Tres historias, ¿un cambio? 

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¿Puede cambiar una persona? ¿Puede dar un giro importante en su forma de ser y pensar? El tema ha sido tratado desde hace mucho tiempo.

Primera historia

Tome usted, por ejemplo, a una fábula de Esopo, la que narra una historia con Afrodita y una gata.

Sucedió que una gata después de ver a un hombre apuesto y atractivo, quedó totalmente prendada de él. Tanto era el amor que sentía la gata por el hermoso joven que al saberlo Afrodita se compadeció de la gata.

Quiso Afrodita complacer a la gata y la transformó en una bellísima mujer de la que se enamoró locamente el atractivo hombre. Se casaron y, en la noche de bodas, estando ambos dormidos, Afrodita decidió averiguar si el amor de la gata la había realmente hecho cambiar.

Hizo la prueba Afrodita soltando un ratón dentro de la alcoba. La bella mujer oyó y vio al ratón. Se olvidó de su condición presente, se puso en alerta y comenzó a perseguir al ratón por toda la habitación, hasta comérselo.

Afrodita, decepcionada e indignada, hizo que la hermosa mujer volviera a su antigua condición de gata.

Segunda historia

Un alacrán quería cruzar el río y pidió a una rana que lo llevara en su espalda hasta el otro lado. La rana expresó sus dudas temiendo que fuera picada por el alacrán. Sin embargo, éste le aseguró que no lo haría. Si lo hiciera, pensó la rana, morirían los dos ahogados y eso no convenía al alacrán.

La rana, con el alacrán encima, iba a mitad del río, cuando el alacrán la pico. Ella le reclamó, le dijo que era ilógico, que ambos se ahogarían. El alacrán le contestó:

«Lo siento ranita. No he podido evitarlo. No puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme». cvc.cervantes.es

Tercera historia

Una situación que es parte del folclor urbano, la de la mujer perdidamente enamorada de un hombre al que le reconoce serios defectos. Es jugador, bebe demasiado y es mujeriego. No importa, argumenta ella, y afirma que lo podrá cambiar una vez casados.

Después de muy pocos años, ella lo abandona. No lo ha podido cambiar, sigue siendo el mismo de antes de casarse.

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Estas historias tienen una cierta utilidad en estos momentos en México, cuando se plantea la pregunta de si AMLO ha moderado sus posturas, si ha cambiado, si no sigue siendo el mismo que añora a los años 70 y el corporativismo de ese viejo régimen presidencialista, como lo planteó el WSJ no hace mucho («Mexico’s Presidential Watershed. The country may elect a left-wing populist who says he’s changed. Has he?», 28 junio 2018).

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