Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Uno o Dos Elementos
Eduardo García Gaspar
23 abril 2014
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Son ideas que se quedan. Toman formas sencillas. androjo

Fueron expuestas de muchas maneras. Se basaron en experiencias, en observaciones y en sentido común.

Las asimilamos sin preocuparnos mucho de su origen.

Por ejemplo, mi caso particular. De viejas lecturas y estudios de hace mucho, quedaron ideas cuyos autores apenas recuerdo en detalle.

Puedo mencionar a Santo Tomas de Aquino (1224-1274), uno menos conocido, Juan de Salisbury (1115?-1180). El resto, olvidados.

Una de ellas ha mostrado una poderosa. Tiene sentido y se entiende fácil. Es la que afirma algo sobre nosotros: combinamos en nuestra esencia dos principios, elementos, facetas, o como usted les quiera llamar.

Uno es el físico, el otro es el espiritual. Tangible uno, inmaterial el otro.

Aceptemos esto de momento. ¿Qué significa ser la combinación de esos elementos? Seguramente tratamientos distintos, autoridades diferentes.

Dando unos pocos pasos más, llegamos a los conceptos del poder temporal y del poder espiritual. La misma idea general implícita en San Agustín (354-430): una ciudad humana y una sociedad divina, la Civitas Dei.

¿Aburrido el asunto? Por supuesto, todas las ideas que alteran nuestra vida, las de real fondo, lo parecen.

Producen una reacción muy actual, la de desechar todo lo que no parezca tener una utilidad inmediata. Quizá menos de la mitad de las personas que empezaron a leer esta columna hayan llegado a este punto.

Esa idea de los dos elementos humanos y de algunas de las personas que la expresaron y desarrollaron, es un buen ejemplo de las cosas que alteran la vida de gente que vivió en los siguientes siglos, y sí, de gente que ahora mismo vive una vida afectada por ideas como ésta.

Ilustremos esto con sencillez. Hay dos posibilidades simples.

Una, usted cree que efectivamente los humanos tenemos esos dos elementos, uno físico y otro espiritual. Otra, usted no cree que los humanos tengamos esos dos elementos, que solo tenemos el físico (que es el obvio y comprobable).

Dependiendo de sus creencias, usted actuará y pensará de manera diferente. Resulta un buen ejercicio examinar las consecuencias de cada posibilidad, y que son cuantiosas.

Una de ellas solo como ejemplo: el marxismo es congruente con la idea de que no hay un elemento espiritual y, más aún, ese elemento podrá calificarse de engaño (“opio” en el lenguaje marxista).

Si usted, por el contrario, piensa que sí efectivamente tenemos un elemento espiritual, el marxismo no le resultará atractivo. Quizá incluso tenga creencias religiosas.

Una forma de expresar lo anterior es concluir que las ideas tienen consecuencias en nuestras creencias más inmediatas y en nuestras opiniones de lo que vemos alrededor.

Otra consecuencia de esas dos posibilidades, con un gran impacto en la vida política: la centralización o descentralización del poder del gobierno.

Pensando en tener también un elemento intangible, espiritual, podrá justificarse la existencia de principios morales absolutos, que deben ser respetados por la ley y el gobierno.

Pero si solamente se piensa que existe un elemento físico, los principios morales deben encontrar un fundamento de igual naturaleza: a todo lo que pueden aspirar como felicidad humana es a la felicidad física.

Con la otra posibilidad se aspiraría a la felicidad moral. Dos cosas muy distintas.

Es pensando en la sola existencia de lo físico que resulta muy lógica la frase de nuestros tiempos, “If it feels good do it”. Incluso una canción añade “incluso si no debieras”.

Perfectamente adecuado a la noción de que solo somos materia física.

Bajo ese supuesto, sucederían varias cosas. Entre ellas, la política gubernamental sería la responsable de la felicidad y ella consistiría en un logro máximo de sensaciones agradables y una reducción máxima de deberes y responsabilidades.

Bajo el supuesto otro, el de la existencia de un elemento espiritual, se tendría un contrapeso a la autoridad gubernamental, el de una moral congruente con lo espiritual, al que tendría que ajustarse.

Más aún, el bien espiritual prevalecería y con eso, sería aceptable y loable aceptar actos elevados, que incluso significaran un sacrificio físico. Este sería el mundo de los deberes y las virtudes, muy diferente al de “si sientes placer, hazlo”.

¿Quien tiene razón? Difícil demostrarlo de manera contundente para todos.

Tan solo podemos pesar en la realidad que cada una de esas posibilidades crearía. No sé usted, pero yo prefiero la vida que se desarrollaría creyendo que los humanos tenemos también un elemento espiritual, intangible, superior, trascendente.

No sería una vida perfecta y feliz. Habría guerras, luchas, engaños y violencia. Pero al menos tendríamos abundancia de acciones buenas que aspiran a la felicidad espiritual y eso es ya una ganancia.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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