¿Es posible construir un mundo perfectamente justo y bueno? El romanticismo político de la sociedad perfecta posible de crear con tan solo seguir los planes de alguien que supone tener la fórmula mágica.

Aunque la respuesta es la obvia, muchas campañas electorales dejan el sabor de que ese mundo perfecto es posible si usted lleva al poder a tal o cual partido político.

Es, me parece, una reacción sentimental ante la realidad que muestra a diario un mundo lejano de la perfección.

Sobre todo, percibido así porque el progreso de los últimos dos o tres siglos ha sido tan espectacular que ha creado esa expectativa de perfección posible.

Primero, una definición necesaria

Entendamos el significado de ‘perfecto’ para poder ir al romanticismo del político que cree posible tener una sociedad perfecta, si es que él la gobierna y todos siguen sus órdenes.

«Que tiene el mayor grado posible de bondad o calidad en su línea […]. Que está en buenas condiciones, sin mella ni defecto […] que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto». wordreference.com

Por tanto, una sociedad perfecta es una en la que realmente no hay problemas de ningún tipo. No tiene defectos, carece de fallas, tiene todas las bondades y ninguno de los males que suceden en otras sociedades.

Lo que nos lleva a ver el por qué llega a creerse que es posible la perfección en la sociedad, lo que conocemos como utopía.

Estamos acostumbrados al progreso

En siglos anteriores a ese progreso, la expectativa de un mundo perfecto terrenal no era considerada.

Ha sido ese progreso de los últimos dos o tres siglos el que ha creado la expectativa de la sociedad perfecta. Y, de paso, ha producido la indignación que ansía al mundo perfecto ahora mismo y desespera ante los fracasos al intentarla.

El progreso real ha creado ese anhelo de un progreso aún mayor que haga posible construir a la sociedad ideal, justa y perfecta. Y hacerlo sin gran esfuerzo.

La idea desnuda indica que existe de que es factible que lo malo que hay en el mundo puede ser anulado usando como instrumento a los gobiernos, a ideologías, a propuestas políticas y económicas. 

Convertidos en una especie de desfacedores de entuertos, quienes tienen la expectativa de la perfección creen con firmeza que es posible solucionarlo todo.

Desde la desaparición de crisis económicas hasta la creación de constituciones morales, los gobiernos son el factótum responsable de construir el mundo perfecto. Como cuando por decreto se piensa que la corrupción desaparecerá.

Es lo que puede llamarse el nuevo romanticismo político, el que se indigna por no tener ya a la sociedad perfecta. Es lo que provoca la desilusión con la democracia.

Estamos desacostumbrados a la imperfección

Por supuesto, en su intento de lograr a la sociedad perfecta no producirán más que un empeoramiento de la realidad que quieren mejorar, incluso con casos que son tragedias humanitarias. La evidencia lo muestra.

Estamos desacostumbrados a aceptar que los humanos somos imperfectos y eso incluye, aunque ellos no lo piensen, a todos los gobernantes sin excepción. Y a todas las ideologías y propuestas de sociedades perfectas.

La libertad de seres imperfectos

Nuestra imperfección es natural, propia de nuestra naturaleza. Permítame introducir un elemento religioso (y que es mucho más racional y mucho menos romántico): nuestra libertad.

En palabras de alguien de sobrada inteligencia

«[…] aunque Dios le da mucho espacio a la libertad que elige el mal (hay demasiadas pruebas de esto, diferentes en cada tiempo), nunca dejará que el mundo se caiga de sus manos». Ratzinger, Joseph Cardinal. Europe Today And Tomorrow (p. 112). Ignatius Press. Kindle Edition. Mi traducción.

Somos libres por naturaleza, lo que necesariamente lleva a concluir que (1) podemos actuar haciendo lo bueno y (2) podemos también optar por hacer el mal.

Mientras seamos libres, por tanto, no tendremos un mundo terrenal perfecto ya que siempre podrá presentarse la posibilidad de malas acciones.

El gobernante también es imperfecto

Pero hay más en esa imperfección. No somos todopoderosos como para poder decir que con un cierto conjuro pronunciado por un gobernante, la pobreza de su país desaparecerá, ni que todos tendrán una gran pensión de vejez.

Tenemos que actuar dentro de las limitaciones propias y de la realidad. Los gobernantes, mucho me temo, son también imperfectos. Resulta un romanticismo político demasiado exagerado el creer que un gobernante podrá crear una sociedad perfecta.

Y tampoco somos omniscientes, no lo sabemos todo de todo. Peor aún, la ignorancia no suele detener a la acción, como la del gobernante que cree que hace un gran bien elevando salarios por encima de inflación, o reduce tasas de hipotecas para que todos tengan casa. Sabemos que eso no da resultados, pero aún así se hace.

Por lo tanto…

Estos son aspectos simples y reales:

  • podemos hacer el mal,
  • tenemos poderes muy limitados,
  • nuestros conocimientos son restringidos y
  • a pesar de saber cometemos errores.

¿Podremos entonces construir un mundo perfecto siendo como somos? El siquiera suponer que sí es ridículo.

Pero eso no detiene al romanticismo emocional que ha invadido a la política, el que promete paraísos terrenales si tal o cual gobernante es llevado al poder.

Es difícil crear un escenario más conducente al totalitarismo que el alimentado por el romanticismo utópico de la política de nuestros días. Ese optimismo sin escrúpulos que padecen tantos.

Sociedad perfecta, persona perfecta

Cuando algún romanticismo político cree posible una sociedad perfecta, en realidad no afirma que esa sociedad lo será. Lo que dice, aunque no se dé cuenta, es que él podrá lograr que las personas sean perfectas.

Lo demuestro en lo que sigue

¿Se necesitarán leyes en la sociedad perfecta?

Realmente no. Toda la idea de «justicia» sale sobrando en esa sociedad en la que todos son amigos y se tratan entre sí como tales, siempre, sin fallar un solo momento.

Ni leyes se necesitan, ni policías, ni tribunales, ni agentes de tránsito en las calles.

¿Es real suponer esa sociedad en la que todos son amigos leales y verdaderos? No, no es real. Ni siquiera dentro de una familia muy bien integrada puede suponerse que jamás existirá un conflicto, o una pelea, o una discusión.

¿Obvio e innecesario hablar de esto? No, hace falta recordarlo porque demasiados suponen que puede ser posible tener una sociedad así, pacífica, armoniosa, perfecta, en la que todos se comportan como amigos fraternales del otro.

Lo siento, pero se necesitan leyes, policías, tribunales, castigos, multas. Por una razón obvia, no somos perfectos. Ni lo seremos.

Cambiar estructuras para ser perfectos

Esta es la crítica usual. Se dice que existen estructuras injustas y que ellas deben ser sustituidas por estructuras injustas. Lo más usual es proponer cambiar al sistema económico injusto y colocar en su lugar a un sistema económico justo (lo que sea que eso signifique).

El más obvio de los planes es cambiar el sistema al que se acusa de todo eso. Llámele capitalismo a ese sistema.

¿Por cuál? Aunque no se especifique, implícitamente se estará diciendo que el sistema se cambie por su opuesto. Y el sistema opuesto es el socialismo, en cualquiera de sus variantes. Eso, se presupone, remediará los defectos que se han encontrado en el capitalismo.

Sin embargo, los intentos realizados hasta la fecha han fracasado cuando intentan eso. Los cambios de estructuras, no son cambios en la naturaleza humana, los que son padecimientos de todo sistema económico.

Cambiar a las personas

Pero hay otro camino, uno que es mucho menos obvio, el de acudir a las personas y desde ellas intentar soluciones. Eso es lo que intentan las versiones de regímenes totalitarios, el romanticismo político que por medio de la violencia impone una versión de la sociedad perfecta.

Cambiar a la naturaleza humana, para tener personas perfectas, no se necesita decirlo es imposible. Pero esa fue la ambición del nazismo y del comunismo.

La imperfección humana es una constante

Los defectos que han servido de crítica al capitalismo, o a cualquier sistema económico o político, no son defectos de ese sistema. Son defectos de la naturaleza humana.

Ella es la que no es perfecta, la que se vuelve materialista, la que deja de ser compasiva, la que rinde culto al dinero y al poder.

No importa el sistema económico o político bajo el que viva una sociedad, los defectos de la naturaleza humana permanecerán como una constante.

Sí, en el socialismo también se tendrá materialismo, atención al dinero, culto al poder, explotación de otros. Todo eso de lo que se acusó al capitalismo lo padecerá también el socialismo, el mercantilismo, el intervencionismo, el estado de bienestar, el socialismo del siglo 21, el de Evo Morales…

Un razonamiento al revés

Se critica a la injusticia de una sociedad cualquiera. Se afirma que la injusticia y los vicios que ella sufre son causados por sus estructuras económicas.

Como consecuencia, se concluye que cambiando a las estructuras desaparecerán la injusticia y los vicios. Este es el romanticismo político que se padece y al que mueve la indignación de no tener una sociedad perfecta.

Ese razonamiento está al revés, exactamente al revés. Es la naturaleza humana, defectuosa e imperfecta, la que realmente ocasiona la injusticia y los vicios. Es la persona la responsable, no el sistema económico ni el político. El error es de consecuencias severas.

Suponga usted que se cambian las estructuras económicas que se cree son injustas y malas. Ahora en esa sociedad ya no hay capitalismo, por ejemplo, sino socialismo. ¿Qué se ha hecho realmente?

Algo gravísimo, se ha retirado responsabilidad a la persona. Se le ha dicho que ella no tiene responsabilidad moral, que cambiando las estructuras sociales ella se convertirá en un ser justo, moral, compasivo.

La mejor sociedad posible 

¿Qué sociedad sería la mejor? La de ese lugar que las personas seleccionarían para vivir. Los migrantes ilustran esto. Emigran a un gran costo para ir a vivir a un lugar que consideran mejor.

Pero esa sociedad tiene una condición, la de ser posible. Eso retira las promesas de utopías y esas sociedades prometidas por políticos en las que ellos resolverán todos nuestros problemas. Adiós al romanticismo político de las propuestas de una sociedad perfecta.

Y tiene una ventaja, la de ponerse a pensar en la mejor sociedad posible, es decir, hacer un poco de filosofía, ese deporte realmente extremo.

Otra condición, la libertad

Otro requisito forzoso, la libertad. Tendría que ser una sociedad de gente libre: libertad política, libertad cultural, libertad económica.

Pero incluir a la libertad supone otra condición, el manejo de esa libertad para su preservación. La manera en la que la gente se comporta, es decir, responsablemente y siguiendo ciertos mandatos morales esenciales y básicos.

Entonces la sociedad ideal posible…

Ella debe tener tres condiciones:

  • ser posible en la realidad,
  • tener libertad general igual para todos y
  • seguir un código moral aplicable a todos.

Eso sería una sociedad democrática con libertades de expresión, religión, educación y libertad económica. Es decir, una república capitalista, para ponerlo en pocas palabras, con alto sentido del deber moral que alimente un sólido estado de derecho.

Una institución lo ha resumido de la siguiente manera:

«El Instituto Acton es un think-tank cuya misión es promover una sociedad libre y virtuosa caracterizada por la libertad individual y sostenida por principios religiosos». acton.org

La sociedad mejor posible en detalle

Sus tres condiciones

1. Esa sociedad tiene que ser posible

Esto significa rechazar al romanticismo político que cree en poder diseñar una sociedad perfecta. Las típicamente propuestas por los socialistas (como el comunismo final de Marx y sus derivados y similares).

La mejor sociedad posible será imperfecta por necesidad. Tendrá injusticia, corrupción, criminalidad, egoísmo y otros vicios más, aunque en montos mínimos pero fluctuantes.

Muchos no apoyan esto y suponen que sí es posible tener sociedades perfectas.

2. Congruente con la naturaleza humana

Una naturaleza libre y racional, lo que manda a rechazar los regímenes que anulan libertades que son las oportunidades del aprovechamiento del talento personal (como los regímenes de alto poder concentrado en el gobierno y, sobre todo, en una sola persona).

Muchos no apoyan esto y suponen que se vivirá mejor bajo gobiernos que retiren libertades a las personas.

3. Un sólido cimiento moral

El que permita el sano manejo de esa libertad individual. Reglas morales que guíen a las personas al decidir actuar y que inspiren a las leyes.

Muchos no apoyan esto y suponen que se vivirá mejor bajo sistemas morales relativistas.

Una conclusión obvia

Las peores sociedades que tendremos serán las que nazcan del romanticismo político que pretenda construir una sociedad perfecta. Por que, para hacerlo, anularán a la libertad e impondrán su propia moral cambiante.

Un libro recomendable sobre el tema

Europe: Today and Tomorrow

Europe: Today and Tomorrow by Benedict XVI

My rating: 4 of 5 stars


Un pequeño libro de un gran intelectual. Es una recopilación de conferencias en varias partes y ocasiones, que en su común denominador hablan de Europa en su dimensión política-religiosa, pero cuyas ideas tienen una aplicación universal, no solo europea. El título le resta el atractivo que tienen las ideas que expone Benedicto.
Los ocho textos son clasificados en tres partes: ¿qué es Europa?, política y moral, y responsabilidad para la paz. La segunda parte, con dos de esas conferencias, es realmente extraordinaria. Interesará a cualquiera que tenga inquietudes políticas, de cualquier signo.
Muy recomendable y posible de leer en poco tiempo. ¡Y luego dicen que la religión y la razón son incompatibles!
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