grandes ideas

Los programas sociales de ayuda tienen efectos secundarios. Toda intervención de ayuda tiene efectos colaterales, también los programas sociales. Cuatro de ellos son muy notables y riesgosos.

Introducción

La idea parte de una realidad, no hay medicina que no tenga efectos colaterales. Es el terreno de efectos negativos o adversos o complicaciones no intencionales que resultan de tratamientos de salud.

La idea es aplicable a la medicina y, en general, a toda acción de intervención para ayudar a otros. Esto incluye a los programas de ayuda a los pobres y comunidades vulnerables. También esa intervención con programas sociales sufre de efectos secundarios.

La idea fue encontrada en el libro editado por Bernie Lucht, con textos de Weber, E., Woodcock, G., Goodman, et al. (2005). Ideas: Brilliant Thinkers Speak Their Minds. Goose Lane Editions, John McKnight: Community and its Counterfeits, pp. 119-122.

Punto de partida

Se le conoce como iatrogénesis. Su campo es el de los tratamientos médicos y terapias que sin advertirlo producen efectos secundarios negativos.

En las medicinas, dice McKnight, es algo arraigado, se acepta absolutamente que ellas tienen efectos colaterales. Pero la noción no existe prácticamente en el resto de los servicios de ayuda.

No se encontrará uno con esa noción, por ejemplo, en la ayuda de un trabajador social, la que puede dañar más que ayudar. Ni en la del psicólogo, ni en la del psiquiatra, cuyas intervenciones tienen necesariamente efectos colaterales.

Tampoco en los programas sociales de gobierno que tienen la intención de ayudar a grupos en malas condiciones y donde la idea de efectos secundarios no se considera siquiera.

Clasificación de efectos secundarios

Hay cuatro efectos secundarios, según McKnight, en las intervenciones de ayuda. Hay otros más, pero estos cuatro se presentan siempre y son inevitables.

Ellos son aplicables a asuntos médicos, pero también a acciones de intervención gubernamental de ayuda social.

1. Foco en deficiencias

El primer efecto colateral de la intervención es uno en la vida de la persona. La intervención se enfoca a sus deficiencias, no a sus capacidades. Es un punto de partida negativo del que fluyen efectos adicionales.

La persona a la que se ayuda entiende que lo más importante en ella es lo que en ella está mal. La persona, por supuesto, recibe así un mensaje que la desilusiona y deprime. De hecho, la rebaja.

Quien interviene en su vida, le manda un mensaje: lo que ella tiene de bueno es irrelevante, es lo que tiene de malo lo que más importa. Es un ataque a la persona misma, que le reduce su propia estima, que le hace verse mal por naturaleza, incapaz y dependiente de la ayuda.

Es un efecto secundario de los programas sociales que al colocar todo su énfasis en las debilidades de las personas les impide ver sus fortalezas. Como consecuencia, esa debilidad percibida las convierte en seres pasivos dependientes de ayudas externas.

2. Impacto económico

El segundo efecto secundario negativo de la intervención de ayuda, se refiere al impacto que sufre la economía de la persona y la de su comunidad.

Cada decisión de intervención es una decisión económica. Una decisión que implica no hacer otra cosa con esos recursos usados en la intervención. Por ejemplo, no generar ingresos entre gente que tiene pocos ingresos.

La práctica actual es la de tener servicios de intervención para ayuda y dedicar a eso la mayoría de los presupuestos públicos que podrían dedicarse a otra cosa, como inversiones públicas para los pobres.

Es un efecto secundario de pérdida de oportunidad. Los recursos usados para los programas sociales de ayuda, siempre en crecimiento, podrían usarse en otro tipo de acciones con mejor efecto y sin producir dependencia.

Eso sin considerar el usual descuido con el que esos recursos son tratados por los gobiernos.

3. Montos crecientes

El tercero de los efectos negativos de la intervención para ayuda es cada vez son necesarios más servicios, más organismos, más cobertura, especialmente en las comunidades de menos ingresos.

Esta decisión de intervención creciente es la disminución del poder de la comunidad misma para atender sus propios problemas. Es la sustitución de la ayuda cercana por la ayuda pública lejana.

Otro de los efectos secundarios de los programas sociales de ayuda es esta inercia a crecer y, por tanto, elevar el costo de oportunidad del uso de esos recursos a acciones de mayor efecto.

4. Efecto acumulado

El cuarto efecto se refiere al efecto acumulado de las intervenciones de ayuda y que puede tener un saldo negativo.

Una intervención, por separado, puede tener efectos netos positivos. Más aún, cada una de ellas, puede ser positiva por separado, pero en su efecto neto acumulado, puede no ser cierto.

Acumular servicios de intervención para ayudar creará un medio ambiente que altera a la persona, la que tendrá conductas desviadas, aunque cada servicio por separado pueda ser justificado sin problema.

Este efecto secundario de los programas de ayuda social es esa modificación del tipo de sociedad que modifica a la persona. Un cambio cultural que la vuelve dependiente del gobierno y le hace poner toda su atención a las debilidades y deficiencias, no a su potencial y fortalezas.

En resumen

Según McKnight, se tienen cuatro efectos secundarios de los programas sociales que son universales e inevitables en toda intervención de servicio o ayuda:

• La persona será definida en términos de sus incapacidades o sus deficiencias. Es decir, creará una visión negativa de sí misma. No pondrá ella atención en sus habilidades, ni en sus potenciales.

• Los recursos usados en la intervención serán usados según los criterios de quienes intervienen, sin hacer caso de las necesidades reales de las personas y comunidades.

• Las posibles iniciativas de las comunidades se rebajan y anulan ante la presencia de la ayuda profesional y experimentada. Esto va en contra de la subsidiariedad.

• El cúmulo de intervenciones crea un nuevo medio ambiente que altera las conductas de las personas.

El engaño de las buenas intenciones

Se trata de ver de cerca a la explicación más peligrosa que existe y que justifica esas intervenciones.

Tener buenas intenciones, decir que se interviene por motivos de preocupación por otros, no significa que lo que se haga será bueno para nadie. Los crímenes sociales siempre fueron justificados por sus loables motivos.

El terreno de la idea de McKnight es el de los efectos no intencionales. En el campo de las medicinas es una noción siempre considerada, por lo que asombra que no se tome en cuenta en el resto de las acciones de intervención para ayudar.

Esta iatrogénesis (a veces también escrita sin acento), incluye por necesidad lógica intervenciones de terapeutas, psiquiatras, médicos, farmacéuticos, incluso también la conducta de quien da consejos y sugerencias a otros.

La idea esencial de reconocer el potencial de daños en la conducta de quien interviene viene desde tiempos de Hipócrates. Su aplicación al terreno social es posterior y suele atribuirse a B. Mandeville la idea de efectos no intencionales.

Los efectos de la intervención de ayuda, motivada por la preocupación por el bienestar ajeno, que señala el autor, hacen pensar en los efectos secundarios de intervención estatal y sus programas sociales.

Siempre justificada por la loable intención de ayudar, descuidan siempre los efectos colaterales que siempre tendrán.

Y unas cosas más…

Véase especialmente Efectos colaterales del intervencionismo, donde se narran casos concretos y conocidos desde hace tiempo.

Más sobre el tema de los programas sociales de ayuda y sus efectos secundarios.

La creación del ciudadano dócil

Por Eduardo García Gaspar 

Es una tendencia humana. Es intentar evitar el trabajo, lo difícil, la preocupación, los deberes. Preferible es el ocio, la diversión, la tranquilidad, el disfrutar placeres. A veces triunfa un lado, a veces el otro.

Lo que termina en una regla general. Cuanto más fácil le haga la vida el gobierno al ciudadano, más votos recibirá quien esa promesa haga. Por eso, en nuestros tiempos, las elecciones son una subasta de votos dados a las más atrevidas promesas políticas.

Se prometen becas, ayudas a ancianos, transporte gratuito, lo que usted imagine; reducción de precios, mayores créditos, nada es dejado fuera de esas promesas, como ayuda al desempleo, medicina gratuita y demás.

Un mar de programas de ayuda que forman eso que se llama estado de bienestar y modifican a toda la sociedad. Producen ciudadanos dóciles y dependientes.

Efectos secundarios de los programas sociales

En la superficie se percibe solo la competencia política para lograr votos. Un poco más en profundo es muy notable que se trata de una venta legalizada de votos usando promesas falsas o irreales. Pero aún más en el fondo hay una faceta muy oscura.

Este fenómeno de promesas de gobierno a cambio de votos provoca disposiciones y actos de gobierno que cumplen hasta donde pueden esas promesas. En la medida que lo hacen, están creando dependencia del ciudadano.

El hombre cuyo padre recibe la pensión universal por ancianidad, entenderá que si su padre pierde esa pensión, él va a tener que encargarse del problema. Él y su padre se han atado al gobierno y tenderán a mantenerlo en el poder (no sea que otro anule la pensión).

La joven estudiante que recibe del gobierno una beca para estudiar ha creado otra dependencia similar a la anterior. Se ha comprado al ciudadano por medio de un vínculo de dependencia. Sin esas ayudas gubernamentales, la vida se complicaría.

Claro, se ha perdido autonomía personal, pero la vida mejor es  más fácil y solo pide votar por el que ha dado esto. Si las drogas crean dependencia, los gobernantes inducen a la imperium dependentia (en latín suena más elegante). Es una gobierno-adicción.

Y esto es lo que cambia las cosas radicalmente para todos. Los ciudadanos cambian, se tornan en solicitantes de favores adicionales. El efecto secundario del estado de bienestar.

Es decir de dosis mayores de la droga que les permite vivir en la la tranquilidad de recibir. La droga llega a extremos serios cuando se formaliza en derechos sociales.

El nuevo ciudadano, dócil y dependiente

Es este un ciudadano distinto al que trabaja y se esfuerza. Al que se siente libre y ansía se autónomo y valerse por sí mismo.

La persona que tiene ambiciones y proyectos que siente satisfacción personal al lograrlos. En quien encuentra satisfacción en poner antes los deberes que el placer. Y quien tiene un sentido de la virtud que hay en los logros personales. Un ser que está muy lejos de la posición sumisa del otro.

El producto de un estado de bienestar es una persona sumisa y dócil, que se supedita al gobierno. Una persona doblegada y subordinada, cuya vida ha sido puesta en manos del gobernante, sean por recibir subsidios a su empresa, o por aceptar la beca de gobierno.

Una sociedad formada por este tipo de ciudadano pierde la viveza que produce la libertad. Será una comunidad pasiva, condescendiente, anuente. Y que solamente cobrará vida para reclamar más al gobierno y mantener su vida sin complicaciones.

Siendo por naturaleza apática e indolente, se animará y protestará no para pedir libertades y recobrar su autonomía, sino para exigir más medios que le retiren responsabilidades.

Supervivencia en riesgo

Uno de los efectos secundarios más riesgosos de los programas sociales y que alteran el bienestar y la felicidad de las personas.

Esta sociedad no podrá sobrevivir por largos períodos. La asaltarán crisis de finanzas públicas por exceso de gasto. Se estancará en la creación de riqueza por no entender que es la inquietud de la libertad lo que produce progreso.

Más aún, esa sociedad pasiva e indolente formará una serie de creencias y opiniones uniformes y estándares, de las que será difícil salirse.

El idioma de lo políticamente correcto lo frenará. Intelectualmente, esta sociedad muere por falta de disidencia y competencia de ideas. Y al fracasar culpará a todos, menos a lo que creó el problema.

En esa sociedad se odiará al individualismo y se adorará al colectivismo. La persona pasará a ser un engrane de poca importancia, solo un elemento sumiso y dócil al que todo puede ordenarse. Y que estará dispuesta a hacer lo que sea con tal de no perder su cómoda dependencia.

Vivirá sintiéndose siempre víctima de alguna opresión que el gobierno se encargará de remediar. Mientras lo hace, quedará pasivo, esperando. Cuando mucho, participará en una marcha de protesta que exija más poder sobre él. Su vida depende del cordón umbilical que lo ata al gobierno.

Finalmente

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[La columna fue revisada en 2019-11]