Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia y Valores
Selección de ContraPeso.info
1 junio 2007
Sección: ETICA, LIBERTAD POLITICA, Sección: AmaYi
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La democracia ha sido exaltada en demasía. Se le considera el logro máximo al que pueda aspirar una nación en su desarrollo político. La exaltación ha creado la idea de que la democracia funciona por sí misma, de que es un proceso que no requiere cimientos ni puntos de referencia. Esta mentalidad es peligrosa y puede destruir al objeto de tanta adoración, a la democracia misma.

El síndrome se padece en el credo político que supone que la democracia debe ser ajena a valores, creencias, o principios —un defecto de muchas de las democracias actuales. Weigel pone en tela de juicio esta creencia y argumenta lo opuesto.

Para sobrevivir la democracia y la libertad necesitan de puntos de referencia, creencias en las que puedan basarse sus mecanismos, leyes y acciones. Sin esas creencias o guías el vacío que ellas dejan es llenado por el poder y la imposición de la fuerza.

La idea de esta carta fue encontrada en la obra de Weigel, George (2001). The Truth Of Catholicism : Ten Controversies Explored. New York. Cliff Street Books. 0066213304, capítulo 9, Is Catholicism safe for democracy?, pp. 157-160.

El libro, por cierto muy recomendable, contiene naturalmente un fuerte contenido religioso, concretamente católico; en las páginas analizadas en esta carta, sin embargo, el autor penetra en terrenos que son relevantes para cualquier persona, de cualquier creencia. La universalidad de estas ideas es lo que las hace aún más atractivas.

Después de un breve recuento histórico sobre el tema del Catolicismo y la democracia en los EEUU, Weigel se adentra en el tema de interés para esta carta y que es el de la democracia y los valores.

Y señala dos posturas al respecto; la de quienes piensan que la democracia debe ser un sistema neutral en cuanto a valores y la de quienes piensan lo opuesto.

La primera postura es la que prevalece en las democracias europeas, Australia, Norteamérica y que también gana adeptos en las nuevas democracias de la Europa oriental.

Es la posición de quien piensa en la democracia como un sistema o mecanismo político indiferente a los valores.

La otra posición, que piensa lo opuesto, requiere una cierta explicación.

Ella se opone a la idea de aceptar la consecuencia de la neutralidad de valores y del escepticismo moral que eso implica.

Para tener una democracia real se requiere un estado de derecho regido por leyes que tengan como origen un concepto correcto de la naturaleza humana; sin este concepto central que guíe a la democracia, se corre el riesgo de manipular a la sociedad sobre la base de otro concepto, el del poder.

La diferencia entre ambas posiciones es, por tanto, clara.

Para unos la democracia debe ser por definición ajena a una base de creencias y para otros ella sí debe tener una base de principio, específicamente sobre la naturaleza humana

Es decir, quienes rechazan la idea de una democracia que no tiene valores están señalando un grave riesgo de esa manera de pensar: la falta de una base sólida, fundamentada en la naturaleza humana.

Si se rechaza esa base, ella será sustituida sin remedio por otra, el poder por el poder. Concretamente, una democracia ajena a valores lleva al totalitarismo.

No lleva al totalitarismo conocido, como el nazismo o el comunismo, sino a uno más agudo y sutil, tanto que sería un nuevo tipo de totalitarismo. Más peligroso porque es menos tangible.

Es fácil ver soldados y prisiones, pero es más complejo entender el peligro de la idea de una democracia cuyos mecanismos carecen de una guía o creencia esencial.

La democracia ha sido entendida como una máquina que se encarga de los asuntos políticos, de las políticas públicas, de las leyes y la aplicación de justicia y poder hacer todo esto sin necesidad de una creencia central, o sea, sin puntos de referencia.

Cuando la democracia carece de ideas que le den sustento y guía corre el peligro de fundamentarse sólo en el poder, quizá en el poder de las mayorías. Este peligro es real.

Si la democracia opera sin una base como la creencia en la dignidad de la persona, por pensar que esta idea es relativa o ajena al sistema, la única manera de resolver los conflictos que se presenten es la imposición por la fuerza.

En una democracia, los conflictos que se presenten tendrán una solución razonada, que viene del principio central que la fundamenta, es decir, la naturaleza humana. Pero si se descarta la existencia de ese valor, los conflictos ya no podrán tener ese tipo de solución, sino una impuesta por el poder.

Por ejemplo, un grupo dentro de la sociedad, bien organizado y activo, podría lograr la creación de una legislación cualquiera que impusiera sus creencias particulares en los demás. El resto, en desacuerdo con esa legislación, se sentirían violados en sus derechos y al mantenerse situaciones como ésta, la sociedad se resquebrajaría.

Para evitarlo, la única solución es el poder impuesto en la sociedad y, por tanto, la pérdida de la libertad.

Todo por carecer de una base o idea central que evite el uso de la fuerza. Es decir, la democracia corre el riesgo cierto de autodestruirse si se piensa que ella es un mecanismo automático que se encarga de la política y que no requiere puntos de referencia que la guíen en la resolución de problemas.

El autor usa un ejemplo para ilustrar esta última idea. El caso de la igualdad como base democrática. Los ciudadanos son considerados por la ley como iguales y sin distinción.

Este punto de referencia, sin embargo, puede ser ignorado si se pone atención sólo en la realidad de un enorme número de personas, todas diferentes en habilidades, talentos y aspectos físicos.

Una democracia que descarte la base de la igualdad esencial humana como punto de referencia corre el peligro de introducir desigualdades reales.

¿Cómo serían las relaciones interpersonales en caso de no existir una idea central acerca de la esencia humana?

Cuando las personas entienden que los demás son seres iguales a ellos, que deben ser respetados, sus conductas serán muy diferentes al caso opuesto. Si las personas no tienen esa idea de dignidad en los demás, sus relaciones estarían llenas de conflictos únicamente posibles de resolver por las vías de tribunales.

En esencia, lo que Wiegel sostiene es simple: una democracia necesita virtudes.

Dentro de un sistema autocrático, el dictador puede ser virtuoso y quizá eso sea suficiente para tener un gobierno bueno. Pero en una democracia se necesita una masa crítica de ciudadanos virtuosos para que en realidad se respeten los derechos de todos.

Si la democracia cree que puede funcionar sin esas virtudes o creencias, el riesgo se hace presente de inmediato y el vacío que dejan esas creencias es llenado por el poder impuesto.

El autor ha ido un gran paso más allá de lo que usualmente se trata al hablar de democracia. Las discusiones al respecto suelen limitarse a los mecanismos de gobierno, a lo político y a lo legal, pero no ponen atención en el aspecto de fondo, la cultura.

La democracia está soportada por una cultura democrática: esa masa crítica de ciudadanos con creencias básicas y esenciales que son los puntos de referencia.

La consecuencia de esta manera de pensar es profunda en extremo e invierte las cosas. Al hablar de democracia suele hablarse en primer lugar del gobierno y lo que dice Wiegel es que del gobierno debe hablarse al último.

Los cimientos de la casa de la libertad, como le llama, son las virtudes de las personas, las que llevadas a su vida diaria forman una cultura democrática y, al último, forman un gobierno democrático. Hacer de lado a las virtudes debilitan la casa. Y de hecho, afirma el autor, hablar de una democracia neutral a los valores es una contradicción en sí mismo.

En otras palabras, las verdades morales son necesarias y la supuesta oposición entre moral y democracia es falsa.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Democracia y Valores”
  1. gabriela Dijo:

    que bueno





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