Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hacer el Bien Sin Saberlo
Selección de ContraPeso.info
1 noviembre 1997
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: AmaYi
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Tal vez usted esté de acuerdo con la apertura comercial y la globalización, tal vez no. Las opiniones sobre el comercio libre son variadas. Demasiadas veces esas opiniones son sustentadas más con emociones que con razones.

Por eso conviene conocer la opinión de Smith. No es nueva, fue publicada en 1776 en un libro que cambió al mundo. Lo que el autor ofrece es un punto de vista sencillo, el de la economía de una casa. Después de todo, ése es el origen de la palabra Economía, el manejo prudente de los recursos de una familia.

La obra de Adam Smith consultada para esta carta fue Smith, Adam (1993). WEALTH OF NATIONS [1776] A SELECTED EDITION. (Kathryn Sutherland). Oxford. Oxford university press. 019281765, Book IV, Chapter II, pp. 288-294. Smith (1723-1790), escocés, profesor de la Universidad de Glasgow, es conocido como el fundador de la Economía Moderna. También es autor de The Theory of Moral Sentiments.

Smith empieza diciendo que la importación de bienes extranjeros puede restringirse por medio de altos aranceles, o bien por medio la total prohibición de esa importación. Lógicamente, la producción de esos bienes se hará dentro del país.

En otras palabras, el monopolio del mercado nacional se da a la industria nacional. El efecto de esa medida de restricción o prohibición de importaciones es lógico también.

Se trata de una gran promoción a la industria que la goza. Esa industria ocupará ahora más recursos y dará más empleos. Pero el que crea que restringiendo las importaciones puede dar impulso a la industria nacional, está en un grave error.

Smith dice que esa restricción hace crecer a quienes producen los bienes restringidos, pero eso no significa que de esa manera se haga crecer a la industria de todo el país, ni darle una mejor dirección a la economía total.

Ninguna regulación de comercio puede darle más industria a un país que la cantidad de industria que le permiten sus recursos y su capital. A lo más que puede aspirar una regulación de la actividad económica es a orientar al capital a donde de otra manera no hubiera ido.

Peor aún, esa regulación, que es artificial, no necesariamente da una mejor orientación al capital que la que se hubiera logrado de manera espontánea, sin regulaciones.

Para probar la afirmación anterior, Smith razona de la manera siguiente. Todos los hombres tratan siempre de encontrar el mejor uso para el capital que poseen. En esta búsqueda del mejor uso toman en cuenta su propio bienestar, no el de la sociedad.

Precisamente por esa razón es que los hombres son llevados a preferir lo que es mejor para la sociedad. Buscando su propio bienestar los ciudadanos, sin quererlo, terminan haciendo el bien a la sociedad.

Eso es así, por varias causas. Una de ellas es la preferencia de usar el capital lo más cerca de uno. Por eso es que se prefiere invertir en el país y no en el extranjero, a menos que la utilidad en el país sea muy inferior a la utilidad en el extranjero.

Conocemos mejor nuestro propio país, sus personas, sus costumbres, sus leyes. Ante utilidades similares, preferimos al propio país y así hay un impulso al empleo y a la industria nacional.

Segundo, dirigiremos nuestro capital a la industria que más utilidades nos pueda dar. Siempre trataremos de maximizar nuestras utilidades y nos atraerán las oportunidades de industria que las dé.

Eso precisamente es lo que hace que la persona dirija su esfuerzo a aumentar los ingresos de toda la sociedad. Buscando los máximos ingresos propios aumentamos los ingresos de toda la sociedad.

El punto de Smith es que hacemos eso que es bueno para la sociedad sin darnos cuenta de ello. Al preferir a la industria nacional buscamos nuestra seguridad. Al buscar máximas utilidades buscamos nuestro beneficio. Pero haciendo eso, sin quererlo expresamente, logramos un bienestar general.

Parece como si una mano invisible nos guiara promoviendo algo que no era nuestra intención original. Al buscar nuestro propio beneficio con frecuencia promovemos el interés de la sociedad más y mejor que si lo hubiéramos buscado intencionalmente.

Smith hace consideraciones adicionales sobre las regulaciones gubernamentales del comercio y la economía. Dice que los ciudadanos están mejor preparados que los gobernantes para elegir el tipo de industria a la que quieran dedicar su capital y esfuerzo personal.

Más aún, el gobernante que se atreviera a dirigir a las personas acerca de la manera en la que ellas deban usar sus capitales, toma sobre sus hombros una carga que le es innecesaria. Ese gobernante que pretende regular la actividad económica asumiría un poder que por seguridad de los demás no debe ser dado a nadie.

Sería muy peligroso poner ese poder en manos de alguien lo suficientemente pretencioso como para querer ejercitarlo.

Ahora Smith enfatiza su conclusión. Es peligroso, pero también inútil, dar el monopolio del mercado nacional a la industria nacional prohibiendo o restringiendo las importaciones. Esa es una manera de dirigir artificialmente el uso de los capitales de las personas.

Supongamos que los bienes producidos dentro del país son igual de baratos que los productos extranjeros, entonces la regulación es inútil. Y, si la mercancía extranjera es más barata, entonces la medida es dañina.

Aquí el razonamiento de Smith es de mero sentido común, pues dice que lo que es bueno para la economía de un hogar, no puede ser malo para la economía de una nación. En ninguna casa se hace dentro lo que sale más barato comprar afuera.

El zapatero no hace su ropa y el sastre no hace sus zapatos. Lo que sucede es que al importar lo que sale más barato en el extranjero, la industria nacional busca por sí misma las maneras en las que el capital nacional puede ser mejor empleado. Ese capital nacional no es bien empleado cuando se le usa para hacer lo que en otra parte es más barato.

Dicho de otra manera, prohibir o restringir la entrada de mercancía extranjera más barata que la nacional es una medida que reduce y merma el ingreso de toda la sociedad.

Smith reconoce que la industria que es protegida por medio de prohibiciones de importación, puede con el transcurso del tiempo llegar a producir a iguales costos que en el extranjero. Pero, insiste, eso no significa que el total de la industria nacional haya aumentado por causa de la regulación de comercio.

La industria entera de un país puede aumentar sólo en la proporción en la que aumenta su capital. Su capital sólo puede aumentar en la proporción en la que pueda aumentar su ingreso.

Lo que sucede con las medidas de prohibición de importaciones es la disminución del ingreso. Esta disminución del ingreso hará que el capital entero de la nación no aumente. Sí habría aumentado al seguir cada persona tomando sus propias decisiones sin interferencias, encontrando de esta manera su empleo natural.

La paradoja es fascinante. Por un lado, los gobiernos llenos de buenas intenciones y de loables propósitos causan grandes males con sus regulaciones económicas.

Por el otro, los ciudadanos, con sus preocupaciones personales y sus decisiones individuales, producen grandes beneficios. Las buenas intenciones de la regulación gubernamental producen daños a la nación, lo contrario de lo que intentan.

Y el supuesto egoísmo de los individuos acaba por producir grandes beneficios a todos.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Hacer el Bien Sin Saberlo”
  1. Contrapeso » La Codicia es Humana




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