Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Difusión de Ideas
Eduardo García Gaspar
3 diciembre 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La cita es común. La gente la repite. 

Sirve para apoyar una noción, la de que las ideas tienen consecuencias.

Creo que sí las tienen, aunque haya quien opine lo opuesto.

La frase es de J. M. Keynes (1883-1946), el famoso economista. La frase completa dice lo siguiente:

“Las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que comúnmente se entiende. En efecto, el mundo está gobernado por poco más. Los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, suelen ser esclavos de algún economista difunto. Locos con autoridad, que oyen voces en el aire, destilan su frenesí desde algún escritorzuelo académico de unos pocos años atrás. Estoy seguro de que el poder de los intereses creados es muy exagerado en comparación con el avance gradual de las ideas”.

La cita es de su libro más famoso, y muestra eso precisamente: el creador de ideas es quien realmente influye en el mundo, mucho más que otros.

No fue Keynes el primero que dijo eso. Décadas antes, en 1834, un poeta alemán Heinrich Heine escribió lo mismo:

“Notad esto, orgullosos hombres de acción: no sois sino los instrumentos inconscientes de los hombres de pensamiento, que en humilde silencio a menudo han trazado vuestros más definidos planes de acción. Maximilien de Robespierre no fue sino la mano de Jean-Jacques Rousseau, la mano ensangrentada que sacó de la matriz del tiempo el cuerpo cuya alma había creado Rousseau […] la Crìtica de la Razón Pura, de Kant… es la espada que ha degollado el deísmo”.

Muy bien, la idea es la misma. Quienes mueven al mundo, siendo responsables de buena parte de lo que sucede, son esos quienes crean ideas. Quienes escriben libros que pocos leen.

Tiempo después, sus ideas resumidas, son tomadas por otros quienes las difunden aún más resumidas, y llegan a ser los puntos de partida de nuestras opiniones y conductas.

Quizá el caso más conocido sea el de K. Marx (1818-1883) y sus obras. Sin ellas no habría existido la URSS, ni China Comunista, ni muchos otros regímenes, como el de Cuba, o el de Vietnam. Tampoco habría habido otros gobiernos, como algunos en Latinoamérica, que partieron de las ideas de Marx. Ni la Teología de la Liberación.

Lo mismo puede decirse de obras de otros autores, como Adam Smith, John Locke, J. J. Rousseau y muchos más.

En los general les llamamos filósofos y escriben libros que pocos leen y entienden. Suelen ser voluminosos y confusos (Hegel, por ejemplo). Nos llegan sus ideas por un proceso de difusión de varios pasos, hasta que llegan a los medios y las escuelas, donde se popularizan en su versión extractada.

Y desde allí comienza su influencia, que va a libros, a revistas, a periodistas, a profesores, a políticos, a todos.

La conclusión de lo anterior es la obvia. Si examinamos nuestras opiniones, encontraremos que en muy poco o nada somos originales. Incluso cuando estemos convencidos de nuestras propias opiniones.

No es eso malo en sí mismo, simplemente no podríamos crear nuestra propia escuela económica, ni moral, ni religiosa. No tenemos tiempo ni preparación.

Pero sí nos llama a siquiera ocasionalmente buscar en nosotros mismos las razones de lo que creemos. Nos podremos llevar sorpresas desagradables al tener ciertas ideas centrales, pero apoyar a sus opuestos con nuestras opiniones.

Es que el tener opiniones es fácil, basta con repetir las ideas de otros, lo que hacemos muchas veces sin darnos cuenta.

En cambio, justificar nuestras opiniones es difícil. Deben pasar pruebas de solidez, de congruencia, de conocimiento y, sobre todo, de ser reales. Es decir, de ser verdaderas, o al menos razonablemente ciertas.

Post Scriptum

Dos libros donde se explora la influencia de autores que han ido en contra de la libertad humana y que son digna lectura:

• Berlin, I. (2004). La traición de la libertad. México: Fondo de Cultura Económica. Del que tomé la cita de Heinrich Heine, p. 101.

• Popper, K. R. (1966). The open society and its enemies Vols 1 and 2. London: Routledge & K. Paul.

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