Democracia es equilibrio

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Las alabanzas a la democracia son miopes. Tanto halago termina por destruirla. Por convertirla en una herramienta de buena apariencia que disfraza exitosamente a una dictadura.

Si acaso en algún país la democracia fuera confundida con «la voz del pueblo», esa expresión tan desagradable, allí se estaría sembrando la semilla del abusos gubernamentales. La dictadura consecuente estaría disfrazada de democracia.

Resulta una paradoja poco comprendida que quien mejor defiende a la democracia sea también quien apunte sus peligros y defectos. Y que quien la defiende sin condición sea también quien más contribuye a su colapso.

Un autor lo ha expresado con esta sutileza examinando a Montesquieu (1869-1755).

«Montesquieu argumentó que solo un gobierno aristocrático en el modelo inglés podría crear un equilibrio efectivo […] evitando las tendencias despóticas inherentes tanto en la monarquía absoluta como en el gobierno de la gente común». Scruton, Roger. Conservatism: An Invitation to the Great Tradition (Kindle Locations 258-261). St. Martin’s Press. Kindle Edition. 

Quizá esto pueda verse mejor usando la idea de una balanza en equilibrio. Esa balanza es la democracia y se balancea entre dos extremos.

— De un lado tenemos al extremo conocido, el de la monarquía en tiempos de Montesquieu. En los nuestros serían los extremos de gobiernos autoritarios, excedidos, centralistas, presidencialistas, dictaduras y similares. 

Aquí, el desequilibrio es el más conocido y repudiado. Son los regímenes de pérdidas de libertades y de abusos de autoridad. Son los los absolutismos en sus versiones modernas.

—Del otro lado tenemos al extremo desconocido, el de las mismas tendencias despóticas que tienen su origen en un gobierno de la gente común, de la mayoría, del pueblo, la muchedumbre y similares.

Aquí, el desequilibrio del poder es poco reconocido. Incluso, podría ser que muchos se sorprendieran ante esta posibilidad. Y, sin embargo, es otra posibilidad de desequilibrio. «Si la soberanía emana del pueblo, el pueblo debe mandar», razonan muchos.

Eso, interpretado literalmente, desequilibra al poder y lleva a una situación no muy diferente a la del gobierno autoritario. No es algo nuevo precisamente.

«El secreto, Polibio sugirió, descansa en una delicada relación de pesos y contrapesos entre cónsules, el senado y la gente, de manera que ni la monarquía, ni la aristocracia, ni la democracia dominan enteramente». Beard, Mary. 2015. SPQR: A History of Ancient Rome.

Tanto miedo debe tenerse al régimen que da todo el poder a un puñado de personas como al régimen que sigue a ciegas la voluntad del pueblo, como quien dijo:

«[…] nosotros pensamos y sostenemos que en una democracia el pueblo es el que manda, es el pueblo el que decide y que los mexicanos quieren que se les consulte, quieren que se les pregunte y lo mejor para no equivocarnos es preguntar». A.M. López Obrador.

Es el temor a esos dos extremos lo que lleva a entender correctamente a la democracia como equilibrio de poderes. Tanto peca de autoritario quien defiende a regímenes despóticos como peca de ignorante quien defiende al gobierno del pueblo (en realidad de la turba).

Bien vale una segunda opinión reafirmar que la democracia, si quiere ser exitosa, debe ser entendida como equilibrio de poderes. Un régimen político frágil y delicado que vive gracias a un balance fácil de romper por quienes, sobre todo, la confunden con la voluntad popular. 

Esto es lo que llevó a Montesquieu a proponer el sistema bicameral donde la aristocracia impidiera los abusos inevitables de los dos extremos. Y a Tocqueville a tener precaución con impuestos decretados por la voluntad de las mayorías. 

Y una cosa más…

Una información necesaria sobre oclocracia:

«Mientras que, etimológicamente, la democracia es el gobierno del pueblo que con la voluntad general legitima al poder estatal, la oclocracia es el gobierno de la muchedumbre, es decir, “la muchedumbre, masa o gentío es un agente de producción biopolítica que a la hora de abordar asuntos políticos presenta una voluntad viciada, evicciosa, confusa, injuiciosa o irracional, por lo que carece de capacidad de autogobierno y por ende no conserva los requisitos necesarios para ser considerada como ‘pueblo‘”». es.wikipedia.org

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