Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Historia de Desacuerdos
Eduardo García Gaspar
3 diciembre 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Puede ser uno de los rasgos que más caracterizan a la historia de la humanidad y, me parece, es inevitable.

Me refiero a los desacuerdos sobre ideas, opiniones y pensamientos. El lado bueno de esto es que muestra que los humanos podemos pensar.

Si no tuviéramos esa habilidad, no existirían desacuerdos. Lo que existiría sería conflictos violentos, al estilo de un animal cualquiera. Los animales no discuten usando razonamientos.

Dos alces peleando por una hembra tienen una manera de resolver el problema. Los humanos tenemos otra.

Los desacuerdos entre humanos, los más sencillos de determinar y apuntar, son los referentes a gustos sensoriales. Una persona, por ejemplo, come queso brie con picante, cosa que me parece incomprensible, pero a ella le parece injustificable que yo tome ese queso sin chile.

No hay problema, las diferencias de gustos no tienen una solución y no importa que no la tengan.

Otra persona, cuando viaja, odia ir a museos y visitar construcciones antiguas. Otra persona piensa exactamente lo opuesto. O bien, alguien viste con ropa de muchos colores muy vivos, y otra de negro casi siempre. Tampoco importa, realmente.

Todo lo que podemos hacer es tratar de refinar gustos, pero no hay una solución objetiva que sea urgente.

Los desacuerdos entre humanos tienen otros dos terrenos, en los que sí importa el intentar solucionarlos.

Uno de ellos es el de la verdad y allí podemos encontrar desacuerdos científicos, religiosos y filosóficos. Diferentes teorías científicas pueden contener desacuerdos en lo que consideran que es la verdad.

Igual sucede con las religiones y las ideas abstractas de la filosofía. Muchas veces en las ciencias, los experimentos y estudios, permiten resolver al menos de momento los desacuerdos, lo que no sucede ni en religión ni en filosofía, donde no hay pruebas tangibles.

Es el terreno de la verdad, es decir, el del acuerdo entre lo que se piensa y lo que en realidad existe, o al menos la congruencia entre lo pensado y la realidad.

Por ejemplo, ¿existe Dios? No hay prueba científica que lo demuestren. A lo más que podemos aspirar es a razonar sobre causas que lo prueben o nieguen, pero sin llegar a certeza razonable científica.

Tener desacuerdos en el terreno de la verdad en realidad es bueno. Significa que podemos pensar en términos muy abstractos, una diferencia notable contra cualquier animal. El problema no está en los desacuerdos en sí mismos, sino en la manera en los que los enfrentamos.

Un ejemplo: muchos de los creyentes en el calentamiento global causado por humanos obstaculizaron la difusión de ideas opuestas a las suyas. Este tipo de acciones no son congruentes con lo esperado en científicos, una conducta que nos lleva al tercer tipo de desacuerdos que tenemos los humanos.

Los desacuerdos en el terreno de lo que es bueno y de lo que es malo, de lo que suelen encargarse la ética y la moral, y por extensión las leyes y la política. Se trata de desacuerdos serios, con argumentos usualmente fuertes y de consecuencias (el relativismo es demasiado débil como para tomarse en serio).

Lo bueno y lo malo necesita ser identificado para convertirse en una serie de guías de conducta que sean causa del bienestar de la persona (más allá del material).

La gran pregunta es qué es lo bueno para el ser humano, lo que implica un paso anterior, el determinar la naturaleza del ser humano: lo bueno sería lo que es congruente con esa naturaleza y viceversa.

Los tres terrenos de desacuerdos a los que me he referido están basados en la clasificación que aparece en la obra de J. Bronowski y B. Mazlich, The Western Intellectual Tradition (citados en Ideas, a history from fire to Freud, de P. Watson). Son una clasificación de ideas, que he transformado en tipos de desacuerdos entre humanos.

En todo el embrollo anterior, existe un aspecto realmente positivo que ya he determinado: tener desacuerdos es bueno, porque significa que podemos pensar y, mejor aún, que tenemos una actitud de curiosidad. Queremos saber más y más.

Pero hay un aspecto negativo, que depende de la manera en la que esos desacuerdos quieran ser solucionados. Si intentan serlo por la vía de la imposición y la coerción, perderemos unan buena parte de lo que somos: seres que pueden pensar y que para pensar necesitan libertad.

Post Scriptum

La columna trata el tema de las ideas, sobre el que existe más material en ContraPeso.info: Ideas.

Al respecto, quizá sea de interés Cultura y Desarrollo, con una propuesta de Thomas Sowell.

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