Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Buena Desigualdad
Selección de ContraPeso.info
1 julio 2000
Sección: DERECHOS, Sección: AmaYi
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El tema de la igualdad y los derechos humanos es fascinante y ha sido tratado en cartas anteriores (El filo de la Igualdad, Justicia social). Ahora es turno de ver otra idea, una concepción de la igualdad humana, quizá más amplia que las ideas anteriores, la del Catecismo Católico. El libro consultado para esta fue Iglesia Católica (1992). CATECISMO. Madrid. Asociación de editores del catecismo. 8428811121, Justicia Social, pp 430-434, nos. 1928-1948.

El tema tratado en esos apartados es el de la justicia social.

Inicia con la aseveración de que la sociedad puede asegurar y consolidar la justicia social cuando se dan condiciones en ella que hacen posible dar a cada persona o institución lo que le es debido de acuerdo a su naturaleza propia.

De hecho, se afirma, la justicia social está asociada con el bien común y con la autoridad.

Con ese inicio, sin duda vago y abstracto, el libro en esta parte aterriza en una idea muy específica y concreta, la de la dignidad trascendente del hombre; en pocas palabras, el hombre es el último fin de la sociedad.

La justificación de la sociedad es el hombre. La persona humana es un ser merecedor de respeto pues tiene derechos que se derivan de su dignidad.

Es decir, el punto de partida es la idea de la persona humana como poseedora de dignidad y merecedora de respeto, lo que tiene implicaciones serias.

Esos derechos de la persona son anteriores a la sociedad, lo que quiere decir que los derechos de la persona se imponen sobre la sociedad. Más aún, la misma legitimidad moral del gobierno está sustentada en esos derechos de la persona, derivados de su dignidad.

Es posible, por tanto, concluir que si se diera el caso de una autoridad que despreciara o ignorara esos derechos de la persona, se estaría frente a un gobierno que ataca a su propia legitimidad moral.

La autoridad que deja de respetar con sus acciones esos derechos sólo puede recurrir a la fuerza si es que quiere que los ciudadanos la obedezcan; la violencia es el recurso del gobierno que viola la dignidad de la persona.

Y la Iglesia tiene el deber de recordar esos derechos provenientes de la dignidad humana; pero distinguiendo esos derechos de reivindicaciones o activismos que sea falsos y abusivos.

La persona humana es digna en sí misma, de esta dignidad se derivan derechos que deben ser respetados y que se imponen sobre la sociedad. La sociedad y el gobierno están al servicio de la persona.

Continúa el Catecismo diciendo que el respeto a la persona es un principio igual al que establece que cada persona debe considerar a su prójimo como otro yo, dando atención primero a su vida y a la forma de vivirla con dignidad.

Resulta obvio que si cada persona es igualmente digna y tiene los mismos derechos, ello significa que yo entienda que los demás son iguales a mí.

Ninguna ley ni disposición del gobierno, por otro lado, puede ser el medio para hacer que desaparezcan prejuicios, actitudes y soberbias que dificultan la vida fraterna en sociedad. La ley puede prohibir y castigar las violaciones de los derechos de la persona, pero no tiene la capacidad para entrar a corregir esas percepciones erróneas que evitan el trato fraterno.

Sólo es posible remediar esos defectos por medio de la caridad, lo que equivale a tener la plena conciencia de que cada hombre debe ser tratado como un hermano, especialmente los más necesitados.

Aún más, esa conducta de caridad fraterna debe ser extendida a las personas que piensan y actúan de manera diferente a nosotros; éste es el principio del perdón de las ofensas.

Pero no sólo eso, pues tampoco es admisible el odio hacia la persona enemiga o contraria; no puede odiarse a la persona, aunque sí pueda odiarse el mal causado.

El paso adicional del Catecismo es la imposición de una obligación moral en cada hombre, sin nadie que ejerza la fuerza para que esa obligación sea cumplida.

Sobre las bases anteriores, el Catecismo inicia ahora el tratamiento del tema de las igualdades y de las diferencias entre los hombres.

Como entrada, es natural de acuerdo a lo mencionado antes, que se considere que todas las personas tienen una misma naturaleza y un mismo origen. Todos somos iguales; sin ninguna distinción, todos hemos sido rescatados mediante el sacrificio de Cristo.

Nuestra igualdad, como se vio, proviene de la dignidad personal y de los derechos que emanan de esa dignidad. De esto es fácilmente concluido que es contraria a Dios la discriminación de los derechos fundamentales del hombre sobre bases como raza, color, lengua, sexo, posición social. Esta es una reiteración de la consecuencia lógica de la dignidad personal, pero hay algo más.

Somos iguales en esa dignidad, pero no puede negarse que las personas difieren en aspectos como edad,  capacidad física, aptitudes intelectuales o morales; somos diferentes también en cuanto a las circunstancias que han influido en nuestra vida para nuestro beneficio o perjuicio; somos desiguales en nuestra riqueza.

Los hombres, en pocas palabras, no tenemos una igual distribución de talentos. Los hombres somos iguales en nuestra esencia pero no puede negarse la realidad, somos diferentes en muchos otros aspectos.

Somos iguales en dignidad esencial, pero somos diferentes en habilidades, edades, talentos circunstancias, fortuna.

El Catecismo afirma que esta desigualdad es parte del plan de Dios, pues así cada persona recibe de los demás lo que ella necesita y no tiene.

Dios quiere que dependamos unos de otros. Ese plan es de la idea de que quienes gozan de talentos propios los lleven y extiendan los beneficios de esos talentos a los demás que los necesitan y no tienen.

Estos aspectos desiguales son las causas que nos imponen obligaciones de magnanimidad, de benevolencia y de comunicación entre las personas. Las diferencias humanas son un incentivo para que los hombres se enriquezcan unos a otros.

Visto de otra manera, no es voluntad de Dios que cada persona sea autosuficiente, que tenga todo lo que necesita; así no podría practicarse la caridad. Añade el Catecismo que existen diferencias que son escandalosas y que afectan a millones, lo que está en contra del plan de Dios.

Las diferencias entre las personas son de hecho parte del Plan Divino que intencionalmente impide que las personas sean independientes. Los hombres, por ser diferentes, nos necesitamos unos a otros.

Sobre lo anterior es que el Catecismo establece el principio de solidaridad, es decir, de amistad, de caridad, de trato fraterno, lo que es una exigencia humana.

Dentro de esta solidaridad, se da una prioridad primera a la distribución de la riqueza y, por lógica, a la remuneración del trabajo, lo que es el fondo del llamado a órdenes sociales más justos en los que esa igualdad humana sea realidad.

Las diferencias entre los humanos son, por tanto, una ocasión de acciones benevolentes, de ayuda a otros, de llevar lo que unos tienen a los que otros necesitan, de extender los beneficios de los talentos personales.

Más aún, afirma que los problemas de tipo socio-económico pueden ser solucionados solamente con la ayuda de todas las formas de solidaridad entre todos los hombres sin importar su condición.

Debe haber solidaridad no sólo entre ricos y pobres, sino también entre pobres y entre ricos, al igual que entre naciones, de lo que depende la paz del mundo.

Termina esta exposición con el establecimiento de una función de la Iglesia Católica: al difundir los llamados bienes espirituales se favorece también el desarrollo de los bienes temporales al que ha abierto vías nuevas.

La difusión de buenos hábitos y el cumplimiento de normas morales, por tanto, tiene un beneficio también terrenal.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “La Buena Desigualdad”
  1. Liberalismo: Algunas Precisiones | Contrapeso




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