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La división de poderes de Montesquieu. Definición, significado, funcionamiento y razones. Una de las formas que evitan abusos de poder.

Una idea célebre

De todas las ideas políticas de todos los tiempos, no hay ninguna con mayor fama que la de la división de poderes de Montesquieu. Una de las escasas ideas políticas que puede repetir casi cualquiera

Montesquieu, Carlos Luis Barón de Secondat (1689-1755), fue un filósofo y literato francés. Su obra más célebre es Del Espíritu de las Leyes, publicada en 1748. Considerado como uno de los libros de mayor influencia en la historia de la filosofía política ha tenido innumerables ediciones.

El punto de partida

Sí, la división de poderes de Montesquieu es muy conocida. Pero lo es mucho menos su punto de partida. La causa central de esa división es el evitar los abusos de poder. Esa es su razón de ser.

Es una experiencia de siempre, dice el autor, que todo aquél que está en una posición de poder siente la inclinación de abusar de él, hasta donde encuentra límites.

Es un problema inevitable de todo gobierno. El poder que tiene tenderá siempre y en todo lugar a ser abusado. Un problema que entonces era más notorio que ahora y que merecía ser atendido.

La solución al abuso del poder

La recomendación de Montesquieu para evitar ese abuso del poder es enfrentarlo consigo mismo. ¿Cómo? Con una solución ingeniosa. El poder puede frenar al poder. Puede hacerlo si se evita su concentración.

La intención del autor es encontrar una manera de evitar la concentración del poder porque el poder tiende a ser abusado y su sugerencia es frenar al poder con el poder mismo.

Esta es la base de la solución de Montesquieu.

La división de poderes de Montesquieu

Su siguiente paso es tomar como ejemplo al gobierno inglés para establecer que dentro de un estado existen tres poderes.

Cada uno de ellos tiene funciones diferentes, que señala Montesquieu.

• El poder legislativo promulga leyes, las enmienda o deroga.

• El poder ejecutivo es el encargado de los asuntos del derecho de gentes, dispone de la guerra y de la paz, envía o recibe embajadores, establece la seguridad, previene las invasiones.

• El poder judicial es ese del que depende el derecho civil, el castiga los delitos o juzga las diferencias entre los particulares.

Evitar abusos de poder produce tranquilidad

Después, Montesquieu establece muy brevemente otra realidad cotidiana. Si se evitan abusos de poder eso produce tranquilidad en el ciudadano.

La libertad política de un ciudadano depende de la tranquilidad que nace de la opinión que tiene cada uno de su seguridad propia. Para que existan libertad y tranquilidad se necesita un gobierno de tales características que ningún ciudadano pueda temer nada de otro.

La motivación central de Montesquieu es la libertad dentro de una situación en la que no existan abusos de poder.

No mezclar poderes divididos

Es a continuación que Montesquieu procede a hacer las aseveraciones que más fama le han dado. Todas ellas basadas en la división del poder, los que no deben mezclase.

• La unión del poder legislativo y del poder ejecutivo en la misma persona o en la misma institución es un ataque a la libertad. Esa unión significaría la emisión de leyes déspotas y tiránicas que serán aplicadas de la misma manera.

• La unión de poder judicial al poder legislativo, significaría que la vida y la libertad de los ciudadanos estarían sujetas a un poder arbitrario, ya que el mismo juez es a la vez el legislador.

• La unión del poder judicial al poder ejecutivo, significaría que el juez tendría la fuerza del opresor.

Por tanto, para evitar los abusos de la autoridad y para preservar la libertad, el poder del gobierno debe ser dividido. Debe ser separado, equilibrado.

Todo puede perderse si se mezclan los poderes

Para apoyar aún más su idea, llega Montesquieu a hacer una aseveración muy clara.

Dice que todo estaría perdido si el mismo hombre, el mismo cuerpo de personas principales, de los nobles o del pueblo, uniera en sí esos tres poderes. Cuando eso sucediera, habría un ataque a la libertad.

Cuando estuvieran unidos el poder de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas y el de juzgar los delitos o las diferencias entre particulares, el ciudadano viviría bajo un gobierno tiránico.

Por eso, dice el autor, siempre que los gobernantes han querido hacerse déspotas han empezado por reunir todas las magistraturas en su persona. Este es el corazón de la división de poderes de Montesquieu.

Otras precisiones

A continuación Montesquieu se dedica a dar varios consejos.

Poder judicial

Dice que este poder es uno tan grande (juzgar a los hombres) que conviene que no sea dado a un grupo permanente. Más aún, este poder debe ser ejercido por ciudadanos comunes.

Este tribunal tendría solamente la duración necesaria para el juicio. Así se hace invisible y nulo, por no estar ligado a un determinado estado o profesión.

En cambio, los otros dos poderes sí pueden darse a personas o cuerpos permanentes, ya que no ejercen actos específicos sobre un ciudadano particular. Son más bien, una representación de la voluntad general del estado y de la realización de esa voluntad.

Poder legislativo

Para este poder, Montesquieu da otra sugerencia. El autor parte de la idea de que dentro de un estado libre, el hombre debe gobernarse a sí mismo. Por eso, convendría que el mismo pueblo fuera el poder legislativo.

Esto es, desde luego, imposible en las grandes naciones. Y aun en las pequeñas localidades esto presenta mil problemas. Por eso, el pueblo mismo deberá ejercer ese poder por medio de representantes suyos.

Ya que cada representante conocerá bien la naturaleza de su localidad, la nación contará con puntos de vista de todas sus regiones en la actuación del poder legislativo.

La ventaja de los representantes, dice Montesquieu, es que ellos poseen la capacidad de discutir los asuntos, mientras que el pueblo no lo está.

Del pueblo, los representantes reciben las instrucciones generales, sin que sea necesario entrar a los detalles. Es así que los representantes del poder legislativo son la expresión de la voz de la nación.

Poder ejecutivo

Montesquieu no quiere que el poder legislativo, representante del pueblo, se torne despótico. Por eso le otorga capacidad al poder ejecutivo para frenarlo, en beneficio de la división de los tres poderes.

Además. la naturaleza del poder ejecutivo tiene límites en sí misma. Toda ejecución es limitada en el tiempo y requiere urgencia. Por esta razón es que tampoco el poder legislativo deba contener al ejecutivo.

Principios de la constitución fundamental

La división de poderes de Montesquieu incluye las bases constitucionales de la estructura del gobierno.

El cuerpo legislativo está compuesto de dos partes, cada una de las cuales estará sujeta a la otra por su mutua facultad de impedir y ambas estarán frenadas por el poder ejecutivo que lo estará a su vez por el judicial (Montesquieu ha introducido aquí otro elemento de balance, el de un cuerpo legislativo dividido en dos cámaras, una idea tan importante que será tratada con detalle en otra columna).

La primera reacción ante esa división de poderes puede ser una de simple y sencillo sentido común. ¿No se tendrá así un gobierno ineficiente, incapaz de actuar y atorado? Montesquieu responde que no.

Esos tres poderes se quedarán en reposo y podrán ser hasta inactivos, pero como por el movimiento necesario de las cosas, estarán obligados a moverse, se verán forzados a actuar por común acuerdo.

En resumen, la división de poderes de Montesquieu…

A la experiencia conocida de que toda autoridad tiene una tendencia natural a abusar de su poder, el autor da una solución de enorme sentido práctico.

La única posibilidad de evitar ese abuso de autoridad es enfrentar al poder con otro poder. De allí, la división de poderes de Montesquieu. El resultado no es la inacción.

El resultado de la división del poder es tranquilidad en el ciudadano, que sabe que ninguna persona podrá abusar de él.

Sin complicados razonamientos, sin análisis complejos, Montesquieu tomó esa solución y la desarrolló con sugerencias que fueron plasmadas en las constituciones y respetadas en los países más desarrollados.

Y otra cosa más

La idea destacada en esta carta proviene de Montesquieu (1993), Del Espíritu de las Leyes, Barcelona, Altaya, libro XI, «De las leyes que dan origen a la libertad política en su relación con la constitución», pp. 113-121.

La columna fue publicada originalmente en febrero de 1997 y aquí es publicada con cambios mayores.