Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Petición de Su Majestad
Eduardo García Gaspar
24 marzo 2008
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


“La vida no merece ser vivida.”

Una aseveración así, de ser cierta, tendría consecuencias terribles. Si en verdad la vida no merece ser vivida, los asesinos recibirían recompensas, las medicinas no existirían, los nacimientos serían ocasión de lágrimas y los entierros, de regocijo. La frase, sin embargo, es repetida una y otra vez porque no se piensa en su significado concreto, ni en los efectos que ella tendría de ser un principio válido.

Este ejemplo, de una frase tonta, que es repetida sin sentido, fue usado por Chesterton para demostrar nuestra escasa atención en las cosas que decimos y pensamos. Dejamos pasar las cosas sin que ellas sean vistas en su total dimensión. Piense usted en esto, si efectivamente la vida no merece ser vivida, todo nuestro mundo se pondría patas para arriba: sería de gran mérito tomar un coche e ir arrollando peatones al por mayor.

Hace unos días, algo sucedió en México que resulta otro ejemplo de esto que señalo. López Obrador habló el pasado 18 de marzo en el Zócalo de la Ciudad de México. Dijo que si los legisladores mexicanos dan entrada a una iniciativa de reforma energética cualquiera que no sea la de él, sus allegados detendrán al país: cercos a las cámaras de legisladores, a los edificios de gobierno del resto del país, a aeropuertos, carreteras e instalaciones petroleras.

En pocas palabras, si no se hace lo que él quiere, eso “nos puede llevar a más sufrimiento, inestabilidad política y social, al predominio del uso de la fuerza y no necesariamente a la emancipación del pueblo.”

No es desconocida esa forma de pensar del ex candidato presidencial del PRD. Es su forma de entender la vida y al mundo. La cuestión es examinar ahora las consecuencias de esa idea, como antes se vio el significado de la frase de que la vida no merece ser vivida. Lo que esta persona dice es “la vida es un asunto de fuerza y poder.” Para él la vida sí merece ser vivida pero por medio de la fuerza que se usa para lograr implantar en otros la voluntad de uno. En pocas palabras, eso es lo que dice López Obrador.

Si efectivamente fuera esa idea aplicada como principio de vida, entonces usted recibiría felicitaciones por atar de manos y pies al compadre que es fanático del equipo de futbol que usted odia; yo recibiría una medalla por impedir la entrada a su casa de quien difiriera de mis opiniones; el Premio Nobel sería dado al científico que ganara dando golpes al resto de los candidatos; los gobernantes llegarían a sus puestos por medio de una competencia de bloqueos de calles y vías de transporte. Este es el mundo que entiende ese hombre.

Si las cosas se arreglan por medio del uso de la fuerza, entonces se validan y legitiman los sistemas políticos totalitarios y la democracia resultaría un sistema reprobable. Las bolsas de valores funcionarían por medio de golpes que permitieran robar las acciones de sus propietarios. Las naciones tendrían plena legitimidad para bloquear los puertos de sus vecinos.

Ya no se escribirían libros manifestando ideas: Aristóteles tendría que haberse impuesto a Platón por medio de golpes, igual que Aquino a Ockham. Mises y Hayek tendrían que haberse aliado para bloquear las casas de Samuelson y Keynes.

Ese sería el mundo que se tendría si López Obrador tuvieran razón en lo que desea hacer. Porque, si él tiene razón al bloquear calles en caso de que alguien haga cosas que él no quiere, entonces usted tiene todo el derecho de también bloquear calles porque él está haciendo lo que usted no quiere que haga. No son cosas difíciles de entender.

A lo que voy es a señalar que escuchamos frases y vemos conductas a las que no entendemos en toda su extensión y consecuencias. Descuidamos el significado que ellas tienen y por eso corremos riesgos. Si en verdad la fuerza es el principio legítimo que debe usarse para remediar diferencias de opinión, entonces nuestro mundo pondría de lado todo uso de la razón y se impondría la voluntad del más fuerte. Lo que pide ese hombre es, en pocas palabras, un reino para sí mismo, en el que todos hagamos lo que él quiere.

Post Scriptum

Cuando he comentado este punto con algunas personas, el de las consecuencias amplias de las cosas que se dicen, suelo recibir una escasa atención y se me dice que no hay que tomar las cosas literalmente. Esa es una respuesta similar a la del que va en un barco, en medio de una gran tormenta, a punto de naufragar y cree que la tormenta no debe ser tomada en serio. Pocas cosas como sus palabras para comprender a las personas, incluso más que sus acciones. Las palabras muestran revelaciones muy íntimas, que definen a las personas.

Hay más información sobre el tema en Escenarios Mexicanos 2008-2013… y el escenario del Alacrán: Populismo Institucional.


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