Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Incomodidad Empresarial
Eduardo García Gaspar
30 agosto 2016
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las empresas quieren un gobierno pequeño y limitado. Eso suele pensarse. Se repite con frecuencia.

Se cree que las empresas, especialmente las grandes, prefieren tener una economía muy libre, con poca o nula intervención económica. ¿Es cierto esto?

Es verdad en el sentido de que existe esa opinión. Pero queda la pregunta de si tal opinión está de acuerdo con los hechos. Examinemos este clisé tan común.

La creencia es directa: las empresas grandes, se dice, prefieren operar en una economía abierta y poco regulada y, por eso, apoyan a gobiernos reducidos y poco o nada interventores. ¿Es verdad eso?

No necesariamente. La razón es simple. Los mercados abiertos y libres significan una elevación sustancial de la competencia y eso produce gran presión sobre las empresas de todo tamaño.

En una economía libre, las empresas grandes enfrentan a otras de igual tamaño, pero también a las pequeñas que les representan innovaciones amenazantes.

La vida de las empresas grandes, dentro de una economía libre, no es precisamente cómoda. Están bajo presión cotidiana y obligadas a cuidar costos, productividad, innovación, calidad, organización. El sector tecnológico es un buen ejemplo de esto.

Por consecuencia, eso de que las empresas grandes son eternas defensoras de la libre competencia y enemigas del intervencionismo económico, es inexacto. Porque, además, piense en esto: el intervencionismo económico produce situaciones que aumentan la comodidad de las empresas grandes y le reducen la presión de la competencia.

Un ejemplo muy claro. Un sistema de economía libre aceptaría el comercio libre, es decir, las importaciones de productos que compiten contra los producidos en el país por las empresas grandes. Sería mucho más cómodo para ellas tener a un gobierno que impidiera importaciones, bajo cualquier pretexto, quitándoles presión competitiva de precios, calidad e innovación.

La intervención económica gubernamental, en otras palabras, puede ser una buena herramienta para hacerle la vida cómoda a las grandes empresas. Mucho más cómoda que la azarosa vida bajo un régimen de competencia libre.

La situación se extiende y amplía hasta la amistad, como ha sido dicho:

«El intervencionismo económico genera empresarios amigos del poder, no de los consumidores».

Tanto así, que crea un sistema económico que ha recibido un nombre, capitalismo de amigos.

Claro que de capitalismo no tiene nada, pero muestra una modalidad de asociación indeseable por medio de la que las empresas ejercen influencia en el gobierno y este decreta medidas que hacen más cómoda la existencia de esas empresas.

Y puede llegar a extremos en los que la autoridad entrega empresas a amigos del régimen, como sucedió en Argentina, con consecuencias:

«El empresariado prebendario que se desarrolla bajo el imperio de estas prácticas adquiere vicios difíciles de desarraigar. En vez de estar atentos a las demandas de sus clientes y usuarios, los responsables de las compañías se vuelven más perceptivos a las expectativas y necesidades de los funcionarios, ya que son ellos, y no el mercado, quienes les asignan su porción de riqueza. El mérito es sustituido por los contactos y el emprendedor se transforma en lobbista».

Entonces, podemos concluir algo razonable: creer que las grandes empresas son grandes partidarias de la economía capitalista de libre mercado es al menos una exageración. Dadas las alternativas, muchas de ellas optan por preferir al intervencionismo económico.

Y esto nos lleva al terreno de los efectos no intencionales.

El intervencionismo económico se justifica a sí mismo por el supuesto bien que produce y, sin embargo, crea una oportunidad de negocio bienvenida por muchos, la anulación de la competencia y sus presiones para sobrevivir.

El intervencionismo toma distintas formas, como subsidios, permisos, privilegios fiscales, prohibiciones, regulaciones, licencias, préstamos (bien ejemplificados en los préstamos a Solyndra en los EEUU).

Todas esas formas, aprovechadas por las empresas, son oportunidades de negocios cómodos sin presión competitiva. Esto tiene otro nombre, búsqueda de rentas: el ingreso extra logrado gracias a la situación creada por la intervención estatal.

En fin, creo haber probado que la creencia de que las grandes empresas son amigas de los mercados libres y enemigas del intervencionismo económico, es al menos inexacta y muy posiblemente falsa. Otro clisé más de los tantos que andas rondando por el mundo.

Post Scriptum

Existe un índice de ese ese capitalismo de amigos .

Los primeros lugares, como mayor proporción de ese capitalismo en relación a su PIB: Rusia, Malasia, Ucrania, Singapur, Filipinas, México, Argentina. Los de menor: Alemania, Corea del Sur, Japón, Francia, EEUU.

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