Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Gobierno Mundial
Eduardo García Gaspar
6 julio 2016
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
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No es nueva la idea. recientemente, sin embargo, surgió de nuevo.

Es la propuesta de un «gobierno mundial». Una autoridad global o algo por el estilo. Hace poco se reportó:

«El Vaticano aboga por un gobierno mundial para regular economía en crisis. El Vaticano propuso el establecimiento de un gobierno mundial capaz de coordinar acciones políticas consensuadas como alternativa para estabilizar la economía, en plena crisis a causa de los excesos del neoliberalismo» Univision

La idea, como dije, existe y ha sido propuesta, por ejemplo antes en 2015:

«El multimillonario Bill Gates aboga por la creación de “una especie de Gobierno mundial”, argumentando que la creación de un sistema de este tipo resulta imprescindible para combatir los problemas más importantes, “como el cambio climático”. Actualidad

En alguno de sus libros, Mortimer Adler (1902-2001), el filósofo estadounidense propone eso mismo.

¿Qué es al final de cuentas un gobierno mundial?

No es complicado de decir: una autoridad política global, para todos en todas partes. Un gobierno único para el planeta. Algo parecido a la Unión Europea, pero sin los gobiernos nacionales actuales. La idea tiene sus antecedentes fascinantes.

Ellos son los intereses de dominio de los gobernantes. Las guerras de conquista que dominan territorios y habitantes añadiéndolos bajo el gobierno actual. Se tienen ahora facetas de eso: la ONU, el Banco Mundial, la Corte Internacional de Justicia. O, recuerde usted, la ambición soviética de dominar al mundo.

Ahora la pregunta que es la obligada. ¿Para qué? Me refiero a la razón o serie de ellas por las que se busca justificar la existencia de un gobierno mundial. ¿Este es el remedio y la solución de qué? Hay una respuesta general.

Para resolver problemas mundiales o globales. Por ejemplo, evitar la guerra entre naciones (algo a lo que I. Kant se dedicó en parte); o resolver problemas de refugiados, de crisis económicas, de cambios climáticos, de totalitarismos, de pobreza. Nuestra sociedad no es perfecta así que los problemas son abundantes.

Hemos llegado a algo concreto. La propuesta de un gobierno mundial es justificada como la solución de uno o más problemas mundiales. Esto tiene alguna lógica, pero me temo que no sea mucha.

Por ejemplo, dudo que exista una evidencia contundente para demostrar que los gobiernos nacionales tenga un historial consistente de buena solución de problemas, la suficiente como para justificar que se convierta en un remedio razonablemente garantizado.

Ese gobierno mundial, como los gobiernos nacionales, estaría formado por seres imperfectos. Incluso en organismos mundiales ahora mismo tenemos problemas de corrupción, por ejemplo en la ONU; en el Banco Mundial.

Es decir, ese gobierno global no estaría formado por seres perfectos, sino por los que ya conocemos. Lo que me lleva a pensar en otra dificultad, la remota posibilidad de pedir la renuncia a personajes como V. Putin, a Ortega en Nicaragua, a Correa en Ecuador, a los Castro en Cuba y a otros. Tengo la ligera sospecha de que no aceptarán.

Piense usted en la posibilidad de que los hombres fuertes de ciertos países se retiren del poder, por ejemplo en Angola, Burundi, China, Irán, Uzbekistán, o Zimbabue. Algo me dice que no lo haría ni siquiera Hollande en Francia.

Y, por supuesto, quedan los detalles, eso que tanto molesta a los proponentes de grandes utopías. Hay que definir una constitución, elegir legisladores, determinar al poder ejecutivo, emitir leyes y crear tribunales. Incluso tener elecciones periódicas (las giras electorales serían geniales).

Esta propuesta, como muchas otras, pertenece al género de la utopía abstracta que encuentra soluciones universales en un solo ingrediente, el crecimiento gubernamental. Nada existe que, al parecer, no pueda ser resuelto por medio de la ampliación de funciones estatales; en este caso su escalamiento mundial sin garantía razonable de éxito.

No se trata de negar la gran intención de prevenir conflictos militares, por ejemplo. Tampoco de tener organismos internacionales, pero sí se trata de reducir una expectativa alocada.

Con una consideración de actualidad: ¿Qué pasa con la posibilidad de que una nación vote por salirse de la jurisdicción de ese gobierno? Algo como el Brexit.

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