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Igualdad en las Diferencias
Selección de ContraPeso.info
24 octubre 2013
Sección: Sección: Asuntos, SOCIEDAD
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ContraPeso.info presenta una idea de Fernando Pascual. Agradecemos a Arcol.org el amable permiso de publicación. El título original de la columna es Buscando Igualdad en Las Diferencias.

Las diferencias separan. Al menos en teoría. Lo que es común une. También, al menos, en teoría.

La práctica, sin embargo, es mucho más compleja. Aristóteles, al hablar de la amistad, alude a opiniones contrapuestas.

Según algunos, los amigos se unen desde lo que tienen de semejante. Según otros, los que comparten elementos comunes viven enfrentados, como rivales que compiten por ocupar un mismo lugar o profesión, mientras que las diferencias son el origen de la unión entre los seres humanos.

Intentemos ver el tema más a fondo.

Las diferencias son parte constitutiva de la existencia humana. Somos diferentes en lo físico y en lo psicológico, en lo familiar y en lo social, en la educación recibida y en los sueños que albergamos en nuestras almas.

También hay semejanzas, más de las que imaginamos. Somos semejantes, de modo radical, en la misma naturaleza humana.

Además, respecto de muchos (no de todos), somos semejantes en el idioma que usamos, en la ciudad que nos vio nacer o en la que vivimos, en el trabajo que desarrollamos o en los proyectos que tenemos ante nuestros ojos.

Entre semejanzas y diferencias transcurren los encuentros que marcan nuestra vida. Algunos de esos encuentros inciden de modo casi decisivo en la vida de muchos. Así ocurre, por ejemplo, desde la experiencia que lleva del enamoramiento al matrimonio y a la creación de un nuevo hogar.

Otros encuentros quedan como puntos del pasado, sin mayor realce, sin que impliquen el inicio de relaciones fecundas y duraderas, pero no por ello dejan de tener importancia: caminar con alguien durante cierto tiempo producen huellas, a veces más hondas de lo que imaginamos.

Volvamos al inicio de estas líneas: las diferencias separan. ¿Es así?

Por lo que acabamos de ver, hay diferencias que se convierten en posibilidades de complementariedad, lo cual enriquece la vida de cada ser humano.

Muchas diferencias están acompañadas por semejanzas que permiten construir un terreno común en el cual tales diferencias no implican un estorbo, sino un enriquecimiento. Descubrimos así perspectivas nuevas que sirven para elaborar y llevar a cabo proyectos importantes para la vida personal o para la sociedad en su conjunto.

Las diferencias, por lo tanto, no destruyen las semejanzas, ni las semejanzas destruyen las diferencias.

No existen, si se puede corregir la expresión, “almas gemelas”, pues cada uno tiene su historia, sus experiencias, sus opciones, sus modos de ver las cosas y de actuar. Como tampoco existen almas tan diferentes que sea imposible construir puentes que permitan establecer algún tipo de relación entre sí.

Frente a un panorama tan complejo, se hace necesario aprender a considerar de modo nuevo semejanzas y diferencias.

No se trata de buscar un uniformismo que aplaste a los individuos en la búsqueda de una igualdad casi totalitaria.

Tampoco se trata de exaltar las diferencias hasta el extremo de promover sociedades en las que cada uno vive como en una isla, sin relaciones con sus “semejantes” porque ha llegado a negar cualquier principio de afinidad y porque ha exasperado aquello que lo separa de los demás.

La visión correcta, ante las semejanzas y las diferencias, es aquella que respeta los elementos centrales de nuestra humanidad y descubre en los mismos una plataforma que abre espacios a la interacción y a la complementariedad.

Tal interacción resulta posible precisamente desde las diferencias, en las que cada uno puede aportar lo propio y acoger lo ajeno. Ese es uno de los principios claves de la vida social, como señalaron ya en su tiempo Platón y Aristóteles.

Pero también es posible desde las semejanzas, porque gracias a ellas podemos comunicarnos, hablar y escuchar, dar y recibir, amar y aceptar el amor que nos ofrecen otros.

Vivimos juntos, en definitiva, porque somos capaces de asumir las diferencias como posibilidades de enriquecimiento, y porque reconocemos aquellas semejanzas que nos hacen miembros de una misma familia humana.

Nota del Editor

La idea de F. Pascual puede verse esquemáticamente considerando dos elementos humanos:

• Igualdad entre personas, las semejanzas absolutas.

• Diferencias entre personas, las distinciones innegables.

En una lógica superficial, se piensa que las igualdades unen y que las diferencias desunen. Sin embargo, en un examen más profundo, las igualdades llevan a tratos iguales y cuando esto sucede, las diferencias tienen el efecto de unir porque producen complementos necesarios en una vida en sociedad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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