Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Héroes Cotidianos
Eduardo García Gaspar
8 mayo 2009
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay una idea que siempre me ha causado inquietud y me ha parecido sumamente curiosa. Para explicarla, empiezo con una frase de Adam Smith.

En su obra, La Teoría de los Sentimientos Humanos, dice que “el restringir nuestros impulsos egoístas y fomentar los benevolentes, constituye la perfección de la naturaleza humana… Así como amar al prójimo como a nosotros mismos es la gran ley de la cristiandad, el gran precepto de la naturaleza es amarnos a nosotros mismos sólo como amamos a nuestro prójimo…”

Nada nuevo, ni que no sepamos, ni que nos suene alejado de toda lógica. Es la exaltación del amor en el sentido de tratar bien a otros, de hacer el bien, como parte de la naturaleza humana. El tratar a otros como quisiéramos ser tratados está en nuestra esencia.

Todos podemos encontrar un buen ejemplo de eso, en la conducta de un médico que opera gratis de cataratas a pobres en algún poblado remoto. O en la visita que hacemos a algún enfermo. Son acciones de compasión, caridad, o como usted quiera llamarles. Son fáciles de detectar.

También todos podemos encontrar con facilidad ejemplos de lo opuesto, conductas que son contrarias a la idea de tratar a los demás como queremos ser tratados. No se necesita mucho esfuerzo para calificar de mala la conducta de un ladrón, de un secuestrador, de quien mata a otro.

En los dos casos anteriores, no hay dificultades para calificar a las acciones, en unas ocasiones como buenas, en otras como malas. Todo es claro en esos dos casos extremos, el del misionero que atiende un hospital en alguna aldea miserable y el de quien coloca una bomba que mata inocentes.

Pero nuestra vida diaria está llena de acciones menos claras, más difíciles de definir. Una persona cualquiera se levanta por la mañana, conduce su auto al trabajo, lo realiza y por la tarde regresa a casa con la familia. Todo esto cotidiano, parte de la vida normal, no es algo que solamos destacar fuera de lo diario y estándar. Es una simple realidad.

La maravilla es que sí puede ser bueno o malo y tener algo de lo que hace el voluntario en un hospital o de lo que hace un ladrón. Tome usted, por ejemplo, al más humilde de los albañiles o al más alto de los ejecutivos. Todos ellos pueden aplicar eso de tratar a otros como uno quiere ser tratado, al hacer su trabajo, al tratar a su familia.

En cada acto, en cada acción, por pequeña que sea puede la persona tratar a otros como quisiera ser tratada. Conduciendo un auto, usted puede hacerlo con cortesía y consideración, o echando el coche encima a otros y violando los reglamentos. Realizando una reparación a la tubería de una casa, quien la hace puede hacerla con calidad o sin ella.

Mi punto que es la posibilidad de amar a otros está presente aún en las más pequeñas de las acciones. Incluso en aquellas en las que pensamos que son demasiado pequeñas y pensamos que no tienen mérito. La cosa se vuelve fascinante cuando sucede otra cosa de la que poco nos damos cuenta.

Es común y erróneo pensar que hay oposición entre hacer el bien a otros y tener un beneficio personal. Por alguna extraña razón persiste la idea de que ayudar a otros requiere un sacrificio personal y que el beneficio personal siempre implica un daño a otros. No siempre y en realidad, todos pueden ganar.

Piense usted, por ejemplo, en los beneficios que se tienen cuando alguien realiza un buen trabajo, el que sea, como reparar una fuga de agua en alguna casa. El trabajo le representa un ingreso al que lo realiza y una mejor situación al que sufrió la fuga. Ambos ganaron, aunque en ellos haya prevalecido sólo el interés personal y no haya pasado por su mente el beneficiar al otro.

Eso es lo que dice Smith en la otra de sus obras, la más famosa. El carnicero que quiere tener beneficios termina produciendo un bien en sus clientes, aunque no lo quiera ni sea esa su intención. Claro que con una condición al menos, la de no actuar con la intención de dañar al otro. Sólo eso es suficiente como para lograr actos buenos. No es mucho pedir.

No serán actos heroicos, ni serán dignos de grandes reportajes en los medios, pero son posible en las vidas más cotidianas y normales. Esto es lo que me parece admirable. Es una sorpresa en la que no pensamos mucho.

Post Scriptum

La cita de Adam Smith está en Smith, Adam. La Teoría De Los Sentimientos Morales [1759]. Madrid: Alianza Editorial, 1997, p.76.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



No hay comentarios en “Héroes Cotidianos”
  1. MA. LEONOR MORALES Dijo:

    Buenas Tardes!!! Sólo quiero seguir recibiendo mi información de su valiosa opinión porque ya no me la han enviado!!
    Gracias y Saludos





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