Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Explicaciones, no Modas
Eduardo García Gaspar
13 octubre 2010
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una precisión necesaria. Tiene que ver con la imposibilidad de entrar a las neuronas de su vecino. Como no lo podemos hacer, nos conformarnos con otra cosa.

Esto es lo que hace necesaria la separación entre dos expresiones relacionadas, pero distintas.

Usemos la expresión prejuicio personal para describir lo que está dentro de la mente nuestra y que se refiere a las opiniones que tenemos de otros.

Es eso que hace que alguien pueda tener opiniones racistas y crea que hay razas superiores, o sostenga que los hombres son inferiores.

Equivocadas, erróneas, indeseables, pero ellas están en el interior de una persona, en su mente y nos es imposible verificarlas con precisión. Son prejuicios en el sentido de que hacen generalizaciones simples de grupos de personas.

Por ejemplo, el decir que los católicos son mojigatos, que las mujeres no son inteligentes, que los musulmanes son terroristas, que los estadounidenses son maniqueos…

A pesar de ser opiniones inapropiadas y erróneas, resulta imposible erradicarlas del todo. Ellas están dentro de la mente y, por eso, es imposible siquiera castigarlas. No puede existir una ley que castigue a quien crea que los mexicanos son perezosos, ni a quienes opinen que los hombres son machistas.

Esto es lo que hace necesario tener una expresión distinta para lo que sí puede ser merecedor de castigos. La palabra es discriminación y no se refiere a opiniones y creencias, sino a acciones concretas de una persona.

Tenemos, entonces, que una cosa es tener un prejuicio personal y otra muy distinta el realizar actos discriminatorios. Los actos sí pueden verse y comprobarse, las opiniones no necesariamente.

El punto al que quiero llegar bien vale una segunda opinión, para apuntar esa diferencia y afinar la posición de quienes en todo quieren ver prácticas discriminatorias. En realidad eso es un prejuicio personal como cualquier otro, simplista y equivocado, que en cualquier acción inocente juzga que hay discriminación.

La cosa se complica por otra razón que tampoco suele ser considerada por el que piensa que en todo se discrimina a alguien. Pongo un ejemplo de la realidad. Una mujer fue cierto día llamada a la oficina de su jefe, el que le dio un buen regaño por haber realizado mal un trabajo. Quien en todo ve discriminación, dirá que el jefe discriminó contra esa persona por ser mujer. Si hubiera sido hombre, no lo habría hecho.

Puede ser, pero es posible otra explicación, la de que en realidad esa mujer haya hecho un mal trabajo, tan malo como para recibir un buen regaño. Por supuesto, en este caso no puede alegarse discriminación de tipo alguno. Simplemente no la hay.

Discriminar es una acción difícil de probar y es menos frecuente de lo que quizá se piense. Imagine usted a un asiático que demanda a un equipo de basquetbol por no contratarlo y dar preferencia a jugadores negros. Sin duda el equipo de ese deporte no es una muestra representativa de la población total, sino una selección de jugadores altos y hábiles. No puede haber discriminación y nadie en su sano juicio lo afirmaría.

Suponga usted que una cámara de legisladores tiene gran mayoría de hombres y se reclama que no hay suficientes mujeres en ella. Tendría que examinarse la cantidad de mujeres con preparación y voluntad para ese trabajo y quizá ella sea menor a la de hombres. No habría posiblemente discriminación y ella tendría que ser probada con datos más allá del no ser mujeres la mitad de los legisladores.

La discriminación es complicada y estas precisiones sirven, espero, para señalar que la exageración de la discriminación es es sí misma un acto discriminatorio al querer favorecer a ciertos grupos considerados víctimas por encima de grupos mejor preparados.

Todo esto, creo, es un síndrome que tiende a buscar explicaciones fáciles a lo políticamente correcto. En este caso, cualquier acción que seleccione a una persona sobre otra da pie a que la persona no seleccionada reclame discriminación y ese reclamo caiga en el terreno fácil de lo políticamente correcto.

Señalar esto es ya un adelanto para cualquiera que busque explicaciones más allá de las palabras de moda. Es lastimoso que se tengan prejuicios y aún más que los reclamos de discriminación puedan convertirse en eso que buscan solventar.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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