Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Apurada Mayoría
Leonardo Girondella Mora
12 junio 2017
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
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¿Puede haber siempre mayoría? Hablo de mayorías en sistemas legislativos, en cámaras de legisladores —y la respuesta es negativa.

No puede suponerse que siempre se encontrará una mayoría de tal monto que lo así decidido sea casi incuestionable. Un caso vital es el de elecciones para presidente en el que el elegido tiene menos de la mitad de los votos.

Por ejemplo, el actual presidente en México obtuvo 38.21% de los votos —lo que confirma la paradoja de que realmente la mayoría, más del 60% no lo querían de presidente.

En las cámaras legislativas sucede algo similar. Los representantes, diputados y senadores, tienen la función de llegar a acuerdos que logren mayorías. La clave del asunto está en la palabra ‘lograr’.

Esos legisladores pueden estar de acuerdo en algunas cosas y en ellas puede o no existir mayoría. En está situación no hay necesidad de ‘lograr’ porque ya está dada, existe de antemano —pero no es este el caso típico.

En la casi totalidad de los casos la mayoría que está de acuerdo en algo no existe. Ella tiene que fabricarse, una tarea en la que existen negociaciones entre esos representantes, pero también entre los partidos a los que pertenecen.

Las cosas son realmente enredadas y, lo peor, suponen una cualidad de «oposición leal» que manda a adoptar posiciones flexibles que consideren el bien general —una entidad demasiado vaga y sujeta a tantas interpretaciones que llega a ser estéril.

Otro ingrediente que complica las cosas es el número de alternativas que se presentan ante quien debe votar. Dos alternativas para presidente, pueden ser escasas para muchos, pero facilitan el encuentro de mayorías, así sean por escaso margen —como recientemente en Francia.

En las elecciones presidenciales en México, en 2012, hubo cuatro candidatos, lo que alguien considerará mejor que tener dos solamente, pero ninguno de ellos logró una mayoría que tenga ese significado real.

En las votaciones legislativas, las opciones ante los representantes son más numerosas, quizá infinitas en muchos casos —algo que hace que la mayoría sea un concepto frágil, incluso a pesar de lograrse.

Una posibilidad para especular: uno de los candidatos a la presidencia mexicana, en 2018, ha presentado una plataforma electoral socialista, con manejo estatal de la economía. Esto complicará las cosas aún más que en un sistema de libres mercados.

Las alternativas que se presentarían ante los legisladores serían agotadoras: cada legislador tiene una combinación diferente de alternativas para el manejo económico —desde las alternativas de mercados libres hasta las de un manejo estatizado de la economía.

Una de sus medidas propuestas, por ejemplo, pide entre entre muchas otras cosas, la sustitución con producción nacional de madera de importación. Las formas de lograrlo son muy numerosas y entre ellas se deberá seleccionar la combinación que logre mayoría —comenzando por la de dejar libres las importaciones.

¿Votar cada opción por separado, cada artículo de la ley uno por uno? No tiene sentido, como dice Hayek. El resultado final tendría amplias probabilidades de ser un absurdo que a nadie complazca —aunque técnicamente se entendiera como logro mayoritario.

Más un ingrediente pocas veces considerado, la existencia de efectos imprevistos. La indudable existencia de consecuencias colaterales que sean posibles de prever incrementa el número de alternativas entre las que se busca mayoría —como el costo de oportunidad perdido por causa de la sustitución de madera importada.

Las dificultades para obtener mayorías que realmente tengan ese significado han sido solucionadas por vías alternas que no son óptimas —como la votación de legisladores de acuerdo con sugerencia y orden de su partido, independientemente de la opinión propia de cada legislador.

Lo que he querido hacer es llamar la atención sobre un fenómeno democrático que arroja un cubo de agua fría sobre la imagen idolatrada que ese sistema suele crear en algunas mentes. Hay un optimismo exagerado en afirmaciones como esta:

«[..] la soberanía popular, entendida como la expresión mayoritaria de la voluntad de los gobernados. En otras palabras, poco a poco se impuso el principio según el cual los gobernantes sólo tendrían derecho a serlo porque la mayoría de los gobernados así lo aceptaba» ife.org.mx

Finalmente, de lo anterior puede concluirse algo no siempre comprendido: conforme el número de opciones se multipliquen crecerá la imposibilidad de tener mayorías con significado válido —es decir, la planeación económica central resultará imposible de manejar por la vía del consenso de mayorías y eso será solucionado por la vía del poder: quien lo detente realmente impondrá su voluntad (tratando de dar una apariencia democrática a una decisión de clara minoría).

Addendum

Lo que he escrito puede resumirse en una especie de ley de la política: el número de personas capaces de ponerse de acuerdo en un asunto es inversamente proporcional al número de alternativas y al nivel de detalle que contenga el asunto.

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