Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Soluciones Universales: Utopías
Eduardo García Gaspar
12 marzo 2014
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un asunto de ambición. De exceso. De avidez desmedida. androjo

Son sueños imposibles, promesas irrealizables. Se trata de la venta de utopías.

Y es una práctica común en la política. Un rasgo de demasiados gobernantes.

Es el fenómeno de la solución universal poseída por una persona o grupo de ellas, y que de implantarse producirían un mundo sin problemas.

Es, en verdad, la oferta política de utopías. Pocos gobernantes dejan de ofrecerla al electorado.

El asunto funciona así.

Primero, se seleccionan problemas y luego se popularizan haciéndolos llegar a límites extremos que merecen una pronta atención del gobierno. Usted escoja: desigualdad, pobreza, delincuencia, ignorancia, contaminación y otros más.

Segundo, se moralizan esos problemas, dándoles una carga ética sustancial, que lleva a concluir que ellos deben ser atendidos de inmediato.

Tercero, los problemas se adjudican al gobierno, la única autoridad que puede resolverlos con un imperativo moral urgente. La solución de esos problemas significará un mundo perfecto o casi.

Y es así que se produce la venta de soluciones universales, como la promoción de una lista creciente de derechos en la ONU y similares, que los gobiernos acatan e implantan hasta donde pueden.

El resultado neto es la promesa de un mundo ideal por medio de la actuación gubernamental. Gracias a los milagros prometidos por los gobiernos, tendremos una sociedad perfecta.

En mayor o menor medida esto sucede en todas partes. El régimen cubano es un ejemplo aún existente de una versión extrema, la del paraíso socialista. Eso mismo sucedió en China con Mao. Igual con Pol Pot.

Las democracias no están exentas de esta venta de la solución universal. Europa padece esto en la forma de estados de bienestar. EEUU puede estar ya en esa dirección. México, por supuesto.

La mejor vida que podemos tener es la que nos otorgará la implantación de medidas estatales que buscan mejorar al mundo y llegar al ideal. A la sociedad ideas por la vía estatal.

¿Qué pensar de lo anterior? No hay nada malo en querer mejorar nuestra vida y la del resto, pero de esto a creer que es el gobierno el responsable único de lograrlo, hay un brinco demasiado largo.

De la buena intención de mejorar el mundo es ilógico concluir que eso es una exclusividad estatal.

Resulta, además, demasiado ambicioso. Que alguien piense que posee la solución universal a los problemas del mundo y que pida tener el poder para implantarlos, es algo muy dudoso. Sería ingenuo creerlo.

La condición de dar el poder a cambio de una solución utópica sería imprudente. La experiencia soviética, por mencionar un caso, debería producir sospecha al menos de promesas de ese tipo. La solución universal utópica bolivariana es caso notabilísimo.

Porque, además, la lista de problemas es selectiva, no incluye todos y, peor aún, suelen estar mal planeados y no prevén efectos no intencionales. En este mundo, es inevitable que una solución produzca más efectos que los previstos.

Pero quizá lo más notable de esas promesas universales ofrecidas en la política, es un aspecto poco visto. Para implantarse ellas necesitan una modificación en la naturaleza humana, incluso a veces, pidiendo un nuevo hombre distinto y mejorado.

Estas soluciones universales para lograr sociedades justas e ideales me ponen los pelos de punta. Generalmente acaban en totalitarismo que fracasa. Y es que, la verdad, no puede cambiarse a la naturaleza humana según los deseos de un gobernante.

Pero eso es lo que piden las soluciones universales para sociedades perfectas, cambiar a la persona, según el molde diseñado por otro. Veamos esto bajo otra perspectiva.

Aunque no sea usted religioso, la comparación es útil.

Dentro del Cristianismo, la persona es imperfecta y, no hay remedio, este mundo será imperfecto. Siempre habrá problemas. Nunca tendremos aquí un paraíso.

Intentarlo sería, para el Cristianismo, una acción indebida al pretender sustituir a Dios. Una falta ocasionada por el orgullo y la soberbia.

Esta explicación de nuestro mundo tiene más realismo que la venta de soluciones universales, que prometen perfección a cambio de ceder libertades, creyendo que pueden hacernos perfectos.

Por más soluciones universales que se creen y desarrollen, sea por la ONU, grupos de expertos en sexología, partidarios de una escuela de economía, asociaciones feministas, partidos políticos, o expertos en medio ambiente, no podrán ellas cambiar a nuestra naturaleza imperfecta.

Y al no poderlo hacer quedan vacías las promesas de mundos mejorados, sin problemas, en los que ya no hay injusticia y todos viven en armonía.

Para entendernos, esas soluciones universales son al final de cuentas, el creer que puede importarse del Cielo a la Tierra.

Las ansias legítimas y buenas de mejorar nuestra vida y la de otros no debe hacernos llegar a creer que la perfección es posible, mucho menos si de ello se encargan los gobernantes.

Post Scriptum

Para más ideas sobre el tema, ContraPeso.info: Utopías.

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