Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Entre Ciencia e Ideología
Eduardo García Gaspar
16 febrero 2009
Sección: CIENCIA, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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El 12 de febrero, la semana pasada, se cumplieron 200 años del nacimiento de Charles Darwin (1809-1882) y eso dio ocasión a reportajes de su célebre libro, Sobre el Origen de las Especies, de 1859. Pero también dio ocasión a volver al viejo tema de los conflictos entre ciencia y religión.

Suele plantearse, erróneamente, que hay dos posturas únicas, el evolucionismo en contra del creacionismo. En este panorama, los el clisé consiste en ver cómo los científicos se oponen a los religiosos fundamentalistas: un panorama de progreso contra retroceso.

El tema bien vale una segunda opinión. Aclarando el tema, primero, en estos tiempos, casi nadie niega que las cosas cambian o evolucionan. El evolucionismo se refiere en concreto al terreno biológico, al cambio y transformación de los seres vivos y, muy importante, sostiene que todos los seres vivos tienen un mismo origen, un ancestro común. Ese ancestro ha generado en millones de años diferentes especies, desde una almeja hasta un chimpancé, incluyendo al hombre.

El evolucionismo, por supuesto, es lo contrario a la creencia de una interpretación literal de la creación del mundo en la Biblia, que suele llamarse creacionismo fundamentalista. Pero no contradice interpretaciones que no son literales y que también reconocen un proceso gradual de aparición de la vida. El conflicto no es tanto creer o no en cambios biológicos, sino en la hipótesis que hay detrás de ellos.

Hasta donde sé, los evolucionistas tienden más a ver ese proceso de cambio como uno al azar y accidental, que no tiene un propósito ni un sentido. Los creacionistas que aceptan el proceso de cambio biológico afirman que hay un orden y un sentido en él. Esta es una discusión áspera y no tiene tanto de científica como de filosófica.

Resulta muy natural que quienes no poseen creencias religiosas se inclinen por la idea de la evolución accidental y quienes sí la tienen por la idea de la evolución con sentido. Al ateo activista, la evolución biológica le da un arma poderosa. La discusión se complica por la aparición de otra propuesta, la llamada Diseño Inteligente.

El diseño inteligente no parte de creencias religiosas y se concentra en los aspectos científicos como una teoría alterna a la del evolucionismo del que reconoce partes ciertas. Trata temas como el origen de la vida antes de la evolución. Pone en tela de juicio la evidencia de la creación de especies de unas a otras, pero no la de adaptación dentro de las especies (microevolucción contra macroevolución). Y en general tiene un papel  de cuestionamiento científico.

Los problemas se complican cuando lo que podía ser una de las discusiones científicas más prometedoras de nuestros tiempos sale fuera de sus terrenos y se convierte en un duelo de creencias.

Por ejemplo, partidarios del evolucionismo han dicho que la evolución significa que la humanidad es el resultado sin sentido de un proceso aleatorio, que somos accidentes biológicos de la realidad. Esto ya no es propiamente ciencia, sino especulación filosófica y choca de frente con otras creencias filosóficas que parten de lo opuesto, el de la humanidad, y el resto del mundo, como un conjunto de seres con valor propio individual, con propósito, y no accidentes biológicos.

El duelo se ha agravado. Se sabe de varios casos en los que académicos e investigadores han sido dañados, e incluso censurados, por expresar opiniones opuestas al evolucionismo. También, por lo general, los evolucionistas han equiparado cualquier otra teoría alterna como la intromisión indebida de la religión en terrenos científicos.

Las dificultades, por tanto, son producidas en parte por la existencia de explicaciones alternas de la realidad de cambios biológicos más allá de la explicación evolucionista o darwinista. Atenerse a una sola teoría no sería parte de la buena disciplina científica y las explicaciones adicionales tienen utilidad. Las dificultades se crean, sobre todo, por las implicaciones no propiamente científicas de las teorías.

Y esas implicaciones, peor aún, producen simplificaciones que retardan el entendimiento. Un ejemplo de esto ha sido la nueva mención de la rivalidad entre ciencia y religión, como si una en realidad tuviera como propósito negar a la otra. O como si un cierto consenso científico fuese prueba irrefutable de la verdad de una explicación científica.

En fin, es otro caso muy humano, en el que lo que podía ser una aventura placentera de descubrimiento de la verdad, se ha convertido en una agria discusión emocional en la que se ha acudido al gobierno para que decida lo que es verdad.

Post Scriptum

Para el que se inicia en el tema, puede ser recomendable la lectura de dos obras introductorias:

• Krukonis, Greg, PhD, and Tracy Barr. Evolution for Dummies (for Dummies (Math & Science)). For Dummies, 2008. Sostiene a la evolución como totalmente cierta e incluso como una explicación necesaria para entender muchos otros sucesos.

• Wells, Jonathan. The Politically Incorrect Guide to Darwinism and Intelligent Design. Regnery Publishing, Inc., 2006. Defiende la escuela del diseño inteligente.

Por mi parte, creo que dos aspectos de esta discusión son básicos. Primero, la conveniencia de tener la libertad de proponer teorías alternas y no correr el riesgo de aceptar por terquedad una de ellas. Segundo, las implicaciones filosóficas que se le han dado al evolucionismo contienen riesgos severos: si la humanidad es un accidente biológico es posible razonar que posee escaso valor la vida humana, lo que tendría consecuencias políticas que negarían nuestras libertades y justificarían regímenes totalitarios.


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