Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Desigualdad Injusta?
Eduardo García Gaspar
6 abril 2015
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es como una ley física. Como un principio matemático. androjo

No hay político que no hable de igualdad.

Y no hay discurso sobre la igualdad que no tenga aprobación.

El resultado es una política pública con monomanía igualitaria.

Quizá producto de la exaltación irrestricta de la democracia, tal monomanía igualitaria hace llegar a pensar que lo que sea desigual es inmoral, que lo diferente es indebido. Que lo distinto sea causa suficiente como para merecer la atención del gobernante monomaniaco.

Es condición de toda monomanía hacer caso omiso de lo que no sea objeto de su atención. La inocencia de quien pregunta si efectivamente la desigualdad es injusta es inaceptable. Un insulto a la monomanía convertida en moral de un solo mandamiento, el igualar a todos.

Sin embargo, es fascinante hacer la pregunta. ¿Es la desigualdad injusta?

La respuesta puede ser la opuesta de la que sostiene el monomaniaco. La desigualdad puede en realidad ser algo de gran justicia. Tome usted a las calificaciones escolares como ejemplo de desigualdad justa.

O, más abstracto, tome usted a la simple idea del merecimiento. El mejor trabajador recibirá más sin que eso sea injusto, al contrario. Piense en las recompensas del esforzado y compare contra el perezoso. O considere las ventajas del jugador hábil de futbol contra quien es torpe.

Es de simple sentido común el aceptar desigualdades y verlas como justas y debidas. Tome usted a una familia común y verá que no es el reino de la igualdad. No lo puede ser. Hay jerarquías, hay desigualdades y ello no es necesariamente indebido.

O vaya usted a la curiosa situación del gobernante que padece la monomanía igualitaria. La única posible manera de hacer a todos iguales, o siquiera similares, es siendo él desigual al resto. Tendrá que tener más poder para lograr su meta.

La cosa va más allá. Me parece que la jerarquía, es decir, la desigualdad, es más natural al ser humano que la igualdad.

Nuestras sociedades son jerárquicas por necesidad de funcionamiento, siendo los gobernantes quienes suelen ocupar las posiciones más altas (un fenómeno llamativo para quien se obsesiona con la igualdad).

Las estructuras militares, las empresas grandes y pequeñas, las organizaciones, clubes y asociaciones, todas ellas tienen un buen ingrediente de desigualdad jerárquica y suelen funcionar bien. Hasta a puede decirse que la desigualdad es necesaria en una sociedad que funcione.

Y una sociedad que funcione razonablemente bien puede solamente tener una regla de igualdad, la ser iguales ante la ley. Fuera de eso, la igualdad tiene que ser impuesta por alguien que es forzosamente desigual al resto.

O piense en la monomanía igualitaria y véase a sí mismo y a sus amigos. No hay igualdad entre ellos. Unos son más amigos, otros menos, otros simples conocidos. Usted trata bien a todos, pero a algunos con mayor intimidad.

Más aún, considere usted esta idea, bien explicada en esta cita:

“La fraternidad dirige la atención a otros, la desigualdad a uno mismo; y la pasión por la igualdad es simultánea al crecimiento del egoísmo”.

Cuando las personas se obsesionan con la igualdad entre sí, su atención se colocará en quienes se piensa que tienen más, sea o no cierto, y se ampliará su resentimiento. Crecerá su envidia. Esta es la sociedad que creará el gobernante monomaniaco.

Una sociedad en la que todos estén pendientes de que el otro no tenga más que uno, lo que producirá una sociedad atomizada, individualista, en la que todos desconfían de todos. Más aún, será una sociedad ignorante, en la que saber más resulta un insulto a la igualdad.

Tome usted la moda de ya tiempo en universidades, donde el papel del profesor es incompatible con la monomanía igualitaria y eso ha producido la iniciativa de convertir a las clases en foros de discusión democrática en los que el profesor no puede imponer su conocimiento.

No he dicho que la igualdad debe dejar de ser atendida. Lo que he dicho es que cuando ella se vuelve una monomanía se deja de pensar en otras ideas igualmente importantes, como la justicia, el merecimiento, la prudencia.

Post Scriptum

La cita es de Weaver, R. M. Ideas Have Consequences: Expanded Edition (1948-2013). University Of Chicago Press. y su influencia en la columna es obvia.

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