La diferencia entre los animales y los humanos. A pesar de tener un DNA casi idéntico con otras especias, los humanos muestran diferencias notables con respecto a otros animales. Debe existir otra variable que explique esa asombrosa diferencia.

Punto de arranque

Un lector escribió esto:

«No creo que haya diferencias entre animales y humanos, lo que nos diferencia es de grado y nada más por los datos de un DNA casi idéntico. ¿Podría comentar sobre esto porque me parece que usted ha escrito lo contrario

Por mi parte, creo lo opuesto. Creo que entre los humanos y los animales hay diferencias notables.

Diferencias que nos separan haciéndonos muy distintos unos de otros (a pesar de a veces encontrar ejemplares humanos que podrían hacer dudar).

Creo que hay varias razones para anotar esa diferencia de nivel cualitativo, opuesta a la de, por ejemplo, el evolucionismo.

Racionalidad, imaginación, creación

Mi punto central es la racionalidad, el poder razonar las cosas y cómo se manifiesta esta diferencia. Hay una comparación interesante en esto, el de la construcción.

Podemos tomar animales constructores, como las hormigas, los castores, las abejas, las arañas. Sin duda construyen. Los humanos lo hacen también. Pero eso no significa igualdad, sino al final lo opuesto.

Esos animales construyen maravillas, cosas realmente admirables. Una telaraña es fantástica, igual que una colmena. Maravillas incluso de ingeniería.

Los humanos también hacemos maravillas en la construcción. Pero lo hacemos con algo que es muy especial. Lo llamamos inclinación artística o gusto.

Buscamos belleza y modificamos las cosas con estilos diferentes y tecnologías que descubrimos, como los vitrales del gótico y los materiales modernos.

No hay estilos de construcción en las telarañas, ni en las colmenas. Siempre han sido iguales y siguen al instinto del animal. Solo nosotros podemos hablar del estilo románico, o del egipcio, o del barroco.

No hay abeja que cuelgue un cuadro dentro de la colmena con un paisaje campirano, ni una foto de sus abuelos. No hay araña que teja con un nuevo estilo minimalista.

La diferencia quizá sea la de construir por instinto contra la de construir por arte y funcionalidad. El diseño de un iPod no tiene equivalentes animales, ni tampoco sus funciones.

Hay chimpancés que usan herramientas como martillos y lanzas, delfines que usan esponjas, cuervos que usan piedras, elefantes que usan ramas como matamoscas, gorilas que miden la profundidad del agua con ramas. Estos y otros casos están en 10 Animals That Use Tools.

Por supuesto, construyen y usan herramientas. Pero la diferencia sigue siendo abismal. Nosotros vamos más allá de eso.

No hay animal que haya tenido la idea de sustituir un martillo con un taladro, ni que haya inventado un insecticida, ni una caña de pescar con carrete y decorada de diferentes colores.

Tener ideas

Quizá la diferencia más notable entre animales y humanos sea la de tener ideas. Poderlas explicar a otros y guardarlas o almacenarlas. No hay animal que haya decorado un cuchillo, o la rama que usa para sacar hormigas.

Tampoco, uno al que haya conmovido la naturaleza queriéndola explicar, ni que quiera visitar pinturas hechas por sus antepasados en cavernas.

La misma pregunta que nos hacemos, la de si somos genéticamente casi iguales a los chimpancés por qué no actuamos igual. Algo nos separa de ellos. Ningún gorila se ha preguntado eso sobre un macaco.

Si somos tan diferentes al resto de los animales, eso significa que hay otra variable que nos describe y explica mejor. Tiendo casi el 100% de similitud genética con un primate, eso nos haría predecir que jamás habríamos tenido a J. S. Bach.

Finalmente

En resumen, usted cree que no hay diferencia entre humanos y animales, al menos diferencias importantes, sino de grado.

Por mi parte, en todos lados veo exactamente lo opuesto, unas diferencias abundantes y abismales. Una de ellas es obvia, usted ha sido capaz de desarrollar esa opinión y no sé de algún animal que tenga opiniones como esta. Ni sobre la oferta y la demanda, ni acerca del color de su automóvil.

Otra diferencia, la de poder pensar en lo que es y diferenciarlo de lo que debe ser, eso que llamamos moral o ética.

O, aún más, el pensar en Dios. No hay animal que haya construido un altar, ni que discuta con otro sobre un pasaje de la Biblia. Mucho me temo que en los humanos haya algo que nos diferencia notablemente del resto del mundo.

¿Qué exactamente causa esa diferencia tan grande? Siendo la genética o la biológica una explicación insuficiente, debe buscarse en otro lado.

Por ejemplo, la explicación de un accidente natural, totalmente improbable, pero que sucedió. O bien, la de aceptar un componente no biológico ni corporal, sino espiritual, metafísico, o como quiera llamársele.

La explicación que pienso es la más viable tiene siglos. Es la Creación Divina, en la que el ser humano fue creado a semejanza del Creador, con alma. Esa semejanza es la explicación de nuestra diferencia con respecto al resto de los animales.

Un final con una cita

Un célebre literato escribió:

«En fin, entre los animales se producen pocos dramas, la confusión no se suscita entre ellos apenas; se lanzan los unos contra los otros, esto es todo. Los hombres también se lanzan los unos contra los otros; pero su mayor o menor grado de inteligencia hace que el combate se complique de otra forma». Balzac, Honoré de. La Comedia humana. Volumen I: Escenas de la vida privada (Spanish Edition). Hermida Editores. Kindle Edition.

A lo que poco después añadió:

«El animal tiene escaso mobiliario, no tiene ni artes ni ciencia; mientras que el hombre, por una ley que aún no se ha investigado, tiende a representar sus costumbres, su pensamiento y su vida en todo cuanto aplica a la satisfacción de su necesidad». Ibídem

Bonus scriptum: algo más sobre el asunto de la diferencia entre animales y humanos.

Animales que se Desprecian

Por Eduardo García Gaspar –   23 julio, 2009

Existe un tipo de persona cuyo carácter me parece fascinante. Es el tipo que goza indeciblemente argumentando en favor del desprecio a su propia naturaleza.

Es el que habla de los humanos como animales (y que en algunos casos suele tener mucha razón).

Un DNA casi igual

No hace mucho que encontré a uno de estos, quien fascinado citaba datos sobre el DNA humano.

Decía que somos en este sentido muy parecidos a los chimpancés: un 95% del DNA humano es igual al de esos animales. Es cierto y de hecho hay otros porcentajes calculados aún mayores.

Hasta donde he leído, se cree que los humanos tienen un mismo ancestro común con los chimpancés y los bonobos (otra especie de chimpancé).

Y que los orangutanes, los gorilas y otros monos, junto con nosotros, tienen un ancestro aun más remoto y común a todos. En lo general no tengo problemas con estas ideas.

Y de hecho, les doy la bienvenida. Son parte de avances científicos que más tarde serán refinados y ajustados, quizá incluso cambiando de paradigma en su estudio. Pero usarlos para despreciar a los humanos y equipararlos a cualquier mono, eso es otra cosa muy distinta.

La interrogante que sigue

La pregunta que surge es la obligada. Si existen tan pocas diferencias en el DNA ¿a qué se debe la enorme diferencia entre los humanos y los animales? ¿Entre los chimpancés y las personas?

Después de todo, son los humanos los que han descubierto el DNA y los monos ni siquiera han descubierto cómo hacer fuego.

Una explicación es la esperada. Muy pequeñas diferencias producen efectos enormes y ese muy pequeño porcentaje de diferencia entre el DNA es capaz de generar la gigantesca separación entre monos y humanos.

Es lo que se conoce como rendimientos crecientes y tiene su popularización en el efecto mariposa.

Desde luego, no es la única explicación. Es posible que existan otras, que iremos descubriendo en el futuro y que nos hagan saber las razones de nuestra naturaleza tan única. Las que nos ha hecho, por ejemplo, poder discutir sobre sistemas de gobierno, algo que le es ajeno al más inteligente de los animales.

Mi punto es el dar la bienvenida a datos como el de que tenemos una muy pequeña diferencia de DNA con los chimpancés. Unos la toman como una manera de denigrar a los humanos.

Una especie muy distinta

Pero puede ser tomada de otra manera. El DNA no explica el fenómeno humano y debe haber otras formas de entenderlo. Somos una especie muy diferente a las demás.

Desde hace muchos siglos, contamos con otra explicación, la de la Creación. Los humanos fuimos creados por Dios a su semejanza y eso es lo que nos hace diferentes.

Esta explicación es, por supuesto, una de las muchas que no están sujetas a pruebas científicas (las más importantes cuestiones de nuestra vida no lo están).

Y, otra cosa que me agrada en su significado último, es la discusión entre partidarios de la explicación Divina y los partidarios de la teoría de la evolución.

Estos argumentan en esencia que todas las criaturas vivas tienen un origen común, un mismo ancestro. Que la principal causa de la modificación de los seres vivos es la acción común de la selección natural y los cambios accidentales en el DNA. Y que ese proceso de modificación no tiene una guía o plan.

No tengo problema con creer que tenemos un mismo ancestro común, ni con la idea de selección natural, ni con la idea de accidentes en el DNA.

Pero sí con la idea de que somos un producto de la casualidad, viviendo una existencia que no tiene ninguna razón ni sentido. Discutir estas cosas me vuelve optimista.

Porque, al final de cuentas, tener esas discusiones es algo que no hacen los demás animales. Una gran diferencia entre animales y humanos.

Ningún chimpancé se conoce que se haya burlado de Darwin, ni que le haya brindado su apoyo con el descubrimiento de algún fósil. Somos los únicos que se hacen preguntas de ese tipo y que argumentan con inteligencia y ofuscación estos tópicos.

Algo especial, muy especial, debe haber en los humanos cuando ellos tienen características tan únicas y distintas. Quienes se preguntan la razón de su existencia, quienes creen en la existencia de Dios, quienes la niegan, son de una especie muy distinta, como no hay otra.

Querer despreciarse a nosotros mismos diciendo que no somos muy diferentes a los chimpancés, es hacer en verdad lo que ningún otro animal puede hacer y esa misma afirmación puede ser usada para negarla.

Y unas cosas más..

Sobre los retornos crecientes puede verse la idea de la complejidad: pequeñas causas tienen efectos mayores.

La discusión entre evolucionistas y creacionistas es muy ríspida y suele usar argumentos falaces, como el del consenso científico. Más aún, esas posiciones tienen variaciones importantes, de las que conviene desechar las fundamentalistas en ambos extremos.

La teoría de un ancestro común a todos los seres vivos, por ejemplo, puede ser interpretada literalmente, pero también como una especie de “sopa primordial” de la que salieron diferentes tipos de células que evolucionaron por sí mismas.

Igualmente, muy pocos problemas existen en la aceptación de la teoría de adaptaciones de las especies y su acomodo a circunstancias específicas. Pero la atención debe colocarse en otros fenómeno más elusivo, el de la creación de una nueva especie distinta a las demás y con las que no puede procrear descendientes fértiles. Este es el corazón de la evolución.

El meollo de gran parte de la discusión que conozco y que no es mucho, me parece que es el tomar a la evolución (creación de especies distintas a partir de un mismo ancestro) y dar por confirmada una conclusión, la de que somos un accidente de la realidad y que Dios no existe. Es un enorme non sequitur