Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Producen Confusión
Eduardo García Gaspar
26 noviembre 2013
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Se usan diferentes palabras. Palabras elegantes y modernas.

Términos que tienen bonita apariencia, que representan lo último de la moda intelectual.

No aceptarlas, no usarlas, es una severa falta que se castiga con la exclusión y la burla.

En el fondo son nada más que meros intentos para confundir a la mente.

Tome usted, por ejemplo, a la persona que afirma que “debe reconocerse que las mujeres y los hombres, todos somos perspectivistas, que tenemos solamente una perspectiva personal y nada más podemos aceptar que otros tengan perspectivas distintas, dentro de una diversidad cultural”.

O, algo similar, el de otra persona que dice que “cada uno de nosotros construye una realidad y cada construcción es distinta en cada persona, por lo que no puede hablarse de una realidad única, sino de diversidad de construcciones de la realidad”.

Más todavía, otra persona que sostiene que “no es posible que persona alguna afirme que posee a la verdad, ni que la conoce, pues todo lo que tenemos en un conjunto personal de verdades personales que en su conjunto enriquecen a las personas exigiendo entre ellas la aceptación del otro sin prejuicios ni absolutos”.

En resumen, para unos cada quien tiene su perspectiva, para otros cada quien tiene su construcción o bien, su verdad. Y a eso le dan un valor usual y acostumbrado, el de considerarlo un cúmulo de diversidad que enriquece, ante todo lo que puede pedirse en aceptarlo sin condición.

La realidad es que no tiene ese valor, al contrario, lo que provoca es confusión en las personas. Confusión y pasividad.

En un mundo en el que cada quien tiene su verdad, su perspectiva y su construcción, nada se conoce realmente excepto que cada quien dice lo que más le gusta y, sea lo que sea, eso debe ser aceptado.

Un amigo describe esto de manera un tanto cruda. Dice que

“esas maneras de pensar son la filosofía del holgazán que ha abandonado el amor por conseguir saber más y se ha sentado en un sillón del que no quiere moverse y desde allí dice a todos que tienen la razón, a excepción de aquél que lo contradice”.

Sí, es la filosofía del haragán. Cuando alguien dice que cada quien tiene su perspectiva, su verdad, o su construcción y que ella debe ser aceptada, lo único que queda por hacer es ocuparse en otras cuestiones, como saber de las intimidades más aberrantes de las celebridades. El resultado neto es el fomento de la ignorancia por medio de la confusión.

Piense usted en un alumno que oye que su profesor dice que cada quien tiene su verdad y su perspectiva, y que ella debe ser respetada y aceptada porque eso enriquece al resto.

El alumno, en este caso, no tiene nada más que hacer que decir lo que le venga en gana estando seguro de estar en lo correcto. Al fin que es le quien construye sus verdades.

El alumno, por supuesto, aprenderá nada en esa clase, lo que puede ser un problema para el resto si es que está en un curso de aeronáutica y años más tarde diseña un avión de acuerdo con sus verdades y perspectivas.

Ya que estas ideas que hablan de perspectivas personales y construcciones propias no tienen aplicación en las ciencias, ellas se refugian en otros campos, como la ética, la filosofía, la literatura, el arte, la política, donde no se tienen sino razonamientos abstractos.

Es en esos campos en los que reina esa mentalidad post-modernista. Es así que en las discusiones sobre ética, por ejemplo, se dejan las reglas de la lógica y el sentido común, para vender la idea de que todos tienen razón, así opinen las pelmadas más grandes.

Entonces, el más ignorante llega a pensar que sabe tanto como el más sabio y que sus opiniones tienen el valor de lo escrito por Aristóteles.

Peor aún, cuando toda opinión es verdad porque es una construcción personal que enriquece, los desacuerdos que se tienen en los mayores temas, como el aborto, no tienen otra posible solución que la fuerza del cabildeo: influir en los gobiernos para que ellos fuercen una opinión en el resto.

Es decir, cuando se propone que cada quien tiene su construcción, su perspectiva, su verdad, lo que terminan haciendo es ceder al gobierno, el que con su poder impondrá la opinión que quiera.

Post Scriptum

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