Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Impuestos y Redistribución
Leonardo Girondella Mora
21 enero 2013
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
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En uno más de los reclamos de distribución de la riqueza, se presentaron rasgos que quiero explorar —una buena colección de ideas que intentan justificar lo injusto.

En lo que sigue exploro el contenido central de la columna de opinión que me fue referida —titulada Punto Ciego (El Norte, 4 enero 2012), en ella se exponen estas ideas por orden de aparición.

La introducción es inequívoca —dice su autora que,

“Cada año comprendía mejor la indignación de los detractores del impuesto [tenencia de autos], pero también, cada año, fui comprendiendo la urgencia de la redistribución de la riqueza en México, en donde el 10 por ciento de la población atesora el 90 por ciento de la riqueza generada (datos del 2011 de la OCDE).”

No hay duda, ella quiere ese impuesto porque es una manera de distribuir riqueza —es importante igualar la riqueza porque donde hay más desigualdad, se

“… presentan mayores índices de asesinatos, obesidad, embarazos en adolescentes, adicciones, mortalidad infantil, hacinamiento en cárceles, entre otros. Es decir, la desigualdad social no es un problema de los pobres. Cuando la brecha entre los más ricos y los más pobres se ensancha, los problemas públicos empeoran”.

Se entiende su idea con claridad —de la que saca una conclusión que es totalmente lógica:

“Por lo tanto, es importante redistribuir la riqueza que entre todos generamos”.

Lo que la lleva al cómo poder redistribuir esa riqueza. Un método que sugiere es que,

“… si los patrones o CEOs, por ejemplo, redujeran la distancia entre su sueldo y el del obrero peor pagado”.

Pero eso no sucede, por lo que entonces,

“… el Estado tiene que crear políticas de redistribución. Ésa es la misión de los impuestos directos, como el de la tenencia a los autos nuevos -no austeros- y de lujo”.

Ese impuesto a los automóviles, dice, parece una imposición, pero en realidad,

“… es plenamente aceptado por sociedades en las que el Estado es el efectivo garante de derechos como la salud, el transporte y la educación”.

Esto es cierto —en los sitios en los que se ha implantado un Estado de Bienestar, el gobierno necesita recursos para cubrir los costos de todos esos servicios que no se darían en un país en el que no existiera ese tipo de gobierno.

Una vez explicado el concepto que la autora —Ximena Peredo— expuso, quiero explorarlo con algún detenimiento.

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• Primero, la idea está muy bien expuesta: la riqueza que “entre todos generamos” necesita ser distribuida con el objetivo de reducir desigualdad en la sociedad —de no hacer esto, esa sociedad padecerá muchos males, como “mayores índices de asesinatos, obesidad, embarazos en adolescentes, adicciones, mortalidad infantil, hacinamiento en cárceles…”

Sin embargo, ya que la desigualdad no será corregida por iniciativas voluntarias de ingresos de los que más ganan, sigue diciendo, el gobierno entra al juego cobrando impuestos a esas personas y que no cobra a otras —como el de la tenencia de autos, o del de 75% a los ingresos millonarios en Francia.

• Segundo, es una idea que se sustenta en la valuación de la igualdad económica como la solución central de problemas sociales —teniendo ingresos o riqueza más o menos similares, la sociedad es mejor. Evitaría, por ejemplo, obesidad y embarazos adolescentes.

• Tercero, es fantásticamente ingenuo proponer que igualando riquezas, como única variable, se corregirán males sociales, como adicciones —fenómenos mucho más complejos y multivariables.

• Cuarto, no corregiría la desigualdad, porque por diseño volvería a la autoridad política la entidad más rica y poderosa en exceso —al poder político acumularía el poder económico, lo que conduciría a abusos de poder.

Y esa desigualdad aumentaría con otra consecuencia: habría personas lastimadas en beneficio de otras, es decir, se tendría un sistema legal discriminatorio con ciudadanos de segunda que trabajan forzadamente para beneficio de otros.

• Quinto, no habría fondos suficientes para lograr igualdad por medio de impuestos a bienes de lujo —como la tenencia de autos mayores de cierto precio. Tendría que aumentarse el impuesto a todo bien considerado de lujo y ni aún así sería suficiente —ni siquiera confiscando todas las fortunas superiores a cierta cantidad.

• Sexto, la propuesta es estática —no considera lo que acontecería después del reparto total de la riqueza: si se produce de nuevo desigualdad, tendría que haber otra oleada de redistribución cada vez que eso sucediera.

• Séptimo, sobre todo, equivoca totalmente el análisis —supone que la desigualdad es producto de un mal reparto, cuando en realidad es una consecuencia de aportaciones pequeñas de las personas de ingresos bajos: no crean bienes de valor para el resto.

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La lista de errores y fallas podría alargarse con otros puntos adicionales, como el de la destrucción de incentivos de trabajo, o la creación de riesgos morales en las personas beneficiadas con el reparto.

Lo curioso y realmente notable de columnas de opinión que, como ésa, proponen que el gobierno quite a unos para dar a otros, acuerden una propuesta cándida e ingenua, que crearía más problemas de los que resolvería.

Nota del Editor

Hay mucha más perspicacia del entendimiento de la desigualdad en La Buena Desigualdad. Véase también Nivelación Social.

Otra columna de Girondella trata el tema con más amplitud, El Dilema de la Igualdad. En El Filo de la Igualdad se trata el mismo tema, con una idea de R. Nozick y que es realmente aconsejable.

En ContraPeso.info: Columnistas hay una colección de críticas a columnas de opinión, y que son un buen ejercicio de discusión lógica. Véase, como ejemplo, Fred Astaire Presidente.

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