Un análisis de la sociedad igualitaria. Su paradoja de tratos desiguales. Un experimento mental. Su materialismo y consecuencia de anular el esfuerzo a lo excelso. Más una mirada muy de cerca a esa sociedad.

Introducción

Nuestros tiempos las tienen, como todos. Obsesiones y adicciones. Un tipo de compulsión que se torna en una urgencia casi imposible de controlar. En estos días, la igualdad parece ser una de esas monomanías.

Por ejemplo, en 2009, fue reportado:

«La teoría del todo. Estos dos académicos británicos [Richard Wilkinson y Kate Pickett] afirman que casi todo problema social, desde el crimen a la boesidad, tienen una causa central: la desigualdad». theguardian.com

Puede resumirse esa idea en la frase «La desigualdad social provoca un menor crecimiento del PIB y rentas bajas». mundiario.com

Obsesión se convierte en combate

La idea se filtra simplificándose y convirtiéndose en una noción práctica, es necesario combatir la desigualdad:

«La desigualdad extrema es el principal desafío de nuestro tiempo, pero no es inevitable, y podemos ponerle freno. Podemos hacer mucho para cambiar las reglas del juego y lograr que este mundo sea un lugar más justo». oxfam.org

Imaginando una sociedad igualitaria

Usemos ahora la imaginación y pensemos que ya vivimos en un mundo en el que la desigualdad ya no es el problema que obsesiona tanto. Somos ya todos iguales.

¿Iguales en qué? Imaginemos varios niveles.

Igualdad máxima y absoluta, en una sociedad sin diferencias: no hay gente más inteligente, ni más sabia, ni más rica, ni más bella, ni más vieja, mi más enferma, ni… De acuerdo, esto es un sueño de ciencia ficción, una distopía, un mundo mucho peor que el actual.

Podemos suavizar la desigualdad y no hacerla extrema hasta ese punto. Pensemos un mundo en el que no hay ya diferencias de ingresos y riquezas. Todos ganan lo mismo y poseen lo mismo.

Permitiendo alguna flexibilidad, este es el mundo que desean los partidarios de la igualdad y una de las cosas a considerar en el análisis de la sociedad igualitaria.

En ese mundo se admitirían diferencias de inteligencia, conocimientos, salud, esfuerzo, pero ellos no podrían tener una influencia en el ingreso, al menos no una influencia determinante (de lo contrario volvería a existir desigualdad).

Por ejemplo, un neurocirujano excelente no podía ganar mucho más que quien limpia la sala de operaciones.

Si en un extremo absurdo en esa sociedad nadie podría tener un ingreso mayor que otro y todos ganaran, digamos, 10,000 pesos a la semana, concedamos que eso es irracional.

Por tanto, debe admitirse una cierta variación y que se legisla que los mejores pagados no deben ganar más de, por ejemplo, 15 veces el ingreso de los peor pagados.

¿Cómo sería una sociedad de ese tipo? Mucho me temo que no sería lo esperado, sino algo peor de lo que ya tenemos. Como ha sido ya expresado por Lawrence W. Reed:

«Por tanto, la ausencia de gente muy rica sería en realidad una mala señal para el resto de nosotros —especialmente para los pobres. En verdad, indicaría una de dos cosas: que no mucho valor ha sido creado […] o que el gobierno ha realizado una redistribución radical, desapareciendo incentivos importantes para que la gente sea creadora de valor y administradora de capital». Lawrence W. Reed

La paradoja es llamativa

Preocúpate si vives en una sociedad en la que no hay gente con grandes fortunas. Eso significa que algo anda mal: el talento no se paga, el esfuerzo no se premia, la responsabilidad no se recompensa.

Y ya que eso es algo natural en las relaciones humanas, hay otro signo ominoso en esto: los grandes ingresos estarán ocultos en otra parte. Estarán en las manos de quien implanta esa igualdad por decreto. Ellos serán los dueños de las grandes fortunas (la desigualdad no habrá realmente desaparecido, simplemente ha pasado de bolsillos privados a bolsillos de gobierno).

O bien, vea que esa igualdad es un control de precios gigantesco, un control de ingresos personales y, como consecuencia, se perderá propiedad y con eso, independencia personal. Estaríamos en manos del capricho de la autoridad.

Lo llamativo, sin embargo, es esa paradoja: cuando vea usted que no hay grandes fortunas en manos privadas es que usted vive con un estándar de vida inferior al posible (y las grandes fortunas estarán en otras manos).

Un experimento mental

Para tener un análisis de la sociedad igualitaria, constrúyanse con la imaginación dos escenarios sencillos,

  1. El de una sociedad en la que las personas son distintas, únicas e irrepetibles, claramente desiguales y
  2. El de una sociedad en la que las personas son iguales, todas son prácticamente una copia de la otra.

Son escenarios imaginados y opuestos, pero servirán para producir aclarar conceptos.

El trato a las personas en la sociedad igualitaria

Lo más interesante está en la igualdad de trato a las personas en la sociedad igualitaria. Sería absurdo que el análisis de la sociedad igualitaria indicara que allí las personas reciben tratos desiguales.

Supóngase que todos tienen el mismo gusto por ser autores de libros de ficción, o por ser cantantes de bandas musicales. Esa sociedad no podría sobrevivir, tendría que obligarse a algunos a ser cirujanos, choferes, ingenieros, cocineros, agricultores, banqueros; todo eso que se necesita para vivir y que solo podría lograrse tratando desigualmente a las personas.

O bien, si entre los autores de libros hay unos pocos que son tremendamente exitosos, ellos tendrían que ser tratados de otra manera para mantener la igualdad de fama e ingresos.

El trato a las personas en la sociedad desigual

En esta sociedad hay una variedad gigantesca de habilidades, talentos, conocimientos, actitudes, personalidades, ambiciones—es decir, una sociedad desigual con personas muy diferenciadas entre sí en talentos y fortunas.

¿Cómo tratar a las personas que son tan desemejantes entre sí? No solo de edad y sexo, sino de inclinaciones, gustos, talentos, habilidades, opiniones, actitudes. ¿Tratarlas igual o desigualmente?

Deben ser tratadas con igualdad, con las mismas reglas y bajo los mismos principios. Uno de ellos es la libertad, el permitir que todas ellas puedan dedicarse a lo que más quieren. Quien sea que quiera especializarse en literatura medieval italiana, que lo haga sin que nadie le fuerce a ser dentista, o agricultor (recuerde a Pol Pot).

La paradoja de la sociedad igualitaria

Esta es la paradoja que destaca el análisis de la sociedad igualitaria.

📌 Una sociedad igualitaria necesita usar reglas desiguales para tratar a las personas (recuerde al régimen soviético). Pero una sociedad de personas desiguales necesita tener reglas iguales para tratar a todas de la misma manera.

El materialismo de la sociedad igualitaria

El reclamo de igualdad y las quejas contra la desigualdad tienen un peligroso elemento materialista, un elemento vital en el análisis de la sociedad igualitaria. El usual punto de partida es algo como esto:

«El 1% más rico del mundo ya posee tanta riqueza como el resto de los habitantes del planeta, advirtió este lunes la organización sin fines de lucro Oxfam» bbc.com

¿Cuál es el estándar usado? La riqueza, el dinero o capital o posesiones de un conjunto de personas y comparado contra el mismo parámetro de otras. La medida usada es estrictamente material.

Material y con problemas internos de lógica, pero eso poco importa para servir de apoyo a las ideas personales, como las de un ateo que las usa sin sorpresa para nadie. Para él no existe lo espiritual.

La sorpresa, al menos para mí, está en encontrar personas espirituales, incluso ministros religiosos, que usan exclusivamente ese estándar materialista. No sería lo esperado de ellos.

Este es el elemento materialista peligroso que enfatizo: el que personas de naturaleza espiritual hayan reducido el problema de desigualdad a lo material, incluso sacerdotes y creyentes.

Este fenómeno debe ser resaltado: el dinero ha sido colocado como la medida por excelencia de la desigualdad y de la pobreza, es decir, la pobreza y la desigualdad han sido reducidas a una dimensión material.

Resulta extraordinario que personas espirituales hayan caído en esa reducción materialista.

La medición materialista tiene problemas

Siendo un estándar de posesión de bienes reconocidos expresados en capital reportado cuantificable ignora posesiones propias no reportadas y no fácilmente cuantificables. Hay evidencias de que los pobres no lo son tanto en realidad; tienen recursos y no son insignificantes:

«El volumen juntado por los pobres es inmenso: 40 veces toda la ayuda exterior del mundo desde 1945. En Egipto, por ejemplo, hemos estimado que la riqueza acumulada por los pobres es 55 veces la suma de toda la inversión directa extranjera registrada allí, Canal de Suez y represa de Assuán incluidos. En Haití, el país más deprimido de América Latina, los activos totales de los pobres representan más de 150 veces toda la inversión extranjera recibida desde que se independizaron de Francia, en 1804. Si los Estados Unidos elevaran su presupuesto de ayuda exterior al nivel que las Naciones Unidas recomiendan —0.7% del ingreso nacional— le tomaría al país más rico del mundo más de 150 años transferir a los pobres del mundo recursos equivalentes a los que ellos ya poseen». Hernando de Soto

Pero lo vital no es este aspecto de las dificultades de medir recursos poseídos, sino el considerar otras dimensiones y manifestaciones de desigualdad y pobreza.

¿Hay algo más allá del dinero? Por supuesto y por eso resulta algo digno de apuntar el que quienes señalan al dinero como una maldición moderna hagan uso del dinero como medición exclusiva de pobreza y de desigualdad. Sería mejor tener una mejor definición de pobreza y desigualdad.

Una definición más amplia y rica, menos materialista y reduccionista.

Quizá puedan, por ejemplo, usarse mediciones de educación como criterio de pobreza y riqueza, especialmente en los niveles primarios —donde una buena educación de calidad contara de tal manera que el dinero importara menos.

O bien, para las personas religiosas y espirituales, ¿acaso no sería pobre el millonario de conducta reprobable y rico aquel pobre que tiene una vida ejemplar?

Hago referencia a la pobreza moral, un padecimiento que es independiente de la pobreza monetaria y que suele ser ignorada consistentemente incluso por ministros religiosos.

También, en otra faceta, sería muy razonable seguir considerando como pobres a quienes viven gracias a ayudas gubernamentales a pesar de no caer dentro de las clasificaciones tradicionales de pobreza.

El llamado a ser promedio

El análisis de la sociedad igualitaria debe considerar un efecto no intencional de su reclamo, el de ser también una exaltación de lo promedio, de lo estándar. Y un rechazo a lo extraordinario, a lo excelso.

A lo que ahora se aspira no es a eso alto y que necesitaba vigor para llegar allá. La pretensión actual ha sido reducida, ambicionando ahora ser simplemente común, promedio, corriente y ordinario. Un escritor lo ha expresado así:

«El proceso gradual en el que las aspiraciones superiores fueron reemplazadas por las inferiores nos dice, sin duda, algo sobre la naturaleza humana: a saber, que a menos que se encuentre con una fuerte resistencia o una atractiva inspiración muestra una poderosa tendencia a ser atraído por lo común y mediocre. “Común”, de hecho, ha dejado de ser una palabra de desaprobación en una retórica progresista-democrática, o mejor dicho, ha dejado de usarse en absoluto». Legutko, Ryszard. The Demon in Democracy: Totalitarian Temptations in Free Societies (p. 31). Encounter Books. Kindle Edition.

Es esa «poderosa tendencia a ser atraído por lo común y mediocre» lo que apunta a un signo de nuestros tiempos. Algo bien ilustrado en el cambio: si lo común y ordinario tenía una connotación reprobatoria ahora la tiene aprobatoria.

Piense usted, por ejemplo, en la idea de dignidad personal, eso que se asocia con las ideas de decencia, honestidad, honra y pundonor. No son cosas gratuitas, son algo que se gana por merecimientos que son reconocidos por otros. Y que puede perderse.

Lo que ahora prevalece es una de esas partes, la dignidad personal, pero en ese sentido particular que la aísla del merecimiento. Se reclama ser sujeto de reconocimiento sin necesidad de mostrar méritos. Es la conclusión obvia de quien vive en una sociedad igualitaria.

Derechos de igualación

Piense usted, por ejemplo, en el significado de esto:

«Los Derechos Económicos Sociales y Culturales (DESC) son los derechos humanos relativos a las condiciones sociales y económicas básicas necesarias para una vida en dignidad y libertad, y hablan de cuestiones tan básicas como el trabajo, la seguridad social, la salud, la educación, la alimentación, el agua, la vivienda, un medio ambiente adecuado y la cultura». escr-net.org

¿No tendría acaso algún sentido añadir la idea de merecer todo eso? Vea esto:

«Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas». unidosporlosderechoshumanos.mx

¿No ha acaso un olvido significativo al dejar de mencionar la atrevida idea de que obtener algo implica merecerlo? Merecerlo por esfuerzo, trabajo, disciplina, respeto a la ley, conducta moral, o lo que a usted se le ocurra.

En su fondo, el problema es que la idea de dignidad no es ya un asunto de merecimiento por responsabilidades aceptadas y realizadas, sino una declaración arbitraria de igualdad ampliada que legaliza reclamos y demandas más allá de lo razonable.

Tiene sentido, por ejemplo, presuponer una dignidad básica igual para todos por el simple hecho de nacer y que ella lleve a aceptar libertad igual para todos. Pero de allí a aceptar que se posee una dignidad merecedora de todo sin esfuerzo, es una interpretación exagerada de la sociedad igualitaria.

«La nueva dignidad no obligaba a las personas a luchar por los méritos […]; les permitió presentar cualquier reclamo que quisieran, y justificar estas afirmaciones refiriéndose a la dignidad que poseían por el mero hecho de haber nacido sin ningún logro moral o esfuerzo». Legutko, Ryszard. The Demon in Democracy: Totalitarian Temptations in Free Societies (p. 33). Encounter Books. Kindle Edition.

Y eso es lo que ha producido el polo de atracción a lo común, a lo promedio. Armados con los derechos como instrumentos de reclamos y demandas, sin necesidad de merecimientos, las aspiraciones altas, las metas superiores y el esfuerzo excepcional no tiene ya sentido para ellos.

En una sociedad igualitaria la idea de merecimiento implica desigualdad y por eso es rechazada. El merecimiento crearía desigualdad, según este análisis de la sociedad igualitaria.

Sociedad igualitaria vista de cerca

El análisis de la sociedad igualitaria debe considerar que en ella el problema de la pobreza y el de la desigualdad son mezclados, sin comprender con exactitud que ellas son distintas.

Esta parte del análisis tiene como propósito tratar esquemáticamente el problema de desigualdad y su solución, es decir, la sociedad igualitaria examinada más cercanamente.

El mecanismo de igualación

Una sociedad en la que ponemos atención en dos personas, R y P, donde R tiene un ingreso de 100 y P un ingreso de 10. Esto representa la situación que pretende corregir la sociedad igualitaria.

La igualación clásica despojaría a R de una parte de su ingreso para dársela a P. Si se tratara de lograr una situación totalmente igualitaria, ello se lograría sumando los ingresos de ambos (110) y luego dividirlos entre dos (55).

Se le quitarían 45 a R y ellos serían dados a P, con lo que ambos tendrían ahora 55. Es decir, una igualdad total entre ambos y, supuestamente, una situación mejor a la anterior, quizá incluso una situación ideal.

¿Realmente ideal el mecanismo?

Quizá no, seguramente no. La situación supuestamente justa se logró dañando a R, quitándole 45 del ingreso que tenía. Es difícil aceptar que una situación es ideal si se llega a ella dañando a otro.

Hay algo allí que todos reconocerían como indebido, el haberle quitado por la fuerza una buena porción de su ingreso a R, lo que es una injusticia severa que manda a conocer los medios por los que R logró tener ese ingreso.

¿Qué hizo R?

• Pudo R haber logrado ese ingreso abriendo una fábrica, arriesgando su capital y produciendo algo que ha resultado exitoso. Su ingreso, por esta razón, se justifica plenamente. O inventó una aparato, o escribió un libro exitoso…

• Si, por el contrario, R ha obtenido ese ingreso por medio de robos y fraudes, ese ingreso debe serle quitado, pero no por causa de desigualdad con respecto a P, sino por usar medios reprobables.

¿Qué hizo P?

• Luego está P, con un ingreso de 10, mucho menor que el de R. ¿Es eso malo e indeseable? No se tendrá certeza hasta saber más.

Puede ser que P sea un perezoso irremediable que no ambiciona ganar más que eso. O puede ser que esos 10 que gana le provean con una vida razonablemente buena. También, podría ser que efectivamente no sean suficientes como para darle un nivel digno de vida.

Conclusión

La conclusión es la obvia. Hasta no saber más de las circunstancias particulares de P y de R no podría implantarse una medida redistributiva de sus ingresos sin riesgos de estar cometiendo algo indebido e injusto.

Hay otra posibilidad, la de la conexión entre R y P. Puede ser que R esté dando empleo a P, es decir, que la desigualdad de ingresos sea de beneficio para P.

Gracias a que R tiene ingresos altos, P tiene un empleo que no tendría de otra forma, cuando P y R tengan ingresos exactamente iguales —lo que haría que R ya no tuviera recursos suficientes para emplear a P (y a otros como él).

Supóngase ahora que P recibe esos 45 que le han quitado a R. Ahora el problema de P es qué hacer con esos recursos adicionales de cuatro y media veces lo que gana usualmente.

¿Qué hará? No puede saberse, aunque sí se conoce que no tiene una preparación para administrar tal fortuna. Quizá haga algo que le dé un ingreso mayor sólido, o tal vez lo pierda en aventuras sin sentido.

La realidad es que, una vez pasado el tiempo, se tendrá una nueva desigualdad. Podría ser que R haya tenido mala fortuna en los negocios y ahora gane 10, cuando por el otro lado a P le ha ido muy bien y es él ahora quien gana 100.

De nuevo tendría que entrar el mecanismo redistributivo para igualar ingresos. A P le tendrían que quitar 45 como antes le quitaron a R.

Es decir, la igualdad tendría que ser un mecanismo sin fin y aplicado con independencia de la realidad de las circunstancias personales —algo claramente equivocado.

Análisis de la sociedad igualitaria

Han sido presentadas distintas facetas de la noción de una sociedad igualitaria. Esa en la que el ideal social y político es lograr la máxima igualdad posible entre sus integrantes.

Ha sido examinada la paradoja que crea al tener que usar tratos desiguales entre las personas. Más su materialismo y su efecto indeseable de enfatizar lo estándar anulando los esfuerzos que promueven la excelsitud y la excelencia de donde salen los grandes avances que mejoran la vida de todos.

Al final fue examinado el mecanismo de igualación clásico y los problemas que presenta.

Una cita ilustra en buena parte el tema de la desigualdad (la columna completa es fantástica):

«Para el pensamiento común y bien asentado europeo la desigualdad es la gran causante de “inestabilidad social”. Lo que esa frase significa es que ciertos ciudadanos están legitimados a cometer delitos de coacción, extorsión, lesiones, daños, hurto e intimidación, siempre y cuando lo hagan en nombre del sindicato y la sacrosanta “lucha contra la desigualdad»

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Y unas cosas más para los curiosos…

Convendría ampliar el tema con algunas de estas ideas: