Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Economía de Todos Los Días
Leonardo Girondella Mora
5 diciembre 2005
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
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Una buena lección de economía es entrar a un supermercado y contemplar la cantidad de productos disponibles. ¿Quién ha hecho posible es acceso? ¿Cómo, cuándo, dónde, por qué se tiene ese acceso? ¿Por qué no existe algo igual en todas partes?

Quizá sea ésa la primera lección de economía en la actualidad —igual a la que está contenida en los avisos de compra-venta de los periódicos. No es un conocimiento privilegiado, no debe serlo.

Lo opuesto —debe ser un conocimiento masivo, parte de la cultura necesaria en un ciudadano. Son ideas de sentido común, pero que deben ser pulidas para explicar mucho de lo que sucede alrededor. Siquiera una pequeña noción de economía puede elevar al ciudadano al explicarse cosas como los cambios en los precios, el efecto de los impuestos, el papel del gasto de los gobiernos, los impactos de los reglamentos burocráticos, las causas del empleo y también, el por qué de esos supermercados.

Lo que la economía hace dar poder para explicar mucho de la vida diaria, incluyendo la más antigua de las preguntas económicas. Adam Smith (1723-1790), publicó su famosa obra La riqueza de las naciones en 1776, con un largo título original que es Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (Smith, 1993). Lo dice todo al querer conocer qué es eso que produce prosperidad.

No está mal, especialmente para aquellos que se preocupan por problemas de pobreza, los propios y los de terceros. Smith es considerado el padre de la economía y lo es en el sentido de crear el primer libro sistemático reconocido.

Pero hay otros, anteriores, que trataron esos temas y donde creo que sobresalen los Escolásticos Tardíos (Chafuen, 1986), más otros mejores que Smith mismo.

El común denominador de todos fue el tratar de explicar la realidad, las razones de lo que acontece alrededor nuestro, cuando tratamos de usar para nuestro bienestar recursos que no abundan. El tema es sustancial e implica responsabilidades gigantescas.

¿Cómo usar los recursos limitados para satisfacer necesidades crecientes e ilimitadas? Responder bien a la pregunta es central —de ello depende nuestro bienestar, el de todos.

Es una cuestión de sentido común, pero que debe ser ampliada con las ideas y las informaciones de muchos otros estudiosos del tema. No se trata de volver a todos expertos en economía, para eso hay estudios especiales.

Sí se trata de que la mayoría conozca siquiera lo más elemental. Muchas obras lo han intentado (Hazlitt, 1979; Landsburg, 1993; Landsburg, 1997; Buchholz, 1989; Cox, 1997; Friedman, 1996; Skousen and Taylor, 1997; Sowell, 2001; Sowell, 2004), dirigiéndose al ciudadano no especializado —su intención es natural, quieren que las personas conozcan más de algo que es elemental.

Sí, la economía ayuda a explicar la realidad y eso permite que sea posible que las personas decidan lo que más les conviene a ellas mismas. Pero la economía también y sobre todo, ayuda a realizar las acciones correctas que a todos permitan vivir mejor. A todos sin excepción. De allí la pregunta original de la economía, qué es eso que logra el progreso.

Armados con conocimientos confiables al respecto, será posible tomar las medidas necesarias para elevar tasas de crecimiento, para crear empleos, para ayudar haciendo lo correcto para aminorar las consecuencias de los desastres naturales, para reducir el número de pobres, para crear medicinas que erradiquen enfermedades.

Son asuntos serios que merecen respuestas serias. Demasiado está en juego para improvisar acciones bajo supuestos falsos, lo que me lleva a una idea central en economía: hay cosas que se ven y cosas que no se ven (Bastiat, 1995), muy relacionada con la idea de los efectos no intencionales (Mandeville, 1970). La realidad puede engañarnos.

Podemos estar dejando de ver lo que más importa. Podemos estar haciendo cosas que nos lleven a situaciones peores que aquella que queremos solucionar. Por eso es que se necesita pulir el conocimiento económico, para entrenar la mente a ver lo que no es sencillo de ver.

El asunto es viejo y está muy bien representado en la vieja paradoja económica. ¿Por qué cuestan más los diamantes que el agua? Sin agua es imposible la vida y podemos vivir sin diamantes, pero los diamantes cuestan más. No tiene sentido. Ya conocemos la respuesta y ella requirió del esfuerzo de seres pensantes.

Lo mismo acontece ahora. Cuando los alquileres suben de precio y los gobiernos establecen control de ellos, la lógica superficial dice que el problema se arreglará —pero no, no se arregla y la situación empeora. Realidades como ésa y sus explicaciones son de ayuda para el ciudadano quien al actuar mejor informado tenderá a mejorar su situación y la de los demás.

Aún hay muchos a quienes legítimamente mueve la existencia de ingresos muy bajos que no permiten vidas dignas, pero que suponen que el remedio está en la sencilla medida gubernamental de elevar los salarios por medio de algún decreto.

La economía, en sus principios básicos, permite explicar por qué eso no es posible y los terribles efectos que se tendrían en caso de implantar tal medida. La economía explica y así ayuda a determinar los efectos que las decisiones tendrán —es por eso que, por ejemplo, se conocen las consecuencias negativas de créditos blandos otorgados por muchos gobiernos.

La idea en la superficie es estupenda, pero analizada con mayor prudencia, resulta negativa (Hazlitt, 1979). Ésa es la gran contribución de la economía, el hacer ver lo que puede suceder si se hace tal o cual cosa —pero también es causa de desesperación.

No es agradable entender que la gran idea de tan laudables propósitos es en realidad una de malas consecuencias. Recientemente, Anne O. Krueger, quien es First Deputy Managing Director del FMI, en una conferencia del National Council For Economic Education, en San Antonio, Texas, dio un ejemplo de esto.

Cuenta ella que en una visita a Sri Lanka, un plan de recuperación por los daños del tsunami era construir 80,000 casas durante 2005. Aunque el plan fue modificado posteriormente, era fácil ver las consecuencias de un plan ambicioso y que sin duda recibió aplausos multitudinarios.

El año anterior sólo se habían construido 5,000 nuevas casas en ese país —construir 80,000 era poco aconsejable. Significaría encontrar materiales, pero también trabajadores, en cantidades enormes. Eso hubiera significado escasez, desabastos y precios enormes.

La economía permite conocer esos problemas de antemano y tomar mejores medidas. La reacción de muchos ante estas “anticipaciones” que la economía da, es comprensible, la desesperación y ella es una mala consejera. La realidad impone sus limitaciones y si son ignoradas, los efectos serán peores.

Sin duda, un gobierno ante una situación económica crítica pensará en utilizar medios como la inyección de dinero en la economía, incluso imprimiendo más dinero —la economía ayuda a explicar las razones por las que eso es contraproducente.

La desesperación, sin embargo, puede ganar haciendo a la prudencia de lado. El punto es muy bien tratado en un pequeño folleto (Sadosky, 1985) al sostener que para ayudar a los pobres deben respetarse las leyes de este universo. Leyes económicas.

Gracias a la economía, y sus leyes, es posible elevar el nivel de discusión, haciendo así posible llegar a conclusiones convenientes para todos. Será de esta manera posible hablar con seriedad si la globalización es positiva, si conviene el establecimiento del impuesto parejo, si los gobiernos deben gastar de más, si la educación universitaria debe recibir subsidios.

En estos y otros temas de igual naturaleza, el ciudadano común debe tener una posición personal sustentada en conocimientos siquiera mínimos.

Si no los tiene, el ciudadano será sujeto de timos y engaños por parte de gobernantes que conquistarán su voto prometiendo lo irrealizable y lo peligroso. Tal sólo esto hace provechoso que el ciudadano posea un mínimo de educación económica, que le evitará caer en trampas. Es una educación vital para tomar decisiones de voto, pero también decisiones al dar caridad, al abrir un negocio, al ahorrar, al comprar, al vender.

La mentalidad ortodoxa diría que la educación económica debe ser dada en las escuelas, pues sería en extremo difícil que los padres de familia la proveyeran. Tal vez tienen razón quienes eso piensan, aunque también ayuda el simple reflexionar cuando se entra a un supermercado —¿qué es lo que hace que allí se encuentre tal variedad de bienes?

Una advertencia no está de más: la educación económica del ciudadano no es la misma que recibe quien estudia la materia en nivel profesional. Nada tan nefasto como introducir al estudiante ocasional a las grandes torturas de gráficas complejas y fórmulas inentendibles.

La economía, puesta en manos de un buen profesor, es una de las materias más divertidas y fascinantes que puedan encontrarse. Está llena de descubrimientos, paradojas y conceptos que encantan al estudiante —y quizá entre esos estudiantes haya uno que otro que lleguen a posiciones gubernamentales en el futuro y apliquen esos conocimientos que sus colegas actuales, muchos de ellos, no tienen.

(Gracias a EGG por el complemento bibliográfico)

BIBLIOGRAFIA

  • Bastiat, Frederic (1995). SELECTED ESSAYS ON POLITICAL ECONOMY. New York. Foundation for Economic Education. 0910614156.
  • Buchholz, Todd G (1989). NEW IDEAS FROM DEAD ECONOMISTS : AN INTRODUCTION TO MODERN ECONOMIC THOUGHT. New York. New American Library. 0453006884.
  • Chafuen, Alejandro Antonio (1986). CHRISTIANS FOR FREEDOM : LATE-SCHOLASTIC ECONOMICS. San Francisco. Ignatius Press. 0898701104 (pbk.).
  • Cox, Jim (1997). THE CONCISE GUIDE TO ECONOMICS. Savannah-Pikeville Press. 1570872929.
  • Friedman, David D (1996). HIDDEN ORDER : THE ECONOMICS OF EVERYDAY LIFE. New York, NY. HarperBusiness. 0887307507.
  • Hazlitt, Henry (1979). ECONOMICS IN ONE LESSON. New York. Arlington House Publishers. 0517548232.
  • Landsburg, Steven E (1993). THE ARMCHAIR ECONOMIST : ECONOMICS AND EVERYDAY LIFE. New York Toronto New York. Free Press Maxwell Macmillan Canada Maxwell Macmillan International. 0029177758.
  • Landsburg, Steven E (1997). FAIR PLAY : WHAT YOUR CHILD CAN TEACH YOU ABOUT ECONOMICS, VALUES, AND THE MEANING OF LIFE. New York. Free Press. 0684827557 (alk. paper).
  • Mandeville, Bernard (1970). THE FABLE OF THE BEES. Harmondsworth. Penguin. 0140400168.
  • Sadosky, James (1985). THE CHRISTIAN RESPONSE TO POVERTY. London. The social affairs unit. 0907631185.
  • Skousen, Mark, Taylor, Kenna C (1997). PUZZLES AND PARADOXES IN ECONOMICS. Cheltenham, UK ; Brookfield, Vt., US. E. Elgar Pub. 1858983789.
  • Smith, Adam (1993). WEALTH OF NATIONS A SELECTED EDITION. Oxford. Oxford university press. 019281765.
  • Sowell, Thomas (2001). BASIC ECONOMICS : A CITIZEN’S GUIDE TO THE ECONOMY. New York, NY. Basic Books. 046508138X.
  • Sowell, Thomas (2004). APPLIED ECONOMICS : THINKING BEYOND STAGE ONE. New York. Basic Books. 0465081436.

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