Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Solo Con la Razón
Eduardo García Gaspar
26 enero 2016
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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La rivalidad es conocida. Es el choque de dos mentalidades.

No, mejor de dos creencias. Dos posiciones intelectuales que tienen entre sí una apariencia obvia.

Una cree en la existencia de Dios. La otra cree en la no existencia de Dios.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es ver al ateísmo en su realidad. Su apariencia es obvia, negar que Dios existe. Es correcto decir eso, pero hay algo que falta.

No creer en Dios acarrea sin remedio una creencia contraria más integral que la de no creer en Dios.

No creer en Dios es una posición negativa incompleta. Contiene por necesidad una creencia positiva, la de creer en algo. ¿En qué? No creo equivocarme diciendo que al ateísmo necesariamente tiene otras creencias.

Cree, como dice Charles Taylor, en «la razón, el escepticismo, el intelecto, la prueba empírica, la autonomía humana, la autodeterminación». Taylor usa el verbo adorar para describir esas creencias del ateísmo. Es decir, unos adoran a Dios, otros adoran esas cosas.

Lo anterior va contra lo comúnmente creído. Usualmente el ateísmo es definido con simplicidad: «Negación de la existencia de Dios». O bien, como:

«Ateísmo es la condición de aquellos que no creen en Dios. El ateo, por lo tanto, es una persona que descree de cualquier tipo de divinidad o de entidad sobrenatural. Puede decirse que el ateísmo es lo contrario al teísmo, la doctrina de los que sostienen la existencia de una o más divinidades».

Muy bien, eso es describir una posición negativa, de no creencia, descreer. Algo bien ilustrado en esto:

«Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez [sic] inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente»

Entendido y claro, pero incompleto. Descreer en algo requiere creer en un sustituto de lo descreído. No hay remedio, debe creerse en algo que llene el espacio vacío que eso deja,

El vacío se llena con lo que apunté al principio, la creencia única en la razón, la prueba empírica, la autopropiedad humana. O como lo expresa la cita anterior, nada que carezca de «sustento lógico, demostrable, científico ni coherente».

Puede verse ahora el choque real y que va más allá de ser una creencia contra una no creencia. El choque real es el de formas de demostración de la existencia de Dios.

Concretamente, la imposibilidad de que por medios científicos se pruebe la existencia de Dios. Esto es lo que está en el fondo del choque de las dos creencias. Nada más eso.

Ahora el choque queda más claro. El ateísmo, por no poder demostrar la existencia de lo sobrenatural, afirma que no existe. La posición es débil y podría criticarse con facilidad: los medios usados para probar la existencia de Dios son los inadecuados, no sirven para eso. Sirven y tienen gran utilidad en otras cosas, pero no para probar ni para negar eso.

Lo anterior no es un argumento religioso, es uno de simple sentido común.

No puede probarse ni la existencia ni la no existencia de lo sobrenatural por medio de microscopios, ni por medio de experimentos. No son métodos destinados a ese tipo de demostraciones.

Solo queda un medio posible, el de la razón. ¿Puede la razón probar o negar la existencia de Dios?

Santo Tomás de Aquino lo intentó con sus célebres pruebas. Y más aún, el creyente alegaría que hay un testimonio histórico real en los Evangelios.

Por su lado, el ateo ataca esas demostraciones y esos textos. La única discusión posible entre religiosos y creyentes es una que solo puede emplear a la razón. La razón es lo único que tienen en común ambos (o al menos algunos de ellos).

Esto coloca a su choque de ideas en un plano netamente filosófico, de razonamientos y pruebas abstractos.

El creyente tendría que usar solamente el método que acepta el ateo, el de la razón, lo que le impediría usar otros métodos que para el creyente son centrales. No podría usar nada que fuese espiritual, ni sobrenatural, ni eso que puede llamarse experiencias espirituales.

En fin, todo lo que quise hacer es colocar a la discusión entre ateos y creyentes en un terreno común para ambos, la razón. Quizá eso pueda elevar la calidad de la discusión más allá de las caricaturas infantiles al estilo de la revista Charlie Hebdo, y que ensucian el tema.

Post Scriptum

En Esa Curiosa Prueba hay un tema para el lector interesado.

El argumento ontológico de san Anselmo es otra demostración, muy curiosa, usando solo la razón.

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