Es posible aprender Economía en todas partes. En en un bar y también en un supermercado. En cualquier lugar existe aprendizaje económico. Todo lo que se necesita es observar a la conducta humana y pensar un poco.

12 minutos

Introducción

Una idea sencilla, pero no simple. Basta con observar a las personas, la conducta de ellas, en cualquier parte, para entender que es posible aprender Economía en todas partes.

A continuación presento esta idea, primero con alguien tomando una copa en un bar. Un poco de observación y otro de reflelxión ayudarán a remediar la frecuente ignorancia económica.



1. Aprendizaje económico en un bar con un vodka

Pide usted al mesero un vodka en las rocas con la intención de remediar la ignorancia económica. El trago cuesta 100 pesos. Usted se pone a pensar. Navega por Internet y encuentra que un litro líquido equivale a 33 onzas de líquido.

Es decir, esa botella de vodka es vendida por el bar en 3,300 pesos (faltando descontar pérdidas y desperdicios). Sin embargo, usted sabe que esa marca de vodka, en el supermercado, cuesta 500 pesos.

La comparación es inevitable. El bar la vende en 3,300 y su costo es de 500 (seguramente menos en precio de mayorista). La «utilidad del bar» es la diferencia: 2,800 pesos si cada onza es vendida en 100 pesos (pura ignorancia económica).

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Un abuso, ganancia excesiva, propietario ladrón

La primera impresión es esa, la de haber sufrido un abuso pagando un precio exhorbitante. Pero, pensándolo más, hay un aprendizaje económico.

¿Acaso no ha comprado usted en el bar algo más que una onza de vodka a 100 pesos? Por supuesto. Usted ha comprado mucho más que eso.

Ha comprado agua tónica, hielo, limón, vaso, silla, mesa, mesero, luz, aire acondicionado, piso, techo, servilletas, limpieza. Muchos elementos tangibles e intangibles que en total el propietario del bar creyó que el cliente estaría dispuesto a pagar con 100 pesos por onza.

La reacción del destilador de vodka

El fabricante de la bebida tampoco puede quejarse de que el bar vende su vodka en 100 pesos la onza en ese bar. Él podría hacerlo si abre un bar similar al otro y ofrece lo mismo. Al contrario, está contento que ese bar compre y venda su marca de vodka.

Y ahora una cafetería

El productor de café está en la misma situación. No puede alegar que las cafeterías venden su café a precios mucho mayores que su precio de venta. Cada uno vende cosas diferentes.

Uno vende el café en grano, pero otro vende el café en un establecimiento, que es muy distinto.

Si alguien quiere tomar una onza de vodka a 15 pesos, que vaya al supermercado, lo compre y luego abra la botella y sin vaso, al aire libre, beba de la botella. Si va a su casa, usa un vaso, hielo, agua tónica, el costo será mayor, aunque no se dé cuenta.

Lo mismo va para una hamburguesa. Tomemos un kilo de carne molida a 150 pesos, con la que se hacen 10 piezas, con un costo unitario de unos 15 pesos.

Si la misma hamburguesa se vendiera en un restaurante a 60 pesos, se creería, erróneamente, que la utilidad es de 45 pesos. Se olvida el pan, los aderezos, el cocinero, la parrilla, el gas, el empaque, la cajera, el mesero, las sillas. De nuevo, un error de ignorancia económica.

De regreso al bar

Para la segunda onza de vodka que usted ha bebido en el bar ya ha llegado a esas conclusiones anteriores y empieza a alcanzar su meta, remediar la ignorancia económica.

Pero, siga pensando y verá otro de esos pequeños detalles que todo lo cambian.

Los costos le importan un comino

Y se sigue aprendiendo de Economía: en realidad a usted poco importan los costos de producción de un bien.

Lo que en verdad usted toma en cuenta es su valoración del la onza de vodka en ese bar. Si piensa que vale 100 pesos la onza, usted la comprará. No le importará si ella tuvo un costo de 10 pesos o de 140.

Conviene aclarar estas cosas porque aún predomina la idea de que los costos de producción son los que determinan los precios de venta de los bienes y que los precios justos son los que suman una utilidad razonable a los costos de producción.



Los precios que el comprador está dispuesto a pagar determinan los costos

En la segunda copa, se ha aprendido esta lección de Economía. Son los precios que el comprador está dispuesto a pagar lo que determina los costos.

El dueño del bar cree que puede vender sus tragos a cierto precio y sobre eso calcula sus costos. No al revés como suele creerse.

Por eso es irrelevante ver el costo del vodka en un bar sin considerar los costos adicionales, pero sobre todo porque lo que vale es la disposición del cliente a pagar esos 100 pesos, quizá más, quizá menos.

Continuamos en el bar

Ahora, tomando la tercera onza de vodka, y la última, un par de horas después, usted ha llegado a un punto clave de aprendizaje económico y la ignorancia económica está siendo perdida.

Ya comprende por qué es común entre gobernantes que se cometan dos errores.

  • Uno es el creer que el costo de un filete de pescado en un restaurante es igual a lo que vale ese mismo pescado en un mercado a la orilla del mar.
  • El otro error, aún mayor, es creer que los costos de producción determinan los precios que los bienes deben tener.

Sería como pedirle a un pintor famoso que pusiera precio a sus cuadros de acuerdo con lo que le costaron la tela y las pinturas que usó. Imagine usted que se venda una pintura de C. Monet al costo de producción más 25% de ganancia.

Todo esto prueba que un viendo la realidad de un bar y con un poco de perspicacia es posible remediar la usual ignorancia económica.

Un aprendizaje de Economía muchas ocasiones más provechoso que sentarse frente a un profesor que traza curvas incomprensibles y anota fórmulas enigmáticas. O, pero aún, de uno que habla de explotación y plusvalía.

La Economía es una ciencia del comportamiento humano que está al alcance de todos y que resulta en extremo agradable cuando ella se examina con un vodka frío esperando que lleguen los amigos.

Idea

«No es un crimen ser un ignorante en ciencia económica, que es, después de todo, una disciplina especializada […]. Pero sí es totalmente irresponsable tener una opinión extrema y vociferante en temas económicos mientras que se está en ese estado de ignorancia».

— Murray N. Rothbard

2. La ignorancia económica de una cantante

Una cantante, señalaba hace tiempo que ella había grabado un disco con cierto tipo de música y que lo había hecho «por mero negocio porque a las disqueras lo que les interesa es vender».

Son estas ideas claros ejemplos de eso que mantiene pobres a muchos países: el desprecio de lo comercial y de lo económico.

Es la misma mentalidad que indica que quien tiene fines de lucro es despreciable y bajo, un vulgar que pone atención en lo que es inferior. Quien así piensa y actúa no sorprende que sea pobre y provoque miseria.

Otra oportunidad para aprender Economía

Cuando una empresa contrata a un cantante y realiza una grabación, con ello espera vender y tener utilidades, porque así ella se sostiene. Y se sostiene complaciendo a esos a quienes ha convencido de comprar el disco.

La cantante gana dinero. Todos se benefician. Despreciar eso es querer ser pobre por diseño. A los artistas, igual que al resto de quienes trabajan, les interesa que sus productos y servicios se vendan, cuanto más, mejor. Tachar eso de inmoral o de despreciable es miopía pura.

¿Cómo actuaría un altruista absoluto?

Póngase usted en el lugar de quien tiene como única ambición en la vida dar de comer a los pobres. Eso es todo lo que quiere y nada de criticable hay en eso, al contrario.

¿Cómo actuaría usted en ese caso? Lo que esta persona haría sería lo lógico: intentar maximizar hasta donde sea posible sus ingresos porque únicamente así sería posible cumplir la meta de dar de comer a los pobres.

¿Tendría que aprender de Economía? No, para nada. Esa persona actuará dándonos una lección de aprendizaje de Economía.

La persona compraría la comida a un cierto proveedor y si lo hace con inteligencia, tratará de obtener de él los mejores precios y condiciones de venta para aprovechar de manera eficiente su dinero. Tendría un comportamiento económico lógico: maximizar sus ingresos todo lo posible.

Intentaría vender todo lo que pueda para así elevar el número de comidas dadas a los pobres. El razonamiento económico de esta persona sería igual que el de quien quiere entretenerse con los más execrables placeres y las más bajas pasiones.

El comportamiento económico sería igual, aunque haya diferencias enormes en los objetivos que cada una persigue. Ver a los negocios y al lucro desde una posición de superioridad intelectual es tonto.



¿Y los intelectuales? Ellos no han aprendido Economía

Quizá sea esto un reflejo de la influencia de muchos intelectuales latinoamericanos que han popularizado la idea de menospreciar lo relativo a la economía.

Hacen de lado a los negocios, viéndolos como reprobables ocupaciones, indignas de gente superior como ellos.

Porque resulta que padecen ignorancia económica quienes expresan quejas agudas sobre la pobreza y no se dan cuenta de que esaa ignorancia es buena parte de lo mismo que quieren resolver.

La Economía es una ciencia, fascinante, que estudia a la conducta humana con inteligencia y sentido común. Menospreciarla ignorándola como algo vulgar, alejado de los intereses más nobles, tiene su precio. Ese precio es la miseria.



3. Aprendiendo Economía con mostaza y una sonrisa

Entrar a un supermercado es una de las oportunidades mayores que se tiene para conocernos. En cada carrito de la tienda, los productos seleccionado son lecciones sobre la naturaleza humana.

Vea usted a la persona que compró un kilo de salmón, o a la que compró un cereal para niños, o una botella de vino, o una mayonesa.Todas ellas, sin darse mucha cuenta, analizaron sus recursos, pesaron opciones, usaron información, valoraron costos y tomaron una decisión en cada compra.

Hicieron todo eso con una idea en su mente: llevar al máximo su satisfacción.



Decisión, acción y objetivo

Por supuesto, cada persona definió ‘satisfacción’ a su modo. El queso roquefort que compré habría sido para muchos un atentado a su olfato. Para mí, el vino dulce que otra persona compró, es un delito culinario.

Es una maravilla. Miles de opciones. Miles de gustos personales. Para otros es algo odioso y repelente, irracional.

La verdad es que es muy racional. Usted, en el supermercado, cuenta con ciertos recursos, tiene ciertos objetivos, tiene cierta información, está en cierto lugar a cierta hora, y combina todo eso en una decisión: la compra de una cierta marca de mostaza.

Por supuesto, ni usted ni nadie tiene la información perfecta, y perdería el tiempo buscando la decisión óptima (sería costoso en extremo).

El cúmulo de millones de decisiones en diferentes lugares y tiempos es lo que dará un total que alguien verá en una cifra acumulada: las ventas totales de esa marca de mostaza.

Pero esa cifra no podrá jamás mostrar la riqueza de circunstancias en cada compra individual. Esta es la diferencia entre microeconomía y macroeconomía. Otra lección en nuestro aprender de Economía en cualquier parte.

Racionalidad de compra

Racionalidad práctica, aplicada en circunstancias de incertidumbre, aceptando riesgos de equivocación, siguiendo estilos personales de compra, buscando satisfacción definida por cada quien.

Y algo sorprendente: al salir, cada comprador estará en una mejor situación que la que estaba cuando entró.

No solo el comprador, también los dueños de la tienda y sus empleados. También los proveedores. Hasta los burócratas estarán contentos porque cobrarán los impuestos de esas ventas.

Una sonrisa causada por miles

La sonrisa del comprador, al salir de la tienda, es el resultado de un proceso que es interminable si se trata de ver su origen. Piense usted en el estante en el que se encontró la mostaza que compró.

Esa repisa tiene varios componentes. Uno de los más simples son los tornillos que sirvieron para armarlos. Fueron fabricados por alguien. Ese alguien necesitó máquinas y materiales y empleados. Tomemos el material, digamos que es acero.

Alguien produjo el acero, lo que nos lleva hasta minas en alguna parte, de donde otras personas y otras máquinas extrajeron los minerales. Los mineros llevaban cascos protectores, que fueron hecho por otros, que necesitaron plásticos y máquinas que les dieran forma… todo y más para que alguien pudiera ponerle mostaza a un hot-dog.

Es una maravilla, un proceso tan limpio y que funciona tan bien, que pocos se dan cuenta de lo eficiente que es. Si funcionara mal, como algunas computadoras, nos daríamos cuenta.

Pero da tan buenos resultados que lo ignoramos. Es como tener tanta salud que dejamos de pensar que la tenemos. Sí, tiene algunas fallas y desajustes, pero funciona muy bien.

En los supermercados se aprende de economía y en este caso, puede verse una lección clara: la economía no puede ser planeada por una persona, ni siquiera por un grupo de sabios. No saben lo que nosotros sabemos.


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[Actualización última: 2021-04]