Introducción

En 1970 llega a la presidencia de México Luis Echeverría Álvarez y con él se abre una época muy diferente en la historia reciente del país. La etapa del Populismo Méxicano.

Su arribo se realiza en medio de dos circunstancias desfavorables: la economía no va por buen camino y el gobierno es ya visto como una entidad autoritaria que requiere ser democratizada.

El todopoderoso presidente necesita hacer cosas urgentes que le lleven a justificar a la autoridad y se opta por corregir la situación económica para dar legitimidad al sistema político.

Prioridad económica del populismo mexicano

Es decir, ante los reclamos que se hacen a un gobierno no democrático con partido de estado y elecciones muy cuestionables, los gobernantes de ese tiempo reaccionan pensado que si remedian los problemas económicos a los ciudadanos no les importaría seguir bajo ese gobierno autoritario.

Con esta mentalidad, el gobierno de Luis Echeverría opta por intentar reanimar a la economía por la vía de un mayor gasto del gobierno. Esto, es reconocido, causa un boom económico inicial que se confunde con progreso, para luego convertirse en una crisis económica dañina especialmente para los de menores ingresos.

Malos resultados

Los remedios económicos seleccionados fallan terriblemente. Echeverría termina su presidencia con una crisis económica en 1976 que obliga a devaluar al peso. Se tiene además una alta deuda externa. Se ha querido crecer por medio del aumento del gasto gubernamental y los resultados fueron fallidos.

Otra crisis del populismo mexicano

Además, al término de la administración del siguiente presidente, José López Portillo, se tiene otra crisis aún más grave: más deuda externa y el gobierno no tiene dinero, el peso se devalúa de nuevo.

Obviamente no se tienen recuerdos agradables de esos dos presidentes. Los que han estudiado esta época generalmente la ven como una que dejó a la economía mexicana con grandes daños y una deuda de fuertes consecuencias futuras… que aún hoy se están sufriendo.

Déficit público

El déficit público al inicio de esta etapa del Populismo era de 2.5% del PIB en 1971 y creció hasta ser el 14% en 1982.

Esta es una cifra importante, el déficit del gobierno se elevó casi seis veces y esto refleja la mentalidad de esa época: creer que el gasto gubernamental puede detonar progreso económico.

Esta era una idea muy popular en estos años; si la economía anda en apuros, eso se soluciona con un gobierno que gasta más de lo que tiene, aunque registre déficit.

La idea, aunque desprestigiada, aún persiste en los populistas del siglo 21 que consideran al gasto gubernamental como el motor del desarrollo; la evidencia sugiere lo opuesto.

Antecedentes del populismo mexicano

Parte importante para entender las razones que llevaron a dos presidentes a seguir un enfoque populista son los antecedentes de 1968 y 1971.

Fueron eventos políticos de gran importancia, que sirvieron de incentivo para intentar evitar el estancamiento de la economía.

Es obvio inferir que las autoridades tomaron la decisión de entrar a una etapa de rápida expansión económica.

La situación política era verdaderamente candente. Las personas veían en el gobierno una fuerza autoritaria y no democrática que reprimía las libertades.

El ambiente mundial en esta época, además, propiciaba manifestaciones de protesta en contra de los gobiernos, como sucedió muy gravemente en Francia y en Checoslovaquia, además de EEUU y México.

Más gasto, menos disciplina

Uno de los rasgos principales de los gobiernos populistas es el de tener grandes niveles de gasto gubernamental, ya sea logrando muchos préstamos internos o externos, o incluso imprimiendo dinero.

Los gobiernos, durante estos años, tuvieron grandes programas de inversiones públicas, casi todas emprendidas con gran urgencia y prioridad.

Es natural que esta prisa rompiera la disciplina del presupuesto gubernamental.

Tal era la urgencia de invertir que muchos proyectos no fueron apropiadamente estudiados y resultaron ser fracasos. Incluso, para algunas aprobaciones bastaban las órdenes verbales del presidente.

Impresión de dinero

Esta época fue también testigo de la impresión intencional de dinero para mantener el nivel de gasto oficial.

Cuando se imprime dinero de más, lo que se produce es inflación, la que era de 2.6% en 1972, al inicio del período en estudio. Pero que después creció exorbitantemente.

Es importante entender que si se cree que la solución es un gobierno que gasta más, el gobierno debe hacerse de dinero por diversas fuentes: contratar más deuda pública, interna y externa, imprimir dinero y cobrar más impuestos.

Esto último se intentó con Echeverría, pero la reforma fiscal propuesta no prosperó.

Crecimiento iniclal

En 1972 el PIB creció más de 8%, una gran cifra y el PIB per cápita 5%, otra gran cifra.

Es decir, los resultados iniciales del mayor gasto gubernamental suelen ser períodos de gran crecimiento, lo que da la apariencia de haber solucionado el problema económico y, desde luego, produce la popularidad del gobernante que lo hace.

Sin embargo, la solución no puede durar mucho y en este caso sucedió lo inevitable, la crisis de 1976.

Inversión en descenso

La inversión privada durante el período fue descendiendo.

Durante el sexenio del presidente Echeverría mucho de ese descenso se debió a la gran tensión que se dio entre el gobierno y los empresarios, en mucho ocasionada por el giro político hacia la izquierda que el gobierno había dado.

Este es otro de los rasgos del populismo mexicano, el enfrentar y producir animosidades entre sectores de la población. Echeverría claramente se colocó en contra de los empresarios del país y ello produjo una situación poco propicia a realizar inversiones.

La segunda crisis

En septiembre 1982 hubo una gran crisis, la que incluyó una devaluación de la moneda.

Como parte de las medidas de emergencia por la crisis, el gobierno de López Portillo decretó un aumento de emergencia de los salarios: 23% de aumento, lo que fue interpretado por los expertos como una pésima señal.

Además, la banca mexicana se expropia y pasa a ser propiedad del gobierno; se decreta el control de cambios. Estas no son señales de tranquilidad para los inversionistas y los ahorradores.

La inflación era de casi 100% anual y seguía aumentando. La deuda externa era de más de 80 mil millones de dólares, casi 70% contratada por el gobierno.

Antes de la crisis hubo crecimiento

La segunda mitad de esta época tuvo un gran crecimiento económico también: el gobierno de López Portillo tuvo los resultados inmediatos que ocasiona un gran gasto gubernamental. Las cifras son impresionantes. De 1977 a 1981, la economía creció casi 8% anual.

Esta situación fue lograda por la expansión del gasto público, muy en especial por las inversiones petroleras que incentivaron a las inversiones privadas.

La demanda interna de México creció significativamente. Las exportaciones de petróleo, ahora con precios más elevados, llenan de divisas al país. El presidente López Portillo llegó a declarar que el problema de México es “administrar la abundancia”.

Antes, hacia mediados de 1981 el petróleo inicia un descenso en el precio, una eventualidad que el gobierno no había previsto.

La respuesta del gobierno ante esta reducción del precio del petróleo fue incrementar la intensidad del gasto público y contratar más deuda externa… lo que empeoró el problema.

La herencia

Parece haber poca duda en el sentido que la época del populismo mexicano dejó a México con una herencia enorme de deuda. Y también el haber perdido la inercia de crecimiento que era necesaria para procurar empleo a una población joven creciente.

Si el tiempo del Milagro Mexicano es visto con cierta nostalgia por quienes la vivieron, las presidencias de Echeverría y López Portillo son vistas con disgusto.

Ellas produjeron crisis severas y un aún mayor disgusto con el sistema político mexicano.

La lección aprendida es simple: el gasto del gobierno no puede ser un detonador sostenible del crecimiento económico. Al contrario, la expansión económica producida por medios artiificiales termina en una crisis económica.

Durante estos años se mantuvieron las políticas económicas de sustitución de importaciones, es decir, se siguió aplicando el proteccionismo al que se añadió una en el populismo aún mayor dosis de nacionalismo.

La autosuficiencia era una prioridad y las relaciones internacionales enfatizaron las alianzas con las naciones del “tercer mundo.”

En Demagogia y Populismo hay un breve artículo que analiza la conexión entre ambos conceptos y que ayudará a su mejor comprensión.

Y una cosa más…

Muchos de los datos de este resumen fueron tomados del libro de Enrique Cárdenas La Política Económica de México, 1950-1994. Fideicomiso Historia de las Américas, Serie Hacienda, Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México. 1996. Este material fue preparado como un texto para alumnos de un curso de México y su desarrollo que pro primera vez tratan el tema.

[La columna fue revisada en 2019-07]