relativismo

La expresión usada es la de subjetivismo moral y tiene efectos y consecuencias colosales en la vida de las personas.

Primero, el subjetivismo moral

¿Qué es subjetivismo moral? —una postura intelectual que tiene dos componentes que caracterizan a las opiniones personales a las que hacen relativas y variables.

• Cuando una persona persona dice que «la honestidad es buena» no está diciendo nada que sea una realidad —es una expresión general personal y nada más que eso.

• Cuando una persona dice que «la justicia es buena» todo lo que en realidad dice es que tiene un sentimiento positivo personal y nada más que eso.

Entre las consecuencias primeras del subjetivismo moral está la ejemplificada en los dos puntos anteriores: las dos afirmaciones hechas no son nada más que opiniones subjetivas de una persona en un momento.

Moral de gustos personales

El subjetivismo moral se comprende mejor cuando se pasa de valores comúnmente aceptados como los anteriores —considerados buenos— a sus consecuencias en creencias en las que hay más desacuerdo.

Según el subjetivismo moral, cuando Juan dice «el aborto debe ser dejado libre a voluntad de las personas», su afirmación solo puede interpretarse como Juan está diciendo algo que es su gusto personal, no es una realidad, sino una preferencia de él.

Si Juan encuentra a Pedro y este dice que «el aborto es el asesinato de un ser humano y es indebido», su afirmación debe entenderse como la de Juan. Es un simple gusto personal, una opinión que tampoco tiene fundamento sólido y real.

De acuerdo con el subjetivismo moral, lo que dijeron Pedro y Juan son estados mentales, sentimientos subjetivos, gustos personales, opiniones capaces de cambiar.

De esto puede concluirse algo que es insólito: no hay desacuerdo entre ellos, al menos un desacuerdo que importe —son solo agrados, caprichos, creencias personales, entre los que no hay desavenencia ni oposición.

¿En verdad no existe contradicción en lo que dice cada uno? Desde luego existe —no hay manera de ignorar que uno ha dicho lo opuesto del otro.

Si uno dijo que es de día y el otro dijo que es de noche, también habría oposición entre los expresado por cada uno. El subjetivismo moral no tiene lógica.

Aparece como una manera de negar realidades y una no muy efectiva. Esta otra de las consecuencias del subjetivismo moral entiende como norma moral a cualquiera que sea el gusto personal en un cierto momento.

Consecuencias del subjetivismo moral

Dije al comienzo que el subjetivismo tiene efectos colosales —el terreno en el que ahora entro con casos que las ilustran.

¿Robar es moral o no?

Juan piensa que robar es bueno —gracias al robo él lleva una vida placentera. Pedro, que es policía, piensa que robar es malo, que no debe permitirse.

Por un descuido, Juan es capturado por Pedro, durante un robo. Ambos van ante el juez el que sentenciará a Juan. El castigo que recibirá Juan variará dependiendo de las creencias del juez y nada más que eso.

Ante dos jueces, por el mismo delito, habrá dos sentencias totalmente distintas. Lo que piensen Juan y Pedro no importará nada.

Plagio en clases

En un salón de clase, el profesor advierte a sus alumnos de que plagiar trabajos será causa de calificación reprobada. Uno de los alumnos plagia un trabajo y es probado su plagio.

El profesor lo reprueba, pero el alumno se defiende diciendo que él cree que plagiar no es malo, al contrario, permite obtener buenas calificaciones.

¿Cómo resolver esta situación? No existe manera de resolverla si se sigue la idea del subjetivismo moral —podría pensarse en soluciones como tirar dados, tener un combate de esgrima, tener votaciones en la clase.

Creación de conflictos

La consecuencia colosal mas clara es la que produce el subjetivismo moral al dar entrada a la solución de conflictos por medio de la fuerza.

Ya que varios individuos opinan de manera diferente y todas sus opiniones son simples gustos personales, en casos de conflicto, la única solución posible es la fuerza aplicada según el gusto de un tercero.

Las personas podrían enfrentarse a golpes y los ganadores impondrían sobre los otros su creencia, la que sea, como aceptar que el robo es bueno.

En la realidad, lo que sucede, es que se da puerta a los gobiernos a que impongan su voluntad en los casos de desacuerdos.

Educación pública

El caso de la libertad educativa en México es un buen ejemplo —hay personas que creen que la educación debe ignorar toda instrucción religiosa; y las hay que preferirían que sus hijos tengan esa instrucción. Ya que sólo son gustos subjetivos, no hay manera de encontrar soluciones razonables.

La única solución es la imposición de otro gusto, el gubernamental, que se impone sobre el resto por la fuerza —dictando que la educación religiosa debe hacer de lado la instrucción religiosa.

Un gusto que es impuesto sobre el resto, no por ser algo razonable, sino por ser el gusto que de su lado tiene a la fuerza gubernamental.

Esta es otra de las consecuencias colosales del subjetivismo moral —una que es escasamente reconocida y que convierte a los gobiernos en centros de decisión ética por la fuerza.

Hacer que el gobierno, por ejemplo, apruebe la realización de abortos, tendría la misma solidez que decir que se aprueba cometer robos menores de mil pesos.

En resumen

Las ideas tienen consecuencias y para mostrar eso basta ver los efectos del subjetivismo moral.

Hace imposibles a juicios legales, a la aplicación de la justicia, a la solución de conflictos. Más aún, fomenta conflictos y abre la puerta a regímenes totalitarios.

Y unas cosas más para el curioso…

Conviene ver al menos un par de estas columnas:

Bonus track: más sobre efectos y consecuencias de la subjetividad y el relativismo moral.

Subjetividad religiosa y moral

Por Eduardo García Gaspar

Una situación curiosa

Es incongruente. Una especie de contradicción que pasa desapercibida.

Al mismo tiempo que se manda a la religión y a la moral, si les va bien, al rincón de lo subjetivo y privado, existe un gran reclamo de valores públicos que no tienen otra explicación que lo moral y religioso.

No hay duda de que nuestros tiempos tienen una gran fuerza científica y tecnológica. Lo que hemos alcanzado en esos terrenos es realmente notable y, por si fuera poco, en un tiempo muy corto.

No es infrecuente que se reclame justicia, honestidad, verdad y otros principios morales objetivos. Lo curioso es que eso sucede en medio de un ambiente de subjetivismo moral recalcitrante en el que lógicamente esos principios no existirían.

Realmente aún más curiosa

Nuestros tiempos son asombrosamente científicos y tecnológicos, lo que nos ha hecho adoptar una actitud que juzgamos madura y sólida: nada que no pueda ser examinado científicamente merece ser considerado. 

Un amigo resume eso admirablemente. Afirma él que ya que no puede probarse científicamente la existencia de Dios, esa es una cuestión que debe ser dejada totalmente a la subjetividad personal. Son cuestiones de mera fe que no tienen posibilidad de ser examinadas científicamente.

Y, sin embargo, esa misma gente que manda a los asuntos morales y religiosos al rincón de la subjetividad relativa, hace algo curioso. Me imagino que sin darse cuenta, tiene reclamos morales y religiosos que no pueden ser examinados científicamente.

Me refiero a quienes se han colocado en un plan de críticos y activistas, que adoptan causas sociales y tienen preocupaciones culturales, políticas y económicas.

Nada de esto realmente puede tener una justificación capaz de ser examinada en un laboratorio, ni estudiada científicamente con mediciones y experimentos.

¿No me cree? Intente hacer un examen científico de lo bueno y lo malo. Uno que use experimentos, mediciones y análisis, con aparatos y laboratorios, al estilo de medir la velocidad de la luz. O la caída a la misma velocidad de todos los objetos.

Consecuencias del subjetivismo moral

Lo que sucede es un efecto de ese subjetivismo: confunde a lo científico con lo racional. Usted no puede probar científicamente que lo bueno y lo malo existen, pero sí puede hacerlo racionalmente.

Simplemente pensando con disciplina podrá concluir que existe lo bueno y lo malo, teniendo una buena idea de la naturaleza de cada uno.

Regreso a mi amigo que sostiene que lo moral y lo religioso es subjetivo y relativo pues no hay forma de examinarlo y tener demostraciones científicas inapelables.

Al mismo tiempo que eso piensa, tiene él una buena idea de que es indebida la corrupción política, de que robar es malo; de que hay que ayudar a los pobres y de que tiene él responsabilidades con sus hijos.

Y muchas otras cosas más que demuestran que tiene y sostiene normas morales y religiosas que, sin darse mucha cuenta, entiende como reglas universales que todos deben respetar. Aunque no haya demostración científica que le muestre pruebas de que matar es malo, él lo reprueba.

Tome usted el caso de la persona que afirma con total convencimiento de que la moral es subjetiva y que cada quien define a lo bueno y a lo malo de manera subjetiva.

Si es fiel a su idea tendrá que aceptar que si alguien define a la moral de manera no relativa, deberá de aceptar eso como una posibilidad real, lo que niega su idea.

Y, peor aún, tendría que aceptar que una dictadura es tan aceptable como una república y que los campos de concentración no tienen nada de reprobable.

Lo que nos sucede, quizá, es que está en nuestra naturaleza misma una cierta idea de lo bueno y de lo malo. Algo innato, propio de los humanos (eso que dice Jeremías  como ley escrita en los corazones).

Y, si somos racionales, es que podemos tratar a lo bueno y a lo malo de esa manera, descartando que ello sea subjetivo y personal y no sujeto a examen disciplinado y objetivo. No será en un laboratorio, pero sí sucederá en un análisis difícil pero posible.

Finalmente, a veces me da la impresión de existir miedo. Un miedo enorme a examinar racionalmente los asuntos morales y religiosos. Y ese miedo no lo tiene por lo general la gente religiosa, sino la gente que no lo es. Otra cosa que es llamativa.

[La columna fue actualizada a en 2020-02]