Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Quizá Sea la Sutileza
Eduardo García Gaspar
4 abril 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El inicio fue, pero no lo que siguió. Comenzó con las ansias de un padre.

Quiso mostrar a su hijo mayor una película, La Ventana Indiscreta (Rear Window).

Una cinta de Hitchock, con James Stewart y Grace Kelly. La vieron y el hijo terminó diciendo que era muy aburrida y lenta.

Quienes la hayan visto, recordarán que por una pierna rota, el protagonista se recluye en su apartamento. Para entretenerse ve el patio trasero y las ventanas de sus vecinos y eso lo lleva a pensar que uno de ellos ha matado a su esposa.

Sobre eso se desarrolla la historia, muy llena de un suspenso sutil, que la hace entretenida sin necesidad de efectos especiales.

No es la primera vez que algo así sucede. Me refiero al padre que quiere mostrar a sus hijos las películas que lo emocionaron a los 15 o 20 años y que sus hijos de la misma edad consideran irrelevantes, aburridas, carentes de acción, o que simplemente no entienden el éxito que ellas tuvieron.

¿Por qué reaccionan así?

No lo sé realmente, pero puedo especular sobre una teoría que se basa en un cambio de mentalidades.

La mente de hace décadas usaba más la imaginación, creaba con más facilidad mundos mágicos. Era una generación criada con cuentos de hadas y genios, encantamientos y pociones encantadas. La gente a la que causó shock otra película de Hitchock, Psycho.

Las mentes más jóvenes de ahora, me parece, no tienen la misma imaginación. Usando el caso del cine, las cintas se han vuelto tan realistas e bien logradas en lo explícito, que no requieren imaginación adicional. Los cuentos mágicos al estilo de las Mil y Una Noches han sido sustituidos por otros, más terrenales y explícitos, en violencia y sexo.

En otras palabras, tienen ellas, en lo general, escasa sutileza. Pocas cosas dejan a la imaginación de lector.

Quizá puede esto verse como el contraste entre dos mentalidades, similares a las propuestas por Charles Taylor en A Secular Age.

Una es la mente porosa, abierta, que cree e imagina, en la que lo natural y lo sobrenatural se mezclan. Lo tangible tiene el mismo rango de lo intangible en esta mente que dispara su imaginación con la menor provocación. Los pequeños rasgos de la conducta de un hombre al que sólo se ve por la ventana, disparan las neuronas.

Esta mente porosa es más crédula, más inocente, pero también más abierta a posibilidades de creación y pensamiento, con menor necesidad de lo explícito. Tiene un sentido de sorpresa, es capaz de ruborizarse y de entender lo que es un atrevimiento y lo que no lo es. Hay en ella un sentido de libertad y de lo debido, que conviven en un equilibrio incierto.

Del otro lado está la mente del joven que se aburrió con esa cinta. Es una mente tapada, menos abierta. Menos libre, más libertina. Con necesidad de lo explícito que no requiere imaginación. Más secular, menos religiosa. Más inclinada a lo tangible, menos dispuesta a imaginar. Más global, pero menos universal.

Obsesionada con lo más reciente, olvida y desecha lo anterior, a lo que considera irrelevante. Viviendo en un tiempo siempre presente, deja de pensar en lo que viene de años atrás y sólo le interesa el futuro inmediato. Ya poco o nada le sorprende. Las desviaciones y lo extraño es parte de lo normal. Con menos uso de la razón, deja a la lógica de lado. Más secular que antes, crea agendas moralistas particulares sin ver lo general.

No digo que todos sean así. Claramente hay excepciones en ambos casos y no todos los rasgos son iguales. Varían en mil gradaciones diferentes que impiden ver el panorama general.

Pero sí pienso en la realidad de dos formas de pensar distintas que separan a las generaciones y que tienen ese contraste entre lo poroso y lo obstruido. Entre la sutileza de unos y la necesidad de lo explícito en otros.

La terrible vulgaridad de programas de televisión es una muestra de esta diferencia. Del humor que podía ser atrevido pero era sutil, se ha pasado a lo expreso y obvio de una vulgaridad que sólo necesita una mente obstruida.

Otra muestra es lo manifiesto de escenas de sexo en las películas, por no mencionar la zafiedad de tantas estaciones de radio y su música.

Lo que me lleva a concluir en una paradoja. La mente porosa, sutil, es menor propensa a ser engañada. Está más abierta que la mente tapada, es menos crédula. La mente obstruida es más fácil de manipular, más sujeta a ser víctima de políticos sin escrúpulos. Se pone más fácil en venta, está más dispuesta a renunciar a principios si se le promete una vida cómoda.

Post Scriptum

Quizá sea el rasgo más distintivo entre las dos mentalidades, el de su comprensión de la verdad. La mente porosa, abierta, está mucho más inclinada a aceptar una verdad real y objetiva que la mente tapada, cerrada, que se inclina más por la verdad subjetiva y personal.

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