Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Robar a Pablo, Darle a Pedro
Selección de ContraPeso.info
19 noviembre 2014
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Dylan Pahman. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es Let’s Get Back to Robbing Peter: The Welfare State and Demographic Decline.

El economista alemán Wilhelm Röpke, al comentar sobre la expansión de los estados europeos de bienestar en 1958, escribió: “Dejar que otro pague la cuenta es en realidad la característica general del estado de bienestar y, examinada más de cerca, su misma esencia”.

Mientras que él no discutió que, por eso, dicha ayuda estatal deba ser suspendida en todos los casos, sí puso la cuestión en términos sobrios: “[e]l estado de bienestar es un mal igual a todas y cada una de las restricciones de la libertad. La única cuestión sobre la que las opiniones pueden aún diferir es si, y en qué medida, se trata de un mal necesario”.

En el interés de mantener esa misma sobriedad de análisis, creo que el panorama es hoy mucho más sombrío.

Röpke, en el título para el ensayo citado, caracteriza al estado del bienestar como “robarle a Pedro para pagarle a Pablo”. Pero los santos Pedro y Pablo fueron contemporáneos. ¡Si sólo se tratara simplemente de robarle a nuestros compañeros!

Entonces podríamos tener un animado debate con respecto a “si, y en qué medida” tal robo es “un mal necesario”. En cambio, son nuestros hijos y nietos los que tienen que “pagar la factura”. Sin embargo, en nuestro curso actual, cuando llegue el momento a pagar, habrá mucho menos bienestar a su disposición.

En un ensayo reciente en First Things, Stephen Phelan examina una tendencia negativa de las economías modernas infravalorada por Röpke: la disminución de la población. Informa Phelan que en el mundo de hoy,

“… las economías más dinámicas parecen ser las que se benefician de una población grande o altas tasas de fecundidad, incluso mientras estalla la deuda del mundo desarrollado en un esfuerzo para mantener un nivel de vida que es sólo aparentemente sostenible mediante préstamos de nuestros niños —los niños que muchas de estas naciones se niegan a tener”.

Señala que el aumento de los niveles de vida en varios países africanos coincide con altas tasas de natalidad en estos mismos países. El objetivo de Phelan es contrarrestar a los propagadores del control de la población, tales como la Fundación Bill y Melinda Gates, que afirman que más niños sólo mantendrán a los países al margen del progreso económico.

Convencer a las ONGs de que sus políticas maltusianas están haciendo más daño que bien puede ser bastante difícil. Es más difícil todavía convencer a los jóvenes, educados, y en gran medida endeudados, de los países desarrollados, que tienen que tener más hijos para pagar los beneficios que pueden ellos no ser capaces de pagar cuando los necesiten. Se ha vuelto cada vez más difícil convencerlos incluso de casarse.

A la luz de esto, algunos culpan a la generación del milenio, y tal vez eso no es siempre inmerecido. Pero tal sentimiento podría fácilmente ser visto como culpar a las víctimas. Educaciones devaluadas, alta deuda y alto subempleo constituyen la herencia que han recibido. Es comprensible un poco de pesimismo sobre sus perspectivas futuras.

Como parte de esa generación, yo mismo, estoy haciendo mi parte, supongo (aunque apenas pienso en ello en términos económicos tan estériles). Mi esposa y yo tenemos un niño, y tenemos la intención de tener más si es posible. Pero, ¿qué herencia recibirá mi hijo?

Con el fin de pagar la asistencia estatal de hoy, estamos gastando efectivamente, por medio de la deuda, los futuros dólares de impuestos de mi hijo de dos años, y a una tasa insostenible.

Considere, por ejemplo, las proyecciones de 2014  de la Congressional Budget Office (CBO) del pasado julio. Bajo la ley actual, después de 2018,

“Las presiones derivadas de una población que envejece, el aumento de los costos de atención de salud, y una expansión de los subsidios federales para el seguro de salud, causarían un aumento del gasto en relación al PIB de algunos de los más grandes programas federales”.

¿Las consecuencias?

• “[Un] más pequeño acervo de capital y menor producción e ingreso de los que de otro modo no existirían, todo lo demás siendo igual.

• ”El gasto federal en los pagos de intereses se elevaría, por lo que requerirían mayores impuestos, menor gasto en prestaciones y servicios, o ambos, para alcanzar cualquier meta elegida de déficit presupuestario y de deuda.

• ”La gran cantidad de deuda restringiría la capacidad de los creadores de políticas al utilizar las políticas fiscales y de gasto para responder a desafíos inesperados, como crisis económicas o crisis financieras. Como resultado, esos desafíos tenderían a tener efectos negativos más grandes en la economía y en el bienestar de las personas, que de otra manera no se tendrían. La gran cantidad de la deuda también podría poner en peligro a la seguridad nacional al restringir el gasto de defensa en tiempos de crisis internacionales o mediante la limitación de la capacidad del país para prepararse para tal crisis”.

Por lo tanto, lo que tenemos que esperar, en nuestro curso actual, es menos recursos, mayores impuestos o menos gasto (o ambos), e inestabilidad económica general, lo que conlleva riesgos para la seguridad nacional, entre otros.

Pero este último punto no es nada que preocupe, ¿verdad? No es como si, sólo un mes antes  de la publicación de este informe de la CBO, una red de extremistas religiosos brutales haya conquistado la mitad de Irak y Siria. Excepto, por supuesto, que eso es exactamente lo que ha sucedido.

Estos eventos fueron probablemente demasiado recientes como para tenerse en cuenta en el informe, y fue mucho antes de que el presidente, por su propia admisión, tuviera algún tipo de estrategia para hacer frente a esta creciente amenaza. Hoy en día, sólo meses más tarde, la probabilidad de “gasto de defensa en tiempos de crisis internacional” se ha vuelto mucho más pronunciada.

¿Debemos seguir en todo caso utilizando cada vez más los recursos de nuestros hijos en los beneficios que de manera realista no estarán tan ampliamente disponibles para ellos?

Me encantaría estar registrado en un expediente diciendo que “robarle a Pedro para pagarle a Pablo” ha sido a menudo un “mal necesario”, preferible a las proyecciones de las alternativas reales (por ejemplo, dejar a Pablo sufrir y morir donde la asistencia privada no existe).

Los ancianos verdaderamente aislados, sin nadie con medios para apoyarlos deben ser capaces de recurrir a algún tipo de apoyo público, como parte de nuestro contrato social. Lo mismo ocurre con las personas con discapacidad, enfermos crónicos y enfermos mentales.

Pero no podemos tenerlo todo, no por mucho tiempo, no a nuestro ritmo actual, y no cuando la acción militar en el extranjero, cualquiera que sea la propia visión de ella, es ahora, una vez más, un accesorio de un futuro previsible.

Dicho esto, como he argumentado en el pasado, no somos hoy ni impotentes ni carecemos de esperanza. Podemos ahora sacrificar prudentemente, reduciendo las ineficiencias presentes durante estos próximos años en los que nuestra economía puede incluso seguir mejorando.

Entonces tendríamos algo mejor que dejar a nuestros hijos que la factura de nuestro bienestar. Antes, incluso, aún podemos tener la discusión a a la que Röpke llamó hace más de cincuenta años, necesitamos y debemos volver a simplemente “robarle a Pedro” en lugar de también a nuestros hijos e hijas.

Nota del Editor

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