Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Constitución Moral
Eduardo García Gaspar
24 agosto 2017
Sección: ETICA, LEYES, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Seamos claros: los gobiernos no tienen autonomía moral. Si la tuvieran, ello conduciría al totalitarismo, o al menos, inicialmente a regímenes autoritarios y déspotas.

La moral o ética tiene el invaluable papel de servir de limitante al poder gubernamental. Si la moral estuviera en manos del gobierno se darían situaciones peores a las que cita Montesquieu cuando previene acerca de la unión de poderes gubernamentales.

La tesis de Montesquieu es sencilla.

Si los tres poderes gubernamentales estuvieran concentrados en una sola persona o un solo grupo, eso crearía un gobierno tiránico. De hecho, si solamente dos de esos tres poderes estuvieran concentrados en una persona o grupo de ellas, el gobierno sería déspota.

La libertad y los derechos de las personas estarían amenazados y se viviría bajo una dictadura. Esto lo entiende cualquiera y es aceptado en todas partes, al menos en teoría. Pero hay algo más, tan profundo que no se percibe.

Me refiero a una premisa oculta a simple vista, pero sin la que todo se viene abajo. Es la premisa de que la moral no está en manos gubernamentales. Es decir, ninguno de los poderes gubernamentales concentra en él el poder de definir a lo bueno y a lo malo, a lo reprobable y a lo deseable.

Si acaso el gobierno tuviera en sus manos el poder moral para definir a lo bueno y a lo malo, se crearía otro tipo de gobierno. No una dictadura, ni un régimen déspota, sino algo más terrible, un gobierno totalitario.

Las consecuencias de pensar así son las lógicas: cualquier persona que tenga dos dedos de frente debe ver con gran sospecha cualquier intento gubernamental de asignarse un papel de creador de normas morales.

Un caso llamativo es el de México en estos momentos. Uno de los candidatos a la presidencia para las elecciones de 2018, ha propuesto «una república amorosa»:

«[…] auspiciar una manera de vivir sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza, a la patria y a la humanidad […] auspiciar una nueva corriente de pensamiento para promover un paradigma moral […]».

La idea de esa república amorosa tiene consecuencias y se configuran en:

«[…] el compromiso de convocar […] a la elaboración de una constitución moral a especialistas en la materia: filósofos, psicólogos, sociólogos y antropólogos […]; ancianos venerables de las comunidades indígenas, maestros, padres y madres de familia, jóvenes, escritores, poetas, mujeres. empresarios, defensores de la diversidad y de los derechos humanos, practicantes de diversas religiones, librepensadores y ateos».

Una vez que la nueva constitución mexicana moral haya sido elaborada por los convocados por el gobierno,

«Los contenidos serán transmitidos en las escuelas, en los hogares y a través de impresos, radio, televisión y redes sociales [para] establecer las bases para una convivencia futura sustentada en el amor y en hacer el bien para alcanzar la verdadera felicidad».

Bueno, pues allí lo tiene, sin ocultamiento alguno. Abierto a cualquiera que lea el libro del que he sacado las citas. La propuesta de este candidato, López Obrador, es crear una constitución adicional a la legal por medio de un congreso constituyente moral formado por sus convocados y logrado por consenso de votaciones (me imagino).

Por necesidad lógica, la nueva moral mexicana alteraría a la constitución legal y al resto de las leyes y, peor aún, todo el poder del estado se usaría para difundirla e implantarla. Con posibilidades llamativas: ¿qué le sucedería a quien no obedeciera a la nueva moral?

Si la nueva moral y sus mandamientos no se hacen respetar, la nueva constitución sería inútil. Y si se quiere que ella sea respetada, entonces tendrá que tenerse a la Suprema Corte de Justicia recibiendo casos de desobediencia moral de acuerdo con una oficina de fiscalía moral.

¿Habría juicios por no amar lo suficiente al prójimo? ¿O demandas por fraternidad insuficiente, o por escaso amor?

Todo es un asunto de concentración de poder y que comienza con un principio central: los gobiernos no tienen autonomía moral; no pueden crear sus propios mandamientos morales. Si lo pudieran hacer, eso sería aún peor que la unión del poder legislativo con el judicial, o del ejecutivo con el legislativo.

Si la concentración de poderes políticos se concibe como indeseable porque conduce a regímenes déspotas y autoritarios, cuando los gobiernos tienen también el poder moral, ello lleva al peor gobierno jamás sufrido en nuestra historia, al totalitarismo.

Totalitarismo que por definición cambia la moral a su gusto, con enmiendas constitucionales cuando considere necesario.

Post Scriptum

La propuesta de la constitución moral es de A. M. López Obrador y se puede leer en su libro 2018 La salida.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Facebook
Extras