.

El gobierno como fuente moral

Todas las medidas gubernamentales que definen lo bueno y lo malo es lo que puede llamarse una política de intervencionismo moral.

Ella se caracteriza por la promoción gubernamental de conductas definidas como buenas y la prohibición de lo considerado mal, según criterios gibernamentales.

Ese juicio sobre lo bueno y lo malo es realizado por el gobierno —jueces, legisladores, ejecutivos. Ellos usan su posición de influencia para forzar su decisión en la sociedad.

El caso de ObamaCare forzando a instituciones religiosas a ser proveedores de anticonceptivos, fue un ejemplo mayúsculo de esto.

Características del intervencionismo moral

Más gobierno

Aumenta el poder gubernamental que ya no es sólo político y cuenta con el uso legítimo de fuerza. Ahora también es moral.

Cuando un gobierno tiene el poder para definir lo bueno y lo malo, se está frente a un riesgo real de totalitarismo.

Influencia de intereses especiales

Los grupos activistas de presión colaboran a ese aumento de poder gubernamental al buscar su apoyo. Sin darse cuenta que alimentan al monstruo que los puede devorar más tarde.

Las agendas propias de grupos activistas organizados optan por capitalizar el uso de la fuerza gubernamental para imponer sus ideas propias. Convierten en preceptos incuestionables a sus creencias y fuerzan a la autoridad a implantarlas.

Entre indiferencia y beneplácito

El intervencionismo moral suele ser bien recibido por el ciudadano ingenuo. Él ve con indiferencia o incluso beneplácito al gobierno preocupado por problemas sociales que intenta resolver.

No suele darse cuenta de la pérdida de libertad que sufre al convertir al gobierno en una fuente de preceptos morales. Y que suele sucumbir a las influencias de activistas.

Reconversión moral

El intervencionismo moral suele acudir a un cambio de planos, convirtiendo a las fallas morales en patologías para las que crea soluciones médicas y terapias.

De allí el nombre revelador de Departamento de Salud e Higiene Mental usado en New York. Resulta el encargado de decir que está bien para un adolescente, sin hablar con sus padres, usar anticonceptivos o tener relaciones homosexuales.

Ya no existe responsabilidad en la libertad, sino terapias para desaparecer el sentido de culpa y la aceptación de consecuencias.

Desorienta a la persona con vaivenes morales, que anulan guías absolutas y fijas de conducta —pues se mueve de acuerdo con agendas activistas a la moda.

Cae en contradicciones notables, como el castigo al asesinato, pero el fomento al aborto. O como el ataque a la obesidad, pero la promoción del sexo libre.

Mayor gasto gubernamental

Aumenta el gasto gubernamental. Crea necesidad de más impuestos, aumentando posibilidades de emisión de dinero y desordenando la colocación de recursos limitados.

División social

Divide a la sociedad, en las llamadas guerras culturales. Las que solo pueden resolverse por medio de la decisión estatal que usa la fuerza.

Intervencionismo moral, en resumen

Se está en presencia de un fenómeno de inminente peligro por tres razones.

Primero, la acumulación de poder en el gobierno. Una consecuencia contraria al principio de la división de poderes natural en la democracia.

Segundo, la destrucción de la moral sustentada en principios no negociables y que dan sostén a la sociedad misma.

Tercero, la garrafal ingenuidad de quienes si darse cuenta de lo anterior, colaboran activa o pasivamente a la erección de los gobiernos como autoridades morales.

Es un problema de consecuencias severas. Abre la puerta a regímenes totalitarios, esos que son autores de la moral que les permite gobernar a su antojo.

Exploración del concepto

El intervencionismo económico gubernamental es un régimen político en el que el gobierno dirige a la economía —interviene en ella—, sin ser propietario de los medios de producción.

En el régimen de intervencionismo económico, el gobierno otorga incentivos selectos, aplica impuestos diferenciados, promueve ciertos sectores, afecta precios, fija salarios, regula mercados. Y, en general, influye en las decisiones de negocios y económicas de manera marcada.

Este régimen admite gradaciones de intensidad que van desde un ligero intervencionismo hasta uno profundo. Dependiendo de la magnitud de las regulaciones que emita y su detalle.

Este es el tipo de intervencionismo que más y mejor se conoce y se sustenta en una mentalidad que hace pensar que «es fundamental la intervención pública para reactivar a la economía y generar empleo».

Y realiza acciones como el mayor gasto en obra pública, subsidios agrícolas, sustitución de importaciones, manejo de tasas de interés, créditos blandos seleccionados y similares.

Es común encontrar en ese intervencionismo económico medidas como precios de garantía agrícola, autosuficiencias de recursos, seguros subsidiados, protección laboral exagerada.

También ampliación de empresas estatales, construcción de vivienda estatal, mega-proyectos estatales, servicios médicos subsidiados o gratuitos y otras acciones similares.

El intervencionismo económico es alimentado por la idea de que el gobierno tiene la responsabilidad del bienestar de sus ciudadanos y la realiza dirigiendo a la economía con ese propósito en ese campo —pero no se detiene allí.

Del intervencionismo económico al moral

Rebasa el gobierno el terreno de la economía y se adentra en otros, creando así otro tipo de intervencionismo, el moral.

Donde ya no solo se trata de implantar políticas económicas, sino de aplicar acciones gubernamentales a la salud, a las opiniones, a la conducta y a la felicidad del ciudadano.

Este intervencionismo moral hace que el gobierno sea responsable del bienestar personal del ciudadano. Para lo que usa mecanismos que desplazan a las decisiones de las personas, las que son tomadas por los gobernantes.

Ellos deciden su educación, sus ahorros, su dieta, su vivienda, incluso su educación y su moral.

Esto es el establecimiento de «un Estado de Bienestar, igualitario y fraterno [que proteja de] incertidumbres económicas, desigualdades sociales, desventajas y otras calamidades, en donde todos podamos vivir sis angustias ni temores».

Si con el intervencionismo económico el gobierno acumula poder económico al poder político ya detentado, el intervencionismo moral le permite agregar el poder moral —la determinación de lo que es bueno y malo para la persona.

O como se ha propuesto recientemente, tener un gobierno para «auspiciar una nueva corriente de pensamiento para promover un paradigma moral del amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y al país».

Se trata de una responsabilidad estatal agregada cuya «meta última […] es lograr el amor y hacer el bien porque en ello radica la verdadera felicidad» —esto es igual a tener la mayor centralización de poder posible en el gobierno, incluyendo el poder para decidir lo moral.

Intervencionismo moral, definición

Es un tipo de intervencionismo que asigna al gobierno la definición de lo bueno y de lo malo, de lo debido y lo indebido. Crea de esa manera un código moral que define según su voluntad y lo implanta mediante el eso de la fuerza y la coerción.

Es un fenómeno de acumulación de poder en los gobiernos. A su poder político natural que incluye en uso de la coerción, ellos agregan el poder ético.

Una transformación gubernamental: la moral expropiada

Es mi intención conceptualizar un problema mayor de política. Un cambio en la definición de la palabra ‘gobernar’.

• En su sentido original, gobernar un país era regir a esa sociedad mediante el uso de leyes que imponen un orden que logra respeto a las personas y sus bienes. Es la creación y mantenimiento de un estado de derecho que preserva libertades.

• En el sentido actual, gobernar es resolver los problemas del ciudadano mediante la acción gubernamental que anula responsabilidades individuales. Los gobiernos definen a lo bueno y a lo malo y usan la fuerza para implantar la moral que ellos han creado.

La autoridad inherente a todo gobierno, el poder que debe tener para realizar sus funciones de aplicación de la ley que rige relaciones entre personas y entre ellas y el gobierno, ha pasado por un proceso de cambio.

Las características del intervencionismo moral

El gobernante tradicional ha cedido su lugar a otro tipo de gobernante —a una especie de terapeuta social, trabajadores sociales que se hacen responsables de cuidar integralmente a los ciudadanos.

La misión del gobernante actual toma ahora un papel de asistente con poder para resolver problemas de las personas —esas cosas cotidianas que enfrenta toda la gente. Incluyendo decisiones morales.

Las situaciones que antes las personas debían resolver por sí mismas y en conjunto con otras, han sido añadidas a las funciones gubernamentales de asistencia y atención oficial. Los dilemas morales de la persona han sido solucionados por los gobiernos.

Es una transferencia de decisiones que antes tomaba la persona y que ahora toma el gobierno en terrenos de educación, salud, sexo, vivienda, crédito, empleo, pensiones, alimentación, consumo y el resto de las diferentes acciones que la persona realiza.

Este es el corazón del cambio en el significado de ‘gobernar’ —que ahora toma la forma de una sustitución de quien toma las decisiones.

Sustitución de decisiones

Así como el gobierno puede decidir la sustitución de importaciones, ahora el gobierno decide la sustitución de decisiones personales.

Él decide la escuela a la que se mandan a los hijos, el monto de las pensiones, la ayuda para desempleo, la buena alimentación, los productos que debe evitarse, la definición de matrimonio, la moralidad del aborto…

En una sociedad libre, el individuo toma esas decisiones y acepta sus consecuencias. Pero en la nueva manera de gobernar, el individuo deja de tomar decisiones y las toma el gobierno. Esto crea un escenario moral muy distinto:

Cuando la persona toma sus decisiones, ella usa sus ideas sobre lo bueno y lo malo y actúa en consecuencia con una decisión autónoma. La persona es por definición libre y una entidad moral que hace distinción entre lo deseable y lo indeseable, entre lo bueno y lo malo.

Pero cuando la persona deja de tomar sus decisiones y las toma el gobierno, entonces el juicio moral deja de ser personal y se convierte en gubernamental —es ahora el gobierno quien decide qué es lo bueno y qué es lo malo.

El proceso de sustitución y transferencia de decisiones del particular al sector público es, sin forma de evitarse, un traslado del juicio moral que implica toda decisión. Ahora la autoridad política es la que decide qué es lo bueno y qué es lo malo.

Concluyendo

La expropiación de la moral presta un gran favor al gobernante quien podrá acumular más poder teniendo de su lado el apoyo de la moral que él mismo ha definido.

Todos sus actos se convertirán en moralmente deseables y quien los cuestione será un hereje inmoral.

Cuando no es percibida la expropiación de la moral, ella se convierte es un poderoso argumento que convence al ingenuo y lo convierte en partidario de todo plan gubernamental al que considerará moralmente positivo. No importa de qué se trate.

Y una cosa más…

Lo me recuerda lo que un amigo suele decir, «nunca el Vaticano tuvo tanto poder político como el estado de bienestar lo tiene ahora».

Obviamente aún, en muchas partes, se tienen libertades personales. Sin embargo, cada paso del gobierno expropiando a la moral poco a poco, hace difícil percibir al trayectoria hacia el totalitarismo.

Un comentario sobre casos y ejemplos de intervencionismo moral.

Intervencionismo moral y libertad

Por Eduardo García Gaspar –   11 agosto, 2009

Es un fenómeno curioso. Uno en el que una defensa absurda de la libertad termina por limitar esa misma libertad. Lo que acontece puede ser demostrado con un tema de controversia, el de los matrimonios de personas del mismo sexo.

Moral estatal

Existe un conflicto siguiente. El expresar una opinión en contra de los matrimonios de personas del mismo sexo puede convertirse en una violación de la ley. Es decir, una violación de la libertad de creencia.

La defensa de esa libertad de matrimonios de homosexuales ha derivado en situaciones indeseables.

Un caso conocido: una institución católica de servicios de adopción de hijos en Massachusetts ha cerrado. La causa fue el hacerles obligatorio el aceptar parejas homosexuales como candidatos a adopción.

La libertad de quienes no están de acuerdo con la homosexualidad está siendo limitada.

Ejemplos

Más casos: la autoridad de Nuevo México en EEUU obligó a una fotógrafa cristiana a pagar por gastos judiciales después de negarse a fotografiar la ceremonia de compromiso de una pareja homosexual.

Una psicóloga fue despedida en Georgia cuando se negó a dar consejo a una lesbiana sobre su relación. En California, se ha inhabilitado a médicos cristianos de fertilidad por rehusar la inseminación artificial a una paciente lesbiana.

Un sitio web de búsqueda de parejas, eHarmony, fundada por un evangélico, se vio obligada a proporcionar servicio a los homosexuales por causa de una demanda que la acusó de discriminación.

Moral combinada con fuerza

En varias partes he leído, por ejemplo, que templos de religiones que reprueban la homosexualidad, se consideran amenazados por leyes que les obliguen a emplearlos, so pena de demandas y multas.

Si alguien tiene negocios de banquetes de bodas, podría ser demandado si no quiere dar ese servicio en una boda gay.

Esa es la parte legal, pero también está la de la opinión pública. Me refiero al uso de calificativos a quienes no están de acuerdo con las bodas de personas del mismo sexo.

Se les llama por lo general ‘homófobos’ y se habla de la ‘homofobia’ como un prejuicio de lo más reprobable.

Intervencionismo moral

Mi punto es señalar un fenómeno (no defiendo ni ataco aquí al homosexualismo en sí mismo).

Es un fenómeno muy indeseable: una persona cualquiera que usa su libertad para expresar una opinión opuesta a la homosexualidad corre riesgos ya en algunos países.

El caso de Rocco Buttiglione es notable: no pudo se parte del parlamento europeo por oponerse a la homosexualidad.

Es un problema serio. La libertad de unos ha sido usada para atacar la libertad de otros. El asunto es tan absurdo como el demandar a un rabino por negarse a casar por el rito católico a una pareja.

La libertad es una. Si alguien desea casarse con otra persona de su mismo sexo y tiene esa libertad legal, ello no puede significar que un cristiano convencido esté obligado a dar el servicio de banquetes a esa boda.

El conflicto existe y es real. Es otro caso de efectos no intencionales del intervencionismo moral estatal.

Cuando un gobierno se convierte en fuente de la moral se van a tener problemas graves y este es solo uno de ellos. Esos efectos se tienen con el intervencionismo económico, pero también y más serios con el intervencionismo moral.

Es este es el concepto del intervencionismo o dirigismo moral: la intromisión del gobierno en el terreno ético y moral para definir el bien y el mal, la virtud y el vicio, por medio de la ley y la educación pública.

Es igual en naturaleza al intervencionismo económico y tiene el mismo efecto, elevar el poder del gobierno sobre los ciudadanos que pierden por esa causa libertad.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Intervencionismo Moral.