Las ideas que tenemos producen la más profunda influencia en nuestra conducta. Lo queramos o no. Nos demos cuenta de ellas o no.

Tome usted un ejemplo, quizá uno de los más básicos, el de la existencia del alma.

Supongamos que una persona no cree en la existencia del alma y piensa por necesidad que al morir desaparecemos en la nada. Para ella no existe una recompensa futura en una vida posterior. Tampoco un castigo. Es obvio que esa persona se comportará de manera diferente a la que piense lo opuesto.

No digo que quien no crea en el alma inmortal será una persona de conducta siempre reprobable. Es posible que sea una buena persona, de buena conducta y un ejemplo para otros. Pero sí digo que en lo general, la conducta tenderá a ser afectada.

Tomo el otro extremo, el de criminales habituales dedicados, por ejemplo, al tráfico de drogas y capaces de matar a inocentes por cualquier motivo. No sé en qué creen estas personas, pero sí puedo inferir que no creen en la existencia del alma en una vida futura después de la terrenal.

No sería congruente realizar actos criminales continuos y de gravedad al mismo tiempo que pensar que el alma recibirá un castigo de consideración en la vida después de la muerte. La conducta dice mucho de nuestras creencias, de aquellas que en realidad pensamos son ciertas.

El punto puede parecer obvio, pero bien merece una segunda opinión, para apuntar que nosotros mismos y otros también, pueden concluir cuáles son nuestras reales creencias con sólo observar nuestros actos y escuchar lo que decimos. No es posible entrar en la mente, pero sí es posible observar.

Un caso reciente es digno de señalar, el de la visita que realizó Benedicto XVI a España. Una parte de las noticias estuvo dedicada a contrastar esa visita con las protestas de personas que están en desacuerdo con el Papa. Hasta aquí tenemos en realidad una clásica noticia aburrida.

La noticia de que un personaje o varios visitan cierto lugar y que eso causa molestia entre personas que se encuentran en desacuerdo con quienes realizan la visita. Es el pan de casi todos los días en los medios, los que suelen sucumbir a la tentación de ceder espacio de acuerdo con lo pintoresco de esa protesta.

En el caso de Benedicto, en muchos medios vi el reporte de grupos de homosexuales que organizaron su protesta y que tomó una forma pintoresca, la de besarse entre ellos cuando pasara Su Santidad. Interesante, realmente interesante.

No sé lo que haya en el interior de las mentes de esos que protestaron. Nadie lo sabe en realidad. Pero lo que sí podemos hacer es inferir el contenido de sus cerebros por lo que hicieron. En la superficie fue una protesta, de acuerdo, pero es obvio que ellos tienen creencias posibles de sacar a la superficie.

Una de esas ideas es su profundo desacuerdo. Están lo suficientemente molestos como para tomarse la molestia y el tiempo para salir y protestar. Tuvieron que dejar sus trabajos, abandonar su vida diaria por una causa que consideraron valía la pena en su opinión. Y esto es lo que hace las cosas interesantes.

Su conducta revela que realmente les importa la opinión de Benedicto XVI. Les importa y mucho, verdaderamente mucho. Podían haberlo ignorado y continuar con su vida cotidiana, pero no lo hicieron. Lejos de eso, se esforzaron en hacer una protesta que les costó tiempo y esfuerzo, seguramente dinero también.

Es decir, visto con frialdad, piensan con seriedad que les es importante lo que crea Benedicto y su iglesia. Les importa en verdad. Sí, conceden ellos gran trascendencia a esa iglesia. Podemos especular sobre las razones de eso, pero de lo que sí podemos estar seguros es de la importancia que le otorgan.

Y, para un creyente como yo, eso termina halagando. Cierto que en la impresión primera uno puede sentirse molesto y criticar la vulgaridad de ésa y muchas otras protestas callejeras, pero debajo de todo eso, en una segunda impresión, se trata de un reconocimiento.

Hay algo en esa iglesia, no sé exactamente qué puede ser, que les hizo a ellos salirse de su rutina acostumbrada. Creen ellos en una idea demostrable, la de que esa iglesia posee algo que merecía tomarse todas esas molestias. Si la quieren modificar, lo que quizá sea su intención, eso significa que la consideran valiosa. Muy valiosa.

Post Scriptum

Hay material sobre el tema en ContraPeso.info: Matrimonios Homosexuales.

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