Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Nueva Época
Eduardo García Gaspar
26 diciembre 2003
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una práctica común el dividir al total de personas de una sociedad en grupos homogéneos que tienen alguna característica en común.

Los grupos formados suelen llamarse segmentos. Y así, por ejemplo, se habla del segmento de jóvenes, del segmento de gente urbana, del segmento de personas con ingresos medios y demás.

Déjeme proponerle algunos segmentos un tanto diferentes a los tradicionales.

Si tomamos a la población mundial, me parece, podemos encontrar un segmento pequeño al que llamaré los “misioneros”. Su característica es precisamente ésa: ellos viven realizando una cruzada a favor de su causa, la que ellos hayan seleccionado.

Toda su labor es la de apoyar la creencia que ellos consideran que justifica su vida. No es un segmento nuevo, ha existido con vaivenes en toda la historia.

El ejemplo más obvio de este segmento son los misioneros cristianos, de cualquier denominación, que realizan la divulgación religiosa de ese credo. Todos los conocemos y los vemos como parte de la vida corriente.

Sin embargo, a ese segmento misionero se ha añadido otro grupo misionero de diferente naturaleza, muy diferente, el grupo de los extremistas fanáticos.

Hasta aquí, lo que propongo es la existencia de un segmento llamado misionero y que éste pequeño segmento mundial se puede a su vez dividir en dos grupos. Uno de ellos, ya lo dije, es el de los misioneros religiosos que persiguen la conversión de las almas a la religión verdadera y que ahora realizan su labor en todas partes del mundo.

El otro de ellos es en el que quiero poner mi atención en esta columna. Es un grupo dentro del segmento misionero, pero que actúa diferente y tiene intenciones diferentes. Es el grupo de los extremistas fanáticos.

Analicemos ese grupo.

Los extremistas fanáticos se diferencian de los misioneros religiosos, desde luego, en el hecho de que los primeros no tienen una misión religiosa, no pertenecen a ningún credo y la misión que se han asignado es netamente terrenal.

Sin embargo, ellos actúan con mayor celo, pues se sienten poseedores de una verdad que deben imponer a los demás, incluso por la fuerza. Y ésa es una característica muy propia de ellos, el uso de la violencia para alcanzar sus objetivos.

Los fanáticos extremistas tradicionales son conocidos, muy conocidos. Son los grupos unidos por ideas políticas totalitarias, casi siempre socialistas, como los castristas, los comunistas y demás ideologías testarudas, que solamente pueden llevarse a la realidad por la vía de la imposición violenta.

En eso no hay novedad. Pero a ellos se han unidos nuevas ideologías, igualmente tercas, que tienen sus propias agendas, como el grupo de los ecologistas fanáticos, al estilo de Greenpeace y Sierra Club, con ramificaciones y conexiones a acciones ilegales.

Por identificación de ideologías, a los extremistas fanáticos se han unido personas igualmente recalcitrantes que pertenecen a alas extremas de partidos políticos y, desde luego, movimientos clandestinos ligados a actividades terroristas.

Son misioneros, sí, pero muy diferentes a los tradicionales que conocemos. Estos misioneros son violentos, están dispuestos a matar y ser matados con tal de que se hable de ellos.

Mi punto, al final de esta segunda opinión, es reconocer que existe ese grupo dentro del segmento misionero y que no se trata de personas pacíficas, sino lo contrario exactamente.

Esto, para nuestro conocimiento, ha abierto una época nueva en nuestra historia. De los tiempos de la Guerra Fría hemos pasado ya a la época del Fanatismo Radical, cuyas características se perciben muy claramente.

Atentados terroristas a escalas jamás vistas con víctimas civiles en todas partes del mundo, orientadas en contra de países que sostienen ideas contrarias. Indoctrinación institucional a juventudes nacionales de países con gobiernos simpatizantes.

Protestas itinerantes que van a todos los países. No es un bonito panorama el que nos han creado esos fanáticos extremistas.

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