Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad Religiosa: Pros y Contras
Leonardo Girondella Mora
5 enero 2011
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Análisis
Catalogado en:


Supóngase la existencia de un país cualquiera en cualquier momento, donde su población es homogénea en cuanto a la religión —la gran mayoría de sus habitantes pertenecen a una iglesia, la que sea.

Sobre ese escenario exploraré la noción de la libertad religiosa —o tolerancia religiosa, o libertad de culto, como se desee llamarla.

La situación no es excepcional: una nación con varios millones de habitantes en la que la gran mayoría pertenecen a un credo religioso. Supongo proporciones muy mayoritarias, del 80-90% y que esa concentración lleva también muchos años de existir, incluso siglos.

Hipanoamérica es un posible caso —por ejemplo, México a partir de los inicios del siglo 16 hasta su independencia y más allá, está en esa situación. Incluso ahora su población se declara mayoritariamente católica.

Puede haber otros casos, países en donde domina alguna religión y las minoritarias sufren ataques. En Egipto, por ejemplo, hace unos días, su gobierno acusó a terroristas por el atentado contra una iglesia cristiana —un acto que es parte de un patrón de ataques a una minoría religiosa en Medio Oriente.

Supongo un país cualquiera con esa característica, un caso al que ahora añado una variable: la introducción de la idea de la tolerancia religiosa —es decir, la admisión de otras religiones con libertad de celebrar sus ritos, construir templos y allegarse adeptos, como actividades que están protegidas por la ley.

El caso puede ser aplicado en otras dimensiones, como las de ese mismo suceso en comunidades más pequeñas —como ciertas regiones de un país, municipios, e incluso barrios de una ciudad.

Procedo ahora a examinar las posibles argumentaciones en pro y en contra de la introducción de esa idea de libertad religiosa —lo que cada una de las partes argumentaría para defender su posición. Una de ellas defendería la admisión de otras religiones y la otra se opondría a ella.

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Expongo primero —sin ser exhaustivo— lo que creo podría formar la argumentación de quienes se oponen a la admisión de nuevas religiones en su medio, sea un país, o el barrio donde viven.

Pienso que su defensa estaría concentrada en dos tipos principales de argumentos, uno de índole cultural y otro de naturaleza religiosa.

• En lo que se refiere a la cultura, se opondrían a la admisión de nuevas religiones en su medio mencionando la afectación cultural que ello tendría —usando la idea de la unidad cultural del país que por mucho tiempo ha incluido como factor de adhesión a una religión: celebraciones, santorales, fiestas, costumbres, desfiles, dichos, comida y más.

También, se mencionaría el daño posible a la moral nacional que otras religiones alterarían con normas distintas, quizá más austeras o tal vez más relajadas.

• En lo que se refiere a la religión, la oposición a la admisión de otras religiones giraría en torno a razones teológicas: no tiene caso admitir religiones que se sabe son falsas pues la que se tiene es la verdadera.

Se usaría de seguro el argumento de que aceptar otras religiones condenaría las almas de muchos y que no puede permitirse tal error.

Los dos tipos de argumentos en contra de la admisión de nuevas religiones tienen en común un elemento que es clave para comprenderlos, el de la unidad —sea ella cultural para la defensa de la cultura propia, o sea ella religiosa para la defensa de la verdadera religión.

Este es el punto clave de entendimiento de esta posición: el mantenimiento de la unidad nacional.

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Procedo ahora a exponer los argumentos de quienes favorecen la idea de la tolerancia religiosa y, por tanto, desean permitir la entrada a nuevas religiones, sea su país o su barrio.

Por su parte, la defensa de la admisión de nuevas religiones también estaría sustentada en esos dos tipos principales de defensa —uno de tipo cultural y otro de tipo religioso.

• En cuanto a la cultura, se favorecería la entrada de nuevas religiones utilizando conceptos sobre la naturaleza humana aplicados a la política: la libertad humana y los derechos que ella implica en las leyes del país, como indudablemente libertad de conciencia. Son razones filosóficas, legales y morales.

• En cuanto a la religión, quienes defienden la admisión de nuevas iglesias, aprovecharían en su favor escritos eclesiásticos que favorecen la tolerancia y aborrecen el uso de la fuerza en la conversión religiosa.

Los dos tipos de argumentación en favor de la libertad de credo tienen en común una idea sobre la naturaleza humana, la que es vital para entenderlos —sea una defensa cultural o religiosa, ambos conciben una esencia humana de libertad, que necesariamente produce variedad.

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Creo que lo anterior sirve para demostrar que una posible forma de entender el conflicto entre las dos posturas para contrastar sus grandes denominadores comunes —por un lado, el énfasis en la unidad y la unión de las personas y, por el otro, la importancia dada a la libertad humana que produce variedad y diversidad.

Quienes rechazan la admisión de nuevas religiones a su comunidad poseen como máximo valor la unidad de la población —la que, según ellos, se vería amenazada en el caso de que religiones distintas entraran a su ámbito.

Argumentarán de muy diversas maneras, a veces con sentido, a veces sin él, pero ésa será su idea central: las nuevas religiones amenazan el gran valor de la unidad de la población: la sociedad entera podría venirse abajo

Quienes, del otro lado, proponen la admisión de nuevas religiones a su comunidad poseen como valor máximo otra idea, una antropológica, la de la libertad humana —la que en su opinión sería violada con la prohibición de la libertad de culto que favoreciera a la religión protegida.

También argumentarían a veces sensatamente, a veces no, que la sociedad se vería afectada sin remedio por la violación de esa naturaleza humana.

Llego así a un punto vital y que no creo que haya sido apuntado con el énfasis que merece: no importa cuál sea la posición que se defiende, la de oponerse o favorecer a las nuevas religiones, las dos requieren el uso de la fuerza gubernamental para implantarse.

No hay otra manera de lograrlo.

La no admisión de nuevas religiones necesita por definición el auxilio de la ley y la fuerza pública —con el propósito de impedir el ejercicio de religiones distintas.

Pero igual del otro lado, quien quiere admitir nuevas religiones también necesita la ayuda gubernamental para que no sea impedido el ejercicio de las religiones diferentes.

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El gobierno, por tanto, es la herramienta necesaria que cualquiera de los dos grupos necesita —uno para aliar una religión al poder político y otra para separar a toda religión del poder gubernamental.

Esto tiene consecuencias de muy larga repercusión, alguna de las cuales pueden preverse y usarse para solucionar el conflicto buscando efectos positivos en el largo plazo. Apunto las siguientes ideas:

• Si los gobiernos acumulan naturalmente mucho poder y se reconoce que en beneficio de la población, ese poder debe ser dividido, resulta mucho más aconsejable retirar de la autoridad el poder religioso —es el conocido principio de la separación iglesia-estado.

• Si la iglesia que busca protección gubernamental se opone con torpeza y rebeldía a las iniciativas de la autoridad que quiere establecer libertad de culto, ella podrá sufrir un efecto búmerang posterior opuesto a su intención —en vez de ser la protegida por el gobierno terminará siendo la odiada y considerada un elemento que reta el poder político.

Y dependiendo de la reacción de los políticos, se puede llegar a extremos violentos que tocan fibras sensibles de la población —con enemistades ásperas que no convienen a nadie y harán de las relaciones entre ambas instituciones una de lucha por el poder cultural de los ciudadanos.

• Si la iglesia protegida logra su objetivo de prohibir la entrada de otras religiones, podrá haber un efecto en sus ministros —el de la complacencia que los llevaría a dejar de realizar su labor misionera religiosa y sus esfuerzos se enfocarían a complacer más a las autoridades que los protegen que a las almas que buscan salvar.

• Si se separan el poder de las iglesias del poder político, y por eso se admiten nuevas religiones, se logrará tener congruencia entre la naturaleza humana, que es libre, y la naturaleza republicana de su gobierno —el ciudadano que tiene la madurez participar libremente en la economía, la política y la cultura de su país, también es maduro para en conciencia seleccionar la religión que en conciencia sea la verdadera.

Es posible prever un efecto adicional de esta posibilidad, la del efecto acumulado de los esfuerzos misioneros de todas las iglesias: la elevación del sentido moral de la población para lograr ciudadanos respetuosos de la ley y de las reglas no escritas de convivencia.

Este último escenario es, sin duda, el mejor: evita la concentración de poder en los gobiernos y resulta más acorde con la naturaleza humana con la que coinciden religiones que buscan persuadir y no obligar. Pero aún esta buena solución, no está descargada de problemas.

No me referiré a esos problemas —lo único que hago es mencionar un ejemplo, el de las diferencias de opinión que existen en temas como el aborto.

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Lo que he intentado hacer es examinar dos posturas opuestas en el campo de la libertad religiosa, concluyendo la superioridad de la libertad de cultos —pero sobre todo, exponiendo el papel que suele ser ignorado en estas cuestiones, el de la autoridad política.

Nota del Editor

Como parte de su defensa de la libertad humana, esta página coincide con la opinión de esta columna que sostiene la superioridad de la libertad de culto. Hay más material sobre el tema en ContraPeso.info: Libertad Religiosa.

Quizá la idea más famosa en este tema es la de la tolerancia religiosa, de J. Locke, resumida en Cada Uno su Mundo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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